Sex Pistols: los reyes del punk asolan a los rednecks del sur de Estados Unidos

La gira norteamericana de la banda se recuerda como una de las más polémicas y accidentadas de la historia

Pocas veces se ha dado en la Historia un contraste tan fuerte de mentalidad, cultura e imagen como en el caso que nos ocupa. La famosa gira de los reyes del punk, Sex Pistols por el sur de los Estados Unidos, tierra de “rednecks” que no destacan exactamente por tener una visión de la vida progresista y abierta a las nuevas tendencias.

Tenia que comenzar en la adecuada fecha de pocos días antes de Nochevieja de 1977, pero se retrasó hasta enero por problemas con los visados (había antecedentes penales). La gira estuvo llena de problemas en general, entre ellos, con la audiencia y con todo el mundo, lo que era previsible. El polémico y famoso representante de la banda, Malcolm McLaren, admitió tiempo después que directamente buscó la confrontación con las audiencias más sureñas de cada lugar.

El líder del grupo, Johnny Rotten, dedica palabras poco amables para esta gira en su autobiografía “No Irish, No Blacks, No Dogs”. Señala que “durante la gira nos pagaban la mísera cantidad de diez dólares al día. La comida no es que fuera de primera calidad y en general todo era bastante cutre. Al ir a Estados Unidos nos imaginábamos que todo iba a ser un espectáculo maravilloso y en cierto modo eso es lo que nos encontramos, pero no fue precisamente lo que la gente asocia a la palabra espectáculo. Al elegir sólo el Sur de Estados Unidos para tocar no se trataba de echar el grupo a los leones. San Francisco fue lo más al norte que tocamos y no sin una larga discusión. Yo prefería no ir porque me parecía muy al norte”.

La gira duró dos semanas y terminó no muy al sur, en el mítico Winterland de la californiana San Francisco. Un concierto histórico que fue grabado. En esos catorce días anteriores, el más que icónico bajista, Sid Vicious dejó muy claro en todos los estados sureños que era adicto a la heroína. Rotten después escribió: «por fin Sid tenía un público que se comportaba con miedo y horror. Era fácil llevar a Sid por la nariz».

La adicción de Sid trajo de cabeza a todo el mundo. Sex Pistols querían conquistar esos estados para conquistar Norteamérica, que se les estaba resistiendo a nivel de éxito. En lo musical, estaban en la cúspide. Su debut, “Nevermind the Bollocks”, está considerado la obra maestra del punk y uno de los mejores primeros discos de la historia de la música.

Sid no paró durante toda la gira. En Memphis lo encontraron en un hospital con las palabras “Gimme a fix” (dame un chute) escrito en su cuerpo con una cuchilla. Vicious llamó al público «puñado de maricas», durante un concierto en San Antonio, Texas, antes de golpear a un espectador con el bajo en la cabeza.175 En Baton Rouge, Luisiana, recibió sexo oral simulado en el escenario, sobre lo que después declaró: «ese es el tipo de chica que me gusta».

Sufriendo el síndrome de abstinencia de la heroína en el concierto de Dallas, Texas, escupió sangre encima de una joven punk que se había subido al escenario y le había propinado un puñetazo.Después, esa misma noche, acudió al hospital a tratarse varias heridas. Ya fuera del escenario se dice que le dio una patada a una fotógrafa, atacó a un guarda de seguridad, y finalmente retó a uno de sus guardaespaldas a pelear: tras recibir una paliza, dicen que exclamó: «Me gustas. Ahora podemos ser amigos».

Rotten cada vez estaba más alejado del resto del grupo, y más que nada estaba cansadísimo de Sid. En el citado concierto de San Francisco, Johnny se divirtió cantando “No Fun” de The Stooges, y al final dijo riendo sarcásticamente al público "¿Habéis sentido alguna vez que os han estafado? Buenas noches», antes de tirar el micrófono y dejar el escenario.

En su libro, escribió que "me sentía estafado, y ya no iba a aguantarlo más; era una farsa ridícula. Sid había perdido completamente la cabeza: no era más que un desperdicio de espacio. Todo era una broma llegados a este punto... Malcolm no me hablaba.... No discutía nada conmigo. Pero después se giraba y les decía a Paul y Steve que toda la tensión era culpa mía porque no estaba de acuerdo con nada».

No todo era negro para el líder. “La gente del Sur me pareció muy abierta. Todas las tonterías que nos habían contado sobre que nos iban a matar a tiros eran infundadas. Les gustaba mucho la fiesta, bebían mucho y hacían todo en exceso, pero sin violencia. No niego que sean gente violenta, pero no necesitan recurrir tanto a la violencia. Los sureños hacen gala de una capacidad de contención admirable. No necesitan demostrar lo duros que son. Son gente de grandes dimensiones. Un chaval de quince años es como un camionero de treinta y cinco de Nueva York”, comentó en su libro.

El 17 de enero, la banda se separó, encaminándose por separado a Los Ángeles. McLaren, Cook y Jones se prepararon para volar a Río de Janeiro para tomarse unas vacaciones. Sid, en muy mala forma, fue llevado a Los Ángeles por un amigo, que después le llevó a Nueva York, donde fue hospitalizado de inmediato.

También en el libro, Rotten después describió su propia situación: «los Sex Pistols me abandonaron, perdido en Los Ángeles sin billete de avión, sin hotel, y habiendo dejado un mensaje a Warner Bros diciendo que si alguien llamaba diciendo que era Johnny Rotten, era mentira. Así fue como terminé con Malcolm: aunque no con el resto de la banda; siempre me agradarán».

Finalmente, Rotten voló a Nueva York, donde anunció la ruptura de la banda en una entrevista a un periódico el 18 de enero.184 Arruinado, telefoneó al jefe de Virgin Records, Richard Branson, quién aceptó pagarle el billete de vuelta a Londres, vía Jamaica. En Jamaica, Branson se reunió con los miembros de la banda Devo, en un intento de convertir a Rotten en su vocalista. Devo declinó amablemente la oferta.

Vale la pena todo lo que comenta Rotten en su autobiografía sobre la gira sureña. “No había nadie que llevara a un grupo de rock & roll al Sur y evitara especialmente Nueva York como si tuviera la peste. Por eso me encantaba la idea, aunque sólo fuera por la rebeldía que implicaba la decisión. Fue genial, una de las mejores contribuciones de Malcolm. Nos decían que nos iban a matar. Pues vale. Les demostramos que se equivocaban. Alguno acabó muerto, pero no los que contaban. “Son unos fanáticos de la Biblia y se pasan el día disparando”, insistían. Es verdad que había fanáticos de la Biblia y pistolas, pero no era a nosotros a quienes apuntaban. No eran más que disparos al aire. El conductor del autocar era un tipo negro que nos desaconsejaba ir a todos los sitios que estaban programados porque le aterrorizaba el Sur. Odiaba estar allí y pensaba que nos estábamos jugando el pescuezo a cada minuto.En cierto modo tenía razón, sobre todo si tenemos en cuenta el público para el que tocábamos, auténticos vaqueros. No eran, ni remotamente, salas de rock & roll”. Añade que “se veían muchos mexicanos entre el público. A mí me parecían indios. A un grupo muy grande de mexicanos les gustamos y los vaqueros tuvieron que callarse y dejar de tirar botellas”.