Retomando el hilo

Del trabajo, de la rutina, de las preocupaciones que son el pan nuestro de cada día... Con una en particular que, desde el mes de marzo, la llevamos siempre encima como una sombra que nos siguiera a todas partes. Retomando también el hilo con los lectores después del paréntesis de agosto, que es casi como volver a coger el hilo en una conversación.

Y hablando de hilos, de la misma manera que en una mercería los hay de muchos y variados colores, en esa tienda de palabras que llamamos diccionario podemos encontrarlos también de muy diferentes y sutiles formas y texturas: un hilo de agua, un hilo de voz, un hilo de luz… Y se nos informa además que se puede ir al hilo de la gente, esto es, haciendo algo únicamente porque los demás lo hacen, o al hilo del viento, como van las aves que vuelan en esa dirección, o al hilo del mundo, que es lo mismo que dejarse llevar por la corriente.

Están también allí el hilo del pensamiento, y el hilo de la conversación ya mencionado, y el hilo del relato (llamado asimismo el hilo argumental): los tres se pueden perder si uno se distrae, y cuesta a veces seguirlos si se enredan un poco, pero al final, aunque sea con un gran esfuerzo o con la ayuda ajena, suelen encontrarse.

No ocurre así con el hilo de la vida, que sigue siempre su curso irreversible, y es tan fino que si se rompe nadie lo ha podido nunca volver a anudar. Peor aún resulta cuando, un buen día, sin que nos demos cuenta, y por el punto menos pensado la mayor parte de las veces, se estira y se pone tenso: la vida pende de un hilo, decimos entonces, y ya solo nos queda en esas circunstancias aferrarnos al último y más delicado y resistente, que es el hilo de la esperanza.