Puigdemont, PDeCat y Batlle, ¿cómo queda la batalla por el liderazgo del espacio de Convergència?

Tras el anuncio del expresident de la creación de un nuevo partido, el centroderecha catalán puede fragmentarse en tres nuevos proyectos políticos

El periodo preelectoral en Cataluña ha empezado sin ningún miramiento. Solo Torra y Puigdemont saben cuando serán convocadas las elecciones. La publicación por parte de LA RAZÓN de dos posibles fechas ha provocado una auténtica tormenta. Nadie desmiente las fechas, aunque todos dan su parecer a favor o en contra. Los aludidos trasladan mensajes de qué no se celebrarán ni el 27-S ni el 4-0, pero los movimientos no parecen dar la razón a estos desmentidos. Sin embargo, los que desmienten estas fechas tienen un gran olvido. Si Torra espera a que sea el Supremo quién convoque, Pere Aragonés, candidato de ERC, se convertirá en presidente en funciones. Sin embargo, si Torra convoca en agosto para estas fechas, retendrá la presidencia hasta el final. «No se puede dar la presidencia en funciones al candidato de ERC», apostillan en el entorno de Junts per Catalunya.

PSC y ERC están ultimando sus programas electorales y Miquel Iceta, primer secretario de los socialistas, aconsejó a sus diputados a «no irse demasiado lejos» de vacaciones y a «mantener actividad en el territorio», durante el mes de agosto. La vorágine está en pleno auge en el mundo que hasta hace muy poco era sólo feudo de Puigdemont. El expresidente en el exilio acelera acontecimientos ante la actitud poco sumisa del PDeCAT. Ante la imposibilidad de que la actual dirección del partido, apoyada por más de 130 alcaldes y más de 50 responsables territoriales, ceda a sus pretensiones de disolverse en Junts per Catalunya y ante las dudas de que pueda imponer sus criterios, Puigdemont ha decidido romper amarras, contando con los consellers de JxCAT en el Govern, excepto la consellera de Empresa Àngels Chacón, y con los políticos presos Josep Rull, Jordi Turull y Joaquim Forn, amén de Jordi Sánchez, hoy máximo responsable de la Crida per Catalunya, el último invento de Puigdemont que aparece y desaparece de la política catalana como el Guadiana.

El 25 de julio es el día elegido para fundar su nuevo partido, tal y como anunció públicamente ayer en un comunicado en el que sitúa la independencia como único horizonte de la nueva formación. El texto, firmado por Puigdemont y los presos, además de independientes de JxCat y dirigentes de la Crida, cuenta con destacables ausencias, que pueden ser señal de las diferencias que también empiezan a abrirse hueco en el propio entorno del expresident: entre los firmantes no aparecen ni Quim Torra ni Laura Borràs ni Jordi Puigneró.

El nuevo partido de Puigdemont no podrá llamarse Junts per Catalunya, porque los derechos electorales de esta coalición están en manos de David Bonvehí, presidente del PDeCAT. Junts per Catalunya es una coalición electoral entre el propio PDeCAT y, importante dato, Convergència Democràtica. Por tanto, Puigdemont aprieta el acelerador para estar preparado ante unas elecciones en las que carecerá de los derechos electorales.

El entorno de Puigdemont prefiere esperar a que sea el Tribunal Supremo quién convoque las elecciones cuando dictamine la inhabilitación de Torra, que las situarían en el mes de enero o febrero. Sin embargo, Torra puede tener sus propios planes y los acontecimientos hacen sospechar que se pueden convocar mucho antes. Primero, para evitar que lo haga el Supremo, y segundo para acentuar el martirologio de Torra al ser inhabilitado y para aprovechar la exaltación nacionalista del 11 de setembre y de otras fechas «históricas» en el relato independentista como el 1 o el 3 de octubre. Puigdemont se va a presentar amenazando al PDeCAT. Una amenaza que, según ha podido constatar LA RAZÓN, no cuaja «si se produce la ruptura, nos presentaremos», afirman fuentes del partido.

Otros actores también están haciendo movimientos. El PNC, la escisión del PDeCAT liderada por Marta Pascal, Carles Campuzano y Jordi Xuclà, ha empezado a andar y Albert Batlle, concejal de Seguridad de Barcelona y dirigente de Units per Avançar, ha lanzado su candidatura para liderar una alternativa de centro progresista, heredera de la tradición socialdemócrata, liberal y humanista, que está cuajando bajo el objetivo de agrupar a independentistas y no independentistas que lideren una alternativa para «afrontar la reconstrucción y cerrar página de una etapa que ha roto el país». Los contactos entre Batlle y Pascal son, de momento, informales. Hay contactos pero no ha empezado una negociación en serio. Sin embargo, otros actores si han empezado a realizar movimientos.

Lliga Democràtica, liderada por Astrid Barrio, no rechaza una confluencia «hemos de negociar un programa para no volver atrás, pero nos encontramos cómodos con el liderazgo de Albert Batlle», dijo a LA RAZÓN. Para Barrio lo esencial es «pasar página y no descartamos acuerdos con nadie y ni queremos vetar a nadie». También en el PNC existen voces que ven a Batlle como líder de una alternativa «porque Marta -Pascal- tiene que consolidar el espacio, es joven y tiene futuro», apuntan al sugerir que la líder del PNC debería ceder este liderazgo a Batlle.

También el exdirigente de CDC, Germà Gordó, hoy liderando Convergents ha abogado en La Vanguardia por alcanzar un acuerdo y presentar una alternativa. «La alianza catalanista», como la califica Astrid Barrio está tomando forma aunque todavía no está consolidada pero se vislumbran movimientos en los próximos días «para forzar otras mayorías alejadas de los bloques», apunta Barrio. La Lliga Democràtica ha situado de número dos a Silvia Requena, que compitió en las primarias de CDC con Quico Homs, de secretaria general en sustitución de Josep Ramon Bosch que ha dado un paso al lado por «motivos profesionales».

Uno de los problemas de este sector son las líneas rojas cruzadas. Astrid Barrio es contundente «no hay que culpabilizar a nadie de nada, hay que mirar al futuro». Bosch también incide en esta línea «si hay vetos e inconveniencias no vamos bien». En lo que hay coincidencia es en asignar a la candidatura de Batlle «comodidad» y como Batlle todos coinciden que el nuevo espacio catalanista «no es la reedición de Convergencia». El propio Batlle plantea una amplia confluencia dirigida a votantes independentistas defraudados, pero también a votantes de C’s.