Dalí hace frente al coronavirus con sus tesoros

El museo del pintor surrealista reabre sus puertas con una exposición formada por una docena de las mejores obras de su colección y que se muestran juntas en una sala

GRAFCAT9332. FIGUERES (GIRONA), 10/07/2020.- Presentación de la exposición temporal "Dalí. El surrealismo soy yo" en la Sala de las Loggias del Teatro-Museo Dalí de Figueres. EFE/David BorratDavid BorratEFE

Desde este viernes, el Teatro-Museo Salvador Dalí de Figueres abre sus puertas. Lo hace con medidas de seguridad, reduciendo el número de visitantes y con una exposición temporal que permite conocer un poco mejor al gran artista ampurdanés.

Bajo el título, casi declaración de intenciones daliana, de «El surrealismo soy yo», la muestra recoge una docena de obras maestras del pintor, en un viaje cronológico que nos lleva des 1926 a 1943. Esto es, desde los primeros tanteos de Dalí en el mundo del surrealista hasta su consagración como la figura más importante a un nivel pictórico en dicho movimiento. Son óleos propiedad de la fundación y que por primera vez se presentan en una única sala, en una iniciativa que cuenta con el comisariado de Montse Aguer y Carme Ruiz.

El recorrido se inicia con el estudio preparatorio de un cuadro desaparecido como es «La miel es más dulce que la sangre». En él podemos ver algunos de los elementos que Dalí debió incluir en el cuadro hoy en paradero desconocido, como son el burro podrido que nos remite al «Platero y yo» de Juan Ramón Jiménez, o la cabeza de un personaje simulando su muerte y que es un retrato de Federico García Lorca, su gran influencia en ese periodo, con permiso de Picasso.

Otra de las sorpresas de la exposición es «Elementos enigmáticos en un paisaje», de 1934, donde encontramos otra de las grandes obsesiones de Dalí como es el pintor flamenco Johannes Vermeer van Delft. En el cuadro aparece autorretratado Dalí como un niño vestido de marinero. Es la misma imagen que se repite en otro de los invitados de lujo de esta exposición, el célebre cuadro «El espectro del sex-appeal».

«Figura y drapeado en un paisaje», otro trabajo de 1934, está vinculado con la amistad que Dalí y su esposa Gala tuvieron con el poeta surrealista René Crevel. Durante su estancia de Crevel en Port Lligat, invitado por la pareja, compartió con ellos juegos casi fantasmagóricos creando formas de todo tipo con una sábana. Son el punto de partida de este cuadro.

Vinculado con otra amistad del artista es «Carreta fantasma», una pieza de 1933. Durante mucho tiempo, el cuadro fue propiedad del artista inglés Edward James, uno de los mecenas del joven Dalí. Pero esta maravilla de pequeñas dimensiones está también vinculada con Josep Pla quien consideraba que «Carreta fantasma» era la mejor entre la producción daliniana, como se lo reiteró en varias ocasiones a su amigo Enrique Sabater, secretario personal del artista surrealista. La introducción en el óleo del carruaje, tan ligado a la vida rural en la comarca del Empordà, hizo que Pla definiera a Dalí, medio en broma y medio en serio, como «el rey de las tartanas».

El recorrido se cierra con «Poesía de América», de 1943, uno de los cuadros más importantes pintados por Dalí durante su «exilio» en Estados Unidos. Pese a seguir en esta tela inmerso en el surrealismo, el padre de los relojes blandos tomó elementos de su realidad más inmediata y americana. Es el caso de una botella de Coca-Cola, hecho que anuncia el Pop-Art y que justifica que este fuera uno de los cuadros favoritos de Andy Warhol.