El sueño de una beca

Son tiempos recios para todos, también para los estudiantes que estos días vuelven a las aulas. Presencialmente, como ahora se dice, y ojalá sea así en los meses que vienen, que lo de la enseñanza virtual fue un fiasco en el último trimestre del curso pasado y las clases telemáticas aburren al más pintado, y en esto están de acuerdo las dos partes, profesores y alumnado.

No tienen las cosas fáciles los que están hoy en edad de estudiar. Desconfían del porvenir y dudan de que los libros sean la llave que les abra las puertas del mundo. Y la lección que puedan sacar de lo que ven no es para convencerles de que están equivocados.

Así y todo, son todavía muchos los que se agarran al estudio como tabla de salvación y promesa de una vida mejor. Como L., que tiene catorce años y sabe ya muy bien lo que quiere hacer cuando termine la ESO: estudiar el bachillerato en el extranjero, a ser posible en inglés, y de paso espabilarse por ahí fuera. Solo hay un obstáculo, y es el económico, pero también esto lo tiene ya previsto: solicitará una de las 600 becas que cada año convoca la Fundación Amancio Ortega para estudiantes españoles de 4º de ESO que deseen cursar el 1º de bachillerato en Estados Unidos o Canadá.

Es su sueño, e impresiona la convicción y el entusiasmo con que lo transmite. Por lo que toca al expediente académico no va a quedar, porque se compromete a tener las mejores notas, y esa es su gran esperanza. La otra es que la pandemia pase pronto y la Fundación Amancio Ortega siga convocando cada año esas 600 becas (en qué mejor causa puede emplearse el dinero, y deberían algunos tenerlo en cuenta al hablar del famoso empresario), de las que dependen otros tantos sueños adolescentes que bien merecen verse cumplidos.