Las residencias a las administraciones catalanas: “Durante la pandemia estábamos solos”

El sector lamenta que la falta de recursos ha sido clave para explicar la mortalidad en estos centros

Representantes del sector de las residencias y geriátricos han comparecido en la comisión de investigación del Parlament sobre la gestión de los asilos durante los peores momentos de la pandemia del coronavirus. Han criticado el abandono que sufrieron por parte de las autoridades: “Estábamos solos”, ha recordado la presidenta de la Associació Catalana de Recursos Assistencials (Acra), Cinta Pascual.

Junto a Pascual, han presentado su testimonio ante los grupos parlamentarios el portavoz de la ONG Llars per Viure, Víctor Bayarri; la vicepresidenta de la Federació d’Entitats d’Assitència a la Tercera Edat (Feate), Assumpció Ros; y la directora general de la Fundación Edad&Vida, María José Abraham.

Todos ellos han coincidido en que la falta de recursos y la imprevisibilidad de la pandemia han sido factores clave en el desarrollo de la crisis en las residencias y el alto volumen de víctimas entre sus usuarios: “Una crisis sanitaria requería de recursos sanitarios, y nosotros teníamos recursos sociales; y además insuficientes para hacer frente a la crisis”, ha declarado la presidenta de Acra.

En este sentido, Pascual ha recordado que, durante la pandemia, las residencias y sus profesionales “no fueron considerados esenciales” por las administraciones públicas y que parte de las posteriores problemáticas que se dieron en los geriátircos se produjeron por el retraso en el envío de Equipos de Protección Individual (EPI) y por la falta de test PCR en los centros.

Ha afirmado que los asilos no fueron prioritarios para las autoridades en el repartimiento de material y que a Acra se le incautó una importante compra de EPIs; y también que, aunque “nunca hubo ninguna directriz prohibiendo derivar ancianos a los hospitales”, sí que hubo cribajes que descartaban el traslado de sus usuarios por ser mayores o tener pluripatologías, por lo que la mortalidad en los centros fue mayor.

Ros, por su parte, ha defendido el trabajo del sector en una situación tan difícil como la pandemia, y ha criticado la dureza con la que la sociedad, los medios y las instituciones han tratado en ocasiones a los centros para la tercera edad: “No podemos decir que las residencias no valen y son una trampa; las necesitamos y necesitamos que funcionen bien”.

La vicepresidenta de Feate ha recordado que, ante el avance del virus y la falta de recursos humanos y materiales, tuvieron que tomar la decisión de priorizar la atención sanitaria y la seguridad de los usuarios frente a la atención social y emocional: “Y esto nos ha sabido muy mal, porque sabemos que hemos tenido que privar a nuestros usuarios de cosas muy importantes”, ha dicho.

Ha afirmado que la tarea de los asilos no era sanitaria, pero que tuvo que adaptarse ante la situación de crisis y el colapso de los hospitales, y ha recordado que la cooperación con los Centros de Atención Primaria (CAP) ha empezado a ser fluida a partir de la crisis, pero que antes no lo era: “Necesitamos diálogo y respeto mutuo”.

Por su parte, Bayarri ha pedido a los grupos políticos que hagan una “escucha activa a las personas mayores” y que se avance hacia un modelo que priorice la autonomía y autodeterminación de los ancianos frente a la institucionalización que suponen, a menudo, los centros de la tercera edad; aunque ha reconocido el trabajo y utilidad de los asilos.

“No se trata de cargarse las residencias, sino de reformarlas”, ha defendido el portavoz de Llars per Viure, que ha propuesto dotar de más recursos económicos a los centros, apoyarse en las nuevas tecnologías para facilitar la atención domiciliaria, y respetar las decisiones de los ancianos, como herramientas para mejorar la situación de los mayores.

Para Abraham, “la mortalidad excesiva que se ha producido durante esta crisis entre la gente de más edad ha evidenciado una vez más una serie de problemas estructurales y sistémicos en los cuidados de larga durada y en el modelo residencial, que actualmente no responde ni a las necesidades de las personas mayores ni a las sanitarias”.

La directora de Edad&Vida ha defendido un modelo de integración de los servicios sanitarios y sociales para atender mejor a las personas mayores con pluripatologías crónicas, y ha criticado que “la excesiva fragmentación del sistema de salud imposibilita el objetivo de situar a la persona en el centro del sistema”.