Diada Covid con tono electoral: la ANC concentra a 60.000 personas y abronca a Puigdemont y Junqueras

La entidad independentista exige unidad a JxCat y Esquerra y señala como objetivo superar el 50% de votos en los próximos comicios para declarar la independencia

En ediciones anteriores, la manifestación independentista de la Diada tenía como objetivo dar rumbo y catapultar el «procés» –por ejemplo, con el 9-N o el 1-O– o calibrar la fortaleza del separatismo. Sin embargo, este año, el 11-S ha llegado marcado por la crisis del coronavirus y el declive cada vez más acentuado del proyecto rupturista, paralizado en las divisiones de los partidos y sin hoja de ruta, y se ha propuesto reactivar al independentismo social ante el inminente horizonte electoral en Cataluña.

Uno de los temores del independentismo es que el «procés vaya quedando arrinconado por las preocupaciones que han emergido entre la ciudadanía por el coronavirus y, por eso, la ANC sabía que no podía ceder a los contundentes avisos de los médicos y expertos para cancelar la manifestación y ha continuado adelante con las concentraciones pese a los evidentes riesgos sanitarios: el balance, en todo caso, parece poco claro, aunque se ha quedado muy lejos de las tradicionales mareas humanas que han llegado a congregar medio millón de personas. Y es que, por un lado, la propia entidad ha cifrado el número de inscritos en 59.500 personas, casi 12.000 más de las previstas inicialmente –48.000–, pero, por otro lado, algunos puntos del territorio han pinchado de manera flagrante: por ejemplo, en la estación de Sants o en Tarragona, donde había espacio para 3.000 personas, pero finalmente acudieron 1.000.

En cualquier caso, la ANC se ha encargado de velar en todo momento por proyectar una imagen de impoluto respeto a las medidas de seguridad -distancia social, puntos de control en los accesos o geles-, aunque eso tampoco es suficiente para evitar el riesgo de contagio que genera tanto trasiego de gente. La manifestación se ha desarrollado por un total de 131 puntos repartidos por 82 municipios de toda Cataluña. Los lugares escogidos para las protestas han sido edificios de titularidad estatal –Hacienda, Seguridad Social, Banco de España, Renfe, juzgados o Sepe– con el objetivo de rescatar el «España nos roba». Las alusiones al «expolio fiscal» de España –el independentismo calcula que el Estado se queda 16.000 millones de euros de Cataluña–, dinero con el que reivindican que se podría financiar una mejor sanidad , educación o pensiones, o a la falta de inversión en infraestructuras como Cercanías han sido constantes durante la manifestación.

De esta manera, la ANC trata de volver a usar la fórmula que ya le funcionó al independentismo en 2008: explotar la crisis económica, una materia sensible que puede afectar al ciudadano de a pie de una manera más directa que la continua denuncia de los «ataques» del Estado y la petición de la libertad de los presos, y proyectar la independencia de Cataluña como única vía posible para la prosperidad. Y es que el independentismo es consciente de que este discurso –también muy reiterado en los últimos meses por Quim Torra– puede calar rápidamente de cara al horizonte electoral, que se ha convertido en una auténtica prueba de fuego ya que las encuestas, de manera cada vez más recurrente, están augurando que los partidos separatistas podrían superar el 50% de los votos –pese a que, paradójicamente, los últimos sondeos de la propia Generalitat dan una notable caída del apoyo a la independencia–.

De ser así, lograrían un hito histórico y son conscientes de que les daría una posición de mayor fuerza. De hecho, la ANC, algo que ha vuelto a recalcar hoy, tiene una hoja de ruta trazada que pivota sobre esa cifra: si se alcanza, exigen a los partidos que se «respete el mandato» y se declare la independencia. El discurso de la ANC, que también ha hecho un llamamiento a la insumisión fiscal -pagar los tributos a la Generalitat- y ha urgido a materializar la república catalana, contrasta, en cambio, con el de Òmnium, más contemporizador, que evita las referencias económicas y apela a ampliar la base y construir mayorías más sólidas. En síntesis, ambas entidades también reflejan las diferencias que ahora carcomen a JxCat y Esquerra.

En este sentido, ambas entidades sí que han aprovechado sus discursos y el altavoz de una jornada de estas características y de TV3, que hizo un programa especial como cada año, para abroncar a los partidos por sus enfrentamientos, que han desembocado, sobre todo en el espacio de la extinta CiU, en una fragmentación cada vez mayor. De hecho, la la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, se ha dirigido directamente tanto Carles Puigdemont como a Oriol Junqueras para que traten de entenderse y rehagan la unidad ante el inminente desenlace de la legislatura.

A la manifestación de la ANC le ha tomado el testigo una marcha organizada por los CDR a las 19.30 horas por el centro de Barcelona –en torno a medio millar de personas–, que ha dejado episodios de concentraciones que, en ningún caso, han respetado las distancias de seguridad y ha culminado en la quema de símbolos españoles.