Manuel Valls, en Francia mientras se retiraban los honores a Don Juan Carlos I en Barcelona

Su ausencia en el Pleno que suprimió la medalla de oro al Rey Emérito fue decisiva y es el último episodio de su polémica trayectoria como edil

El ex primer ministro francés Manuel Valls y concejal del ayuntamiento de Barcelona, durante una rueda de prensa en el consistorio barcelonés.EFE/ Enric Fontcuberta
El ex primer ministro francés Manuel Valls y concejal del ayuntamiento de Barcelona, durante una rueda de prensa en el consistorio barcelonés.EFE/ Enric FontcubertaEnric FontcubertaEFE

El pleno del Ayuntamiento de Barcelona del jueves sobre la Monarquía no solo ha dejado señalada a Ada Colau por reprobar al Gobierno de España, del que forma parte su propio partido –Podemos–, sino también a Manuel Valls, que se ausentó de la votación y permitió que prosperase la moción de las fuerzas independentistas para retirar también la medalla de oro de la ciudad a Don Juan Carlos. En un importante error de cálculo, el exprimer ministro francés se convirtió en un aliado inesperado para Esquerra y JxCat al no acudir al pleno como protesta porque los servicios jurídicos del Ayuntamiento de Barcelona habían tumbado un día antes su recurso para evitar que se celebrara la sesión.

El exprimer ministro francés preveía que las fuerzas contrarias a la independencia salvarían la votación: el consistorio cuenta con 41 concejales, de los cuales solo 15 son independentistas. Hay 16 constitucionalistas, mientras que el partido de Colau –Barcelona en Comú, la marca de Podemos en la capital catalana– son 10 ediles. De haber votado en contra la alcaldesa, como estaba previsto, hubiera bastado, pero finalmente no fue así porque el grupo mantuvo una importante bronca interna y pasó del «no» a la abstención.

Si bien, eso no ha impedido que las críticas –más en privado que en público– del constitucionalismo se hayan posado sobre Valls. Y es que, pese a que el exprimer ministro francés fue muy activo en el rechazo a la celebración del pleno, también hay quien entiende que ha vuelto a dar una muestra más de abandono a la ciudad. Desde que entrara como concejal hace algo más de un año, ha guardado un perfil muy bajo, con poca actividad política. De hecho, al principio apenas aparecía en las comisiones –siempre acudía su compañera de partido (Barcelona pel Canvi), Eva Parera–. Ya en marzo, una vez decretado el estado de alarma por la pandemia, apareció en Menorca, donde pasó el confinamiento -desde allí se conectaba de manera telemática a los plenos-, algo que despertó muchas críticas también por estar alejado de Barcelona.

En esta ocasión –el jueves–, sin embargo, se encontraba en un acto en Francia, aunque tuvo lugar por la tarde –entre 16.30 y 17.30– y el pleno se celebró por la mañana –entre 10 y 11–. También ha contemplado su regreso político a Francia, aunque no se ha concretado –ha tanteado la posibilidad de ser ministro–. En Cataluña, tiene abiertos puentes de diálogo con Inés Arrimadas –tienen buena relación– de cara a las elecciones autonómicas, pero parece lejos de tener voluntad de situarse en primera línea.

Su balance político desde que aterrizó en Barcelona, de momento, ha sido discreto y se limita al gran movimiento que hizo para dejar al independentismo sin la alcaldía: ceder y facilitar una investidura de Colau como alcaldesa.