El violador múltiple del Vall d’Hebron: el vacío legal permitió la excarcelación sin estar rehabilitado

José Rodríguez Salvador salió de la cárcel en 2012 tras cumplir 20 años de condena por 14 agresiones sexuales probadas

José Rodríguez Salvador, conocido como “el violador del Vall d’Hebron”, fue hallado muerto en una zona con árboles del distrito de Nou Barris, en Barcelona. Tenía 61 años y las primeras pesquisas apuntan a una caída accidental. Se acabó la vida de uno de los delincuentes más mediáticos de la historia reciente de España, y también con un complicado historial judicial.

Cabe recordar, por ejemplo, que en noviembre de 2008 fue detenido en su lugar de origen, en el extrarradio de Granada. Ingresó en la muy cercana cárcel de Albolote. Una prueba de su triste y lamentable fama fue que en el mismo día de su encarcelación, el director del centro, Naúm Álvarez, opinó que "debido a la alarma social, se estudia tomar algunas medidas de protección” para el preso, como situarlo en un módulo aislado o más retirado del resto”.

Obviamente, no era su primer ingreso en prisión, y se repitió el mismo buen comportamiento que siempre había mostrado.

Por este motivo, el buen comportamiento, se rebajó cuatro años su condena. El entonces abogado de Rodríguez Salvador, José Ángel Plaza, insistió en ese momento en que su cliente quería quedarse en Albolote, por sus vínculos familiares granadinos. Pese a las opiniones más alarmistas de los expertos, el letrado quiso recordar que en su año de libertad no había reincidido en ningún caso. Pero fue detenido, en un momento en que, de nuevo según Plaza, el interno estaba trabajando y “plenamente integrado”.

El convicto había sido puesto en libertad en septiembre de 2007, pese a presentar un alto riesgo de reincidencia, según los terapeutas, y tras cumplir 16 de los 311 años de prisión a los que fue condenado en 1994 por 16 agresiones sexuales cometidas entre el verano de 1990 y la primavera de 1991.

Por eso, la Fiscalía presentó un recurso de casación en contra de su excarcelación, solicitando la aplicación de la doctrina Parot, que supone aplicar las redenciones de condena sobre la totalidad de pena impuesta, y no sobre el máximo de 30 años de permanencia en prisión.

El traslado de prisión sucedió, pese a las intenciones y peticiones de Rodríguez y Plaza. Ingresó en Quatre Camins, en Cataluña, básicamente porque debido a las competencias en materia penitenciaria -las mayores de España- los condenados aquí tienen que cumplir su condena en esta comunidad autónoma.

Pese a todo lo citado, 16 violaciones probadas, tres agresiones sexuales e incluso secuestros y varios informes psicológicos que determinan que no está rehabilitado, José Rodríguez Salvador salió a la calle el 22 de septiembre de 2012, después de haber cumplido una pena de 16 años. Sus agresiones y violaciones tuvieron lugar entre mediados de 1990 y el verano de 1991, sembrando el lógico pánico en la zona. Pudo haber cometido en total más de 40 violaciones. El juez no pudo probar la totalidad debido a las imprecisiones durante las declaraciones de estas víctimas.

La polémica estalló, teniendo en cuenta que algunas de sus agresiones sexuales pasaron tras pasar siete años en la cárcel. Un hecho que daba la razón a los citados informes psicológicos que no le consideraban rehabilitado. Pese a ello, la portavoz de la Unión Progresista de Fiscales, Gabriela Bravo, admitió que "la pena se ha agotado y tiene que salir, por muy duro que sea para el ciudadano escuchar esto”.

Bravo tenía razón. La reclusión se extinguió por cumplimiento de la legalidad, y la ley penal no prevé nada en estos casos. El en ese momento fiscal general del Estado Cándido Conde-Pumpido aseguró que “la Fiscalía estará vigilante ante la excarcelación”.

Por su parte, el abogado defensor, Plaza Escudero, insistió en que su cliente había cumplido con la sociedad, y además culpó a los poderes públicos de la “falta de medios puestos a su disposición para conseguir la rehabilitación”. Con esta frase valoró si su cliente estaba rehabilitado de verdad.

Añadió que "nadie le ha dado oportunidades para nada, existe una presión social tremenda contra él, cosa que condiciona su posición ante la sociedad y porque, además, no tiene oficio ni beneficio, porque en veinte años nadie se ha preocupado de él”.

Sus víctimas eran jóvenes, delgadas y preferentemente rubias. Las abordaba en plena calle, en la zona del Vall d’Hebron, y se las llevaba a un sitio desierto, donde las sometía a toda clase de abusos sexuales. En algún caso llegó a desnudar y vestir de nuevo a una víctima hasta tres veces para violarla de nuevo. Al final, tomaba nota de su dirección y la amenazaba con matarla si denunciaba el hecho a la Policía.

Hasta que salió en libertad en 2007, compartió celda y amistad con el también tristemente mediático Alejandro Martínez Singul, condenado por 10 violaciones y otras tantas tentativas. Durante su estancia en prisión, Rodríguez Salvador consiguió redimir hasta 1.341 días de su condena mediante la práctica del yoga, las clases de defensa personal, partidos de fútbol, así como trabajos en la lavandería, la cocina y la propia enfermería de la cárcel. Se fue a vivir a la provincia de Granada, primero en Iznalloz y posteriormente en el área metropolitana, donde incluso podría haber encontrado trabajo.

"Nunca ha mostrado arrepentimiento alguno ni ha participado en programas de rehabilitación. Más bien todo lo contrario. Le hemos oído decir que su error fue no matar a las víctimas que violó porque, así, no habrían quedado testigos. Y también fanfarronea de que las que le denunciaron se pueden preparar cuando salga, aunque no creo que haga nada porque nunca ha sido muy valiente», declaró en su momento uno de los funcionarios.