El independentismo se diluye en la calle: cuatro fiascos en menos de un mes

El separatismo pierde músculo y acentúa su desmovilización en las últimas semanas

Nuevo fiasco del independentismo en la calle. Y ya acumula cuatro consecutivos en menos de un mes. Desde que iniciara el ciclo de movilizaciones en la Diada -11 de septiembre-, el separatismo social ha escenificado y acentuado su declive. Tanto es así que ha protagonizado cuatro protestas que han registrado una participación prácticamente residual en comparación con las de los últimos ocho años de “procés” y, de hecho, ya recuerdan a las convocatorias secesionistas “preprocés”, cuya capacidad de movilización era marginal y se limitaba a grupúsculos radicales.

La movilización de hoy reunía todos los elementos para que el independentismo volviera a exhibir músculo: acudía el Rey Felipe VI a Barcelona, a quien han erigido en su principal enemigo español, y entidades y partidos han confluido en la convocatoria. Sin embargo, la concentración no ha llegado al millar de personas y se ha disuelto sin apenas incidentes, a pesar del lanzamiento de pintura a los Mossos d’Esquadra que blindaban el recinto de la Estación de Francia -donde se celebraba el acto de entrega de premios de la Barcelona New Economy Week (BNEW)- y del escrache a una periodista -Mayka Navarro, cuando hacía una conexión en directo para Telecinco-.

La tendencia a la baja del independentismo no es nueva, porque se inició tras el 1-O y el desconcierto en el que encalló y en el que continúa inmerso, pero nunca había registrado una caída tan acusada como en este último mes. El coronavirus tiene incidencia, pero, ahora mismo, en Cataluña lleva semanas bajo control y tampoco parece percibirse como un elemento que pueda determinar este desplome en la calle -menos aun teniendo en cuenta la capacidad organizativa que tienen entidades como la ANC y Òmnium y que han demostrado ampliamente de forma sostenida en el tiempo-.

El fiasco de hoy se ha sumado al de la Diada del 11 de septiembre, a la inhabilitación de Quim Torra y al 1-O. Ninguna de esas tres jornadas logró una movilización relevante. La Diada, según datos de la ANC, logró concentrar a 68.000 personas distribuidas por toda Cataluña, aunque lo cierto es que algunos de los 107 puntos fijados para la protesta quedaron medio vacíos -como en Tarragona o en la estación de Sants de Barcelona-.

La destitución de Torra como presidente de la Generalitat se saldó con leves protestas, que destacaron, principalmente, en el centro de Barcelona y en Girona, pero que apenas rebasaron el millar de concentrados. En este caso, además, las medidas de distancia social no se cumplieron.

Algo similar ocurrió para celebrar el tercer aniversario del 1-O, aunque la tarde-noche se saldó con la quema de algunos contenedores y destrozos en los aledaños de Plaza Catalunya. En esa ocasión, la participación fue a menos todavía, ya que se concentraron en torno al medio millar de personas en la capital catalana.

En cualquier caso, el tono de las tres últimas protestas convocadas por el separatismo ha recordado a las movilizaciones “preprocés”: lideradas y protagonizadas por grupos radicales y prácticamente residuales. Lejos de las masivas manifestaciones que ha conseguido impulsar durante el “procés” -iniciado en 2012-, que podían concentrar cientos de miles de personas en las calles y de una gran transversalidad.

La desmovilización del independentismo, que se viene arrastrando por el desánimo y la falta de rumbo desde hace años -finales de 2017-, se ha visto acelerada con la pandemia. Y es que, como ya han previsto la mayoría de partidos -tanto independentistas (PDeCat y Esquerra, principalmente) como constitucionalistas-, la crisis del coronavirus ha disminuido el protagonismo del “procés” y ha vuelto a poner encima de la mesa la gestión del día a día, lo que ha hecho asomar el eje izquierda-derecha, algo que parecía olvidado en Cataluña tras años de proyecto rupturista.

De hecho, una reciente encuesta del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat -CIS catalán- ha avalado este escenario con datos significativos: el 56% de los catalanes prioriza la gestión frente al “procés”, que ahora solo un 36% de los catalanes considera prioritario -cuando hace un año se situaba en el 56%-.