El asesino que hizo que Eliot Ness dejara de ser intocable

Tras lograr que Al Capone acabara en la cárcel, el agente de la ley trató de perseguir al autor de una serie de crímenes en serie

A todos nos suena el nombre de Eliot Ness, el hombre que logró que Al Capone acabara en la cárcel aunque solamente fuera por delitos económicos. El agente del orden por excelencia, el hombre que logró plantar cara a la corrupción que había en las instituciones públicas de Chicago fue el intocable por excelencia, como se ha encargado de demostrar el cine y la televisión. Pero poco, muy poco se habla de cuando Ness dejó de ser un intocable, de cuando se encontró con el caso que trastocó su carrera policial.

En 1935, Eliot Ness se encontraba en lo más alto a nivel profesional. Había conseguido que Capone estuviera entre rejas. Tras ser ascendido como Inspector Privado de la Oficina de Prohibición para Chicago y tras un breve paso por Ohio, con la supresión de la Ley Seca aceptó el cargo como director de seguridad pública en Cleveland. El alcalde de la ciudad, el republicano Harold H. Burton, quería a alguien independiente que tuviera la capacidad para limpiar la ciudad de la corrupción que la perseguía desde hacía demasiados años. Ness parecía la persona idónea para semejante responsabilidad. “Me gustaría tener ese trabajo. Me gustaría ver qué puedo hacer. Pero cualquiera que lo consiga tendrá las manos ocupadas”, dijo el policía en declaraciones al Cleveland Press. Finalmente en diciembre de ese año logró el cargo y puso en marcha una campaña para acabar con todas las corruptelas existentes tanto en la policía como en los bomberos de la ciudad, además de perseguir el juego ilegal. Se calcula que unos 300 agentes fueron expedientados gracias a las investigaciones de Ness quien estaba demostrando ser un gran fichaje, el hombre que quería el alcalde Burton. Era el chico maravilla. Todo parecía ir bien hasta que algo lo trastocó todo.

Poco antes de la llegada de Ness al cargo, el 23 de septiembre de 1935 apareció un cadáver sin cabeza en Jackass Hill. Muy cerca de donde fueron localizados los restos aparecieron otros, los del delincuente juvenil Edward Andrassy, conocido por ser un vendedor de marihuana. Era el inicio de una serie de asesinatos de características insólitas para la criminología de la época. A lo largo de esa década un total de doce personas fueron asesinadas y sus restos fueron desmembrados, aunque se calcula que la cifra podría subir hasta los veinte. Todas ellas tenían en común proceder de una misma zona, un área al este de Kingsbury Run llamada The Roaring Third, donde el juego, la prostitución y la delincuencia eran el pan nuestro de cada día. Es el conocido como el “Asesino del Torso” y si alguien podía acabar con esa carnicería ese era Eliot Ness.

El asesino acostumbraba a descuartizar a sus víctimas hasta dejar únicamente el torso, aunque a veces también lo cortaba. Eso hizo que en muchos de estos casos fueran los salvajes cortes o las decapitaciones la causa de la muerte. En algunos casos las víctimas fueron localizadas un año después de su asesinato.

Eliot Ness fue uno de los responsables de la investigación, aunque no el principal. Pese a que su cometido era el de tratar de acabar con la corrupción en Cleveland, se vio inmerso en la búsqueda del autor material de aquellos crímenes, una nueva manera de matar totalmente inédita en Estados Unidos. En agosto de 1939 fue arrestado quien se consideró como uno de los principales sospechosos, Frank Dolezal. El tipo confesó ser el autor del asesinato de la tercera de las víctimas de la serie, Florence Polillo, por lo que fue puesto a disposición policial. De poco sirvió, al poco tiempo moría en la prisión aparentemente suicidado aunque las más recientes indagaciones sostienen que lo mataron sus carceleros.

Ese mismo año también se detuvo a un médico, Francis Sweeney, un médico que durante la Primera Guerra Mundial había tenido como especialidad las amputaciones de heridos en el frente. Ness y sus investigadores estuvieron siguiendo sus huellas durante un mes. Cuando fue detenido parecía disfrutar con todo aquel operativo policial. Ness se encargó de interrogarlo, pero no logró arrancarle confesión alguna. También lo llevaron hasta el detector de mentiras, el mejor polígrafo del momento, como dijo uno de los policías que trabajaba con Eliot Ness. Sweeney no superó la prueba realizada por Leonarde Keeler, uno de los inventores de la máquina. El responsable de la seguridad de Cleveland creía tener a su hombre. Pero el caso contra el médico tenía pocas posibilidades de triunfar: el candidato número uno había resultado ser primo hermano del congresista Martin L. Sweeney. Tras ser puesto en libertad, dos días después su familia lo ingresó en un centro psiquiátrico en el que vivió hasta su muerte en 1964. Luego se supo que durante el tiempo que permaneció encerrado allí envió varias cartas a Ness mofándose de su investigación y, en no pocas ocasiones, amenazándolo de muerte.

Eliot Ness no pudo resolver el caso. Dejó de ser un “intocable”. Sus problemas con el alcohol y un divorcio provocaron que dejara de tener la simpatía de quienes lo apoyaron para su cargo. Pese a todo aguantó. Se presentó a las elecciones como alcalde de Cleveland en 1947, pero sin éxito. Tras toda aquella aventura acabó trabajando en una librería y vendiendo hamburguesas congeladas. Murió prácticamente en la ruina, dejando un libro de memorias en el que contaba su experiencia luchando contra Capone. Se publicó tras su muerte en 1957. Se titulaba “Los intocables”.