La líder evangelista que bautizó a Marilyn Monroe y fue enterrada con un teléfono

La compleja historia de la Aimee Semple McPherson sigue todavía causando controversia

Probablemente su nombre no les diga nada, pero hubo un tiempo que todo el mundo hablaba de Aimee Semple McPherson en Estados Unidos. Era el referente religioso del país con sus sermones retransmitidos en todas las emisoras del país de costa a costa. Fue una de las personalidades más mediáticas para los estadounidenses y los canadienses entre los años 20 y 30. Era la “hermana Aimee”, una evangelista que hizo de sus sermones un espectáculo esperado por sus oyentes. Ella lo tenía todo hasta el punto de presumir que podía incluso sanar a enfermos. Todo parecía ir muy bien para la industria religiosa que había creado hasta que ocurrió lo inesperado.

El 18 de mayo de 1926 Aimee desapareció sin dejar rastro. Era como si se la hubiera tragado la tierra, más concretamente la soleada y calurosa tierra de Venice Beach, en California. Ese día estaba previsto que diera uno de sus sermones habituales y no pudo ser. Sería su madre la encargada de sustituirla, proclamando a su público que “la hermana está con Jesús”, afirmación que muchos entendieron como el anuncio del fallecimiento de la religiosa voz. Así que los feligreses se lanzaron a tratar de dar con el paradero de Aimee, sospechando que probablemente habría padecido ahogada en las aguas del Océano Pacífico. Todo el mundo se volcó y se enviaron todo tipo de dispositivos a la búsqueda de esa pobre desgraciada que seguramente ya estaba en el más allá. Dos personas murieron mientras se trataba de localizar el cadáver.

Pero no era la única persona desaparecida. Pronto se supo que tampoco se había vuelto a ver a Kenneth G. Ormiston, el ingeniero de la KFSG, una emisora de radio que generosamente divulgaba en las ondas el mensaje de Aimee. Unos meses antes, en diciembre de 1925, Ormiston, casado y con hijos, había dejado su trabajo en el templo en el que trabajaba nuestra protagonista. No tardaron en llegar los rumores de que los dos desaparecidos mantenían una relación.

La madre de la predicadora ofreció 25.000 por cualquier información. Algunos espiritistas se apuntaron a la aventura y aseguraron haber logrado un contacto con el espíritu de Aimee. En un día la desaparecida fue “vista” en 16 ciudades distintos. También aparecieron diferentes bandas de secuestradores que aseguraban tener a la religiosa como rehén. Un grupo llamado “los Vengadores” reclamó un rescate de medio millón de dólares. Un abogado ciego llamado Russell A. McKenley dijo tener contacto con los secuestradores y que estaba dispuesto a ser el intermediario a cambio de una generosa retribución.

El circo cada día se iba haciendo más y más grande. Pero Aimee Semple McPherson no aparecía, igual que Kenneth G. Ormiston. Todo estaba perdido hasta el 23 de junio de 1926.

Ese día, Ramón y Teresa Gonzales, un matrimonio que vivía en un pueblo mexicano al otro lado de la frontera con Arizona, se topó con una mujer exhausta que venía del desierto. La pobre infeliz dijo que acababa de sobrevivir a un secuestro y que había sido drogada y torturada. Tras darle las primeras curas, la pareja la llevó hasta suelo estadounidense donde fue ingresada en un hospital. Una enfermera logró quitarle espinas de cactus que tenía clavadas en las piernas a la vez que constataba que tenía algún dedo ampollado. La paciente contó que había vivido un calvario y que los mismos que la habían tenido retenida se dirigían hacia Hollywood para hacer lo mismo con la actriz Mary Pickford.

Un reportero escuchó la historia del secuestro y pudo visitar a la desvalida. Fue el primero en identificarla: era Aimee Semple McPherson. Ella contó que un día, paseando por la playa próxima a Los Ángeles, se le acercó una pareja joven y le pidió si podían rezar por su hijo. Ella encantada accedió, pero lo siguiente que recordaba era estar en un coche y empezar a perder el conocimiento. Cuando volvió a recuperar el sentido, estaba secuestrada en una cabaña.

Todos la creyeron y cuando regresó en tren, ya establecida, fue recibida en la estación de Los Ángeles por 30.000 personas.

Sin embargo, el gran jurado de la ciudad y los periodistas hicieron su trabajo. Todo era un fraude. Aimee había pasado todos esos días no secuestrada sino compartiendo su amor con Ormiston. En el juicio salió todo y la credibilidad de la evangelista cayó en picado. Se dice que pagó 30.000 dólares a la policía para que no indagaran más.

Lo que siguió no fue fácil. Se peleó con su madre por el control de su iglesia; se casó con el actor David Hutton que no le había contado que estaba en otra relación; descubrió que su nuevo marido actuaba en Europa como “el hombre de Aimee” en algunos cabarets. Poco a poco fue olvidada.

El 27 de septiembre de 1944, la encontraron muerta en su hotel tras un sermón. Se había tomado una sobredosis de barbitúricos, pero nunca se pudo probar que fuera un suicidio. Todo parecía un accidente. Curiosamente, en 1962, le pasó lo mismo a una niña a la que poco antes había bautizado y que se llamaba Norma Jeane, más conocida como Marilyn Monroe. Cuando enterraron a Aimee, en su ataúd de bronce introdujeron un teléfono por si podía serle de ayuda en caso de resucitar. Hasta la fecha, nunca lo ha utilizado.