El día del libro, la rosa y la mascarilla

Los catalanes salieron a la calle para celebrar un atípico día de Sant Jordi

Los lectores acudieron a la cita de las libreríasMiquel GonzalezMiquel González / Shooting

Sant Jordi es y será siempre el 23 de abril. Eso no se puede cambiar. Pero el de hoy ha sido un buen intento para que nos quitáramos el regusto amargo que nos dejó el hecho de no poder celebrar el día del libro y la rosa aunque fuera con retraso.

Pese a no contarse con la gran parada que debía ser el eje de la fiesta en el Paseo de Gràcia, y que habría supuesto ocupar esta vía entre plaza Cataluña y la calle Valencia, si salieron a las calles de Barcelona un total de 90 puestos de libros y rosas repartidos por toda la capital catalana. Eso ha hecho que en este peculiar Sant Jordi se haya descongestionado la actividad en el centro de la ciudad. En el resto del territorio se vivió un Sant Jordi desigual. Por ejemplo, en Lleida se vivió de una manera descafeinada y se organizaron algunas de firmas, pero con cita previa.

El encuentro de los autores con sus lectores es uno de los ejes de la fiesta. Este año no pudo ser en todo su esplendor, aunque alguna librería sí organizó alguna firma y muchos autores dejaron ejemplares dedicados de sus obras en las librerías. ¿Cómo lo ven los escritores? Xavier Bosch, en declaraciones a este diario, comentó que «es un día diferente que se vive mucho más en los barrios y en los pueblos. No es Sant Jordi, pero nos venía de gusto a todos tener un momento de alegría y esta jornada lo es porque con los libros podemos ser más felices». Por su parte, la escritora Care Santos, en conversación con este medio, dijo que «un día así solamente puede vivirse con alegría. Es bonito sea como sea y me niego a verlo como una cosa triste. Es imposible el encuentro con los lectores, pero procuras dejar libros con dedicatorias en las que agradezco la confianza que me dan».

Las ventas acompañaron a este Sant Jordi de calor y manga corta. Algunas librerías, según fuentes del sector consultadas por este diario, constataron que todo fue muy bien, extraordinariamente bien. En la Casa del Libro las ventas superaron el 30 por ciento de lo que es habitual en un día de julio mientras que en Documenta esa cifra subió hasta el 34 por ciento.

Una de las explicaciones a esto es que el confinamiento, como explicó a LA RAZÓN Patrici Tixis, presidente del Gremio de Editores de Cataluña, «ha reforzado el poder de la lectura. Los días que hemos pasado en casa se ha recuperado el gusto a la lectura. Cuando nos dejaron salir, se llenaron las librerías». A este respecto, las ventas del mes de junio han estado por encima de lo que fueron el pasado año por estas fechas. Julio está siendo irregular: los lectores respondieron muy bien en los primeros días del mes, bajaron después cuando se conocieron los rebrotes, pero en los últimos días se ha vuelto a animar la adquisición de libros. Este Sant Jordi lo ha confirmado, con colas para entrar en las librerías para poder cumplir con las medidas de seguridad para combatir el virus.

No ha habido la tradicional lista de títulos más vendidos, aunque algunos libreros han constatado que «El enigma de la habitación 622» de Joël Dicker salió triunfador. La otra sorpresa ha sido «La sombra del viento», de Carlos Ruiz Zafón.