Pujol, Mas y Puigneró entran a escena en la reorganización del espacio heredero de Convergència

Los expresidents cierran filas con el PDeCat, mientras que el conseller de Políticas Digitales se perfila como el candidato de Puigdemont para las elecciones

Carles Puigdemont confió en su liderazgo y fortaleza para someter al PdeCat a sus designios en la reorganización del espacio heredero de Convergència. Sin embargo, se ha topado con una inesperada y contundente resistencia que está dificultando sus planes de absorber y disolver al PdeCat: más de 140 alcaldes y dirigentes territoriales se han adherido a un manifiesto que apuesta por mantener vivo al partido.

La fuerte contestación interna del PdeCat ha supuesto un golpe para Puigdemont, que esperaba arrollar cualquier disidencia a sus planes como hizo cuando apartó a Marta Pascal. La inquietud en su entorno ha empezado a crecer. Y puede crecer más aún si a esta respuesta de los cuadros territoriales se suma la vieja guardia de Convergència, que guarda silencio mientras haya aún margen para la negociación y evitar la ruptura, pero puede ir próximamente tomando posiciones de manera pública a favor del PdeCat. Entre ellos, destacan Jordi Pujol, que ha ganado presencia este 2020 a raíz de su 90 aniversario, y Artur Mas: aunque ambos se mantienen discretos, cierran filas con el PdeCat, según apuntan desde el espacio heredero convergente.

De hecho, la figura de Pujol se ha convertido precisamente en uno de los escollos en las negociaciones entre el PdeCat, que reivindica su obra política, y la Crida, organización ideada por Puigdemont para aglutinar a las fuerzas independentistas y compuesta por dirigentes de izquierda y derecha. Sus dos líderes, Jordi Sánchez y Toni Morral, proceden de Iniciativa per Catalunya, espacio predecesor del que ahora lidera Ada Colau, muy hostil desde siempre a Convergència y Pujol.

Artur Mas, por su parte, mantiene discreto silencio. Puigdemont lo rechazó como líder de compromiso cuando se acabó su inhabilitación -febrero 2020- y en el espacio neoconvergente se le considera como un líder amortizado, lo que no es óbice para considerar su apoyo como deseado. El sector Puigdemont lo mantiene alejado, igual que a Pujol porque representa la vieja -y corrupta- Convergencia, pero en el PDeCAT han realizado un acercamiento, sin demasiado éxito, por ahora.

Fuentes conocedoras de las conversaciones entre los líderes del PDeCAT y Artur Mas reconocen que desde el partido se le ha reclamado apoyo. El expresidente catalán ha dado una respuesta a la gallega “estaré con vosotros en los mítines”, dicen que fue la respuesta de Mas. En el PDeCAT no ha gustado y le requieren más decisión. La respuesta no deja a lugar a dudas del malestar generado. “Está bien, gracias, pero puede ser que lleguemos vivos a los mítines”, afirman que contestaron. En el PDeCAT se le insistirá en los próximos días para que se defina y “diga algo antes de que llegue una campaña”.

En esta tesitura de precampaña total se vislumbran más movimientos. Las fechas que publicó LA RAZÓN del 27 de septiembre o 4 de octubre están ganando peso y han sido posteriormente publicados por otros medios de comunicación. El acelerón de Puigdemont para forzar la constitución de su partido el 25 de julio y forzar la ruptura con el PDeCAT que celebrará su Consell Nacional al día siguiente, han aumentado los rumores y, sobre todo, los movimientos en el seno de los partidarios de Puigdemont para ser el elegido.

En este sector, se da por seguro que Carles Puigdemont repetirá en las listas como “presidente legítimo”, amagando incluso con la idea de que se presente en Catalunya durante la campaña electoral para forzar una situación “no se atreverán a detenerlo porque tiene acta de eurodiputado”, afirman. Además, de esta insinuación, Puigdemont sabe que no podría tomar posesión como presidente de la Generalitat por lo que la designación del “elegido” se hace primordial.

En los últimos días, parece que la incógnita se despeja. El ramillete de aspirantes, desde la alcaldesa de Girona, Marta Madrenas, hasta el conseller de Territori, Damià Calvet, o la todavía presidenta del grupo en el Congreso, Laura Borràs, se está despejando. El mejor situado para ser el número dos, una especie de primer ministro delegado según el argumentario independentista, pero de facto president de la Generalitat, es el conseller de Políticas Digitales y Administración Pública, Jordi Puigneró.

Puigneró es un personaje muy en la línea de Puigdemont. Un activista en forma para la causa independentista más radicalizada, dispuesto a asumir planteamientos de la CUP si es necesario, siempre con la vista puesta en un único objetivo: la independencia unilateral. Es un hombre polémico. Recientemente el pleno de Sant Cugat del Vallès, dirigido por la alcaldesa de ERC, Mireia Ingla, pidió su dimisión por su implicación en el caso del 3% que ha obligado al ayuntamiento a devolver el dinero defraudado. En febrero de 2019, viajó a las Islas Féroe para firmar un convenio “para impulsar la gobernanza y la economía digital”. El viaje fue alargado para disfrutar de la nieve como se pudo ver en su cuenta de Instagram. Y lo más surrealista, Puigneró apoya al Instituto de Nueva Historia, que afirma que Colon, Cervantes, Santa Teresa de Jesús o Shekaspeare son catalanes.

El “elegido” no firmó el manifiesto de la constitución del nuevo partido “para protegerlo y demostrar que ha trabajado por la unidad”, apuntan desde el entorno del expresidente. Ahora su trabajo es afanarse en conseguir protagonismo. Este jueves presenta a bombo y platillo su libro “El quinto poder. La República Digital en tus manos”, presentado por la periodista, musa y tertuliana del independentismo, Pilar Rahola, toda una experta en situarse siempre a la sombra del poder. Primero con Maragall, luego con Mas hasta hacerse íntima de Puigdemont, y ahora con Puigneró. El “elegido” parece que quiere poner en valor todo su trabajo en el ámbito digital. Como responsable de las políticas de Ciberseguridad coordinó la consulta de 2014 y la de octubre de 2017, y ahora como responsable máximo siempre se ha erigido como el “facedor” de las políticas digitales de la República Catalana.