La Guerra Civil en Barcelona, vista por el cónsul de Estados Unidos

Mahlon F. Perkins dejó escritas varias crónicas sobre lo sucedido esos días

Una imagen de los bombardeos en Barcelona por las tropas italianas durante la Guerra Civil
Una imagen de los bombardeos en Barcelona por las tropas italianas durante la Guerra Civil

Hay testimonios qque explican la Guerra Civil de otra manera. Son los extranjeros que vivieron todo aquello e informaron de todo aquello para sus jefes, aunque este fuera el presidente de Estados Unidos. Este diario tuvo acceso a los documentos que explican de otra manera esos hechos y la situación que se vivía especialmente en Barcelona de la mano del cónsul estadounidense en la capital catalana.

Se llamaba Mahlon Fay Perkins y nació en North Adams, Massachussetts en 1882. Antes de aterrizar en Barcelona, trabajó como diplomático en varias ciudades asiáticas. De su paso por la Barcelona de la Guerra Civil hay testimonio gracias a una serie de documentos, hoy desclasificados, que forman una suerte de diario sobre aquellos días en la capital catalana.

Uno de los primeros mensajes no es directamente de Perkins sino del entonces embajador en París quien había logrado el 22 de julio de 1936 comunicarse con su compañero en Barcelona: «Cónsul Franklin informa que las tropas en el cuartel se rebelaron contra el Gobierno el domingo o el lunes. La revuelta fue reprimida con considerables bajas. En la ciudad, un gran número de socialistas y comunistas armados persiguen a los fascistas por toda la ciudad y en el proceso registran los edificios y las casas. Numerosos disparos en las calles que hacen que sea peligroso salir. El cónsul Franklin informa que la sucursal de General Motors Company en Barcelona le ha pedido que encargue a un pequeño carguero estadounidense que está en Tarragona que venga a Barcelona y se los lleve. El Cónsul declinó hacer esto porque no lo consideró una medida útil, además siente que no tiene autoridad para hacerlo; y además, hay varios cientos de estadounidenses en la ciudad». El cónsul, según la carta, «ha aconsejado a todos los estadounidenses en Barcelona que permanezcan en casa. Hasta ahora, ningún estadounidense en Barcelona ha resultado herido».

Tras el estallido de la guerra, Franklin pudo comunicarse por primera vez con Estados Unidos mediante telegrama el 25 de julio. Pedía barcos para poder repatriar a ciudadanos de su país en Barcelona: «Envíe el USS Quincy, que según tengo entendido, está en Gibraltar a Barcelona, ya que todas las comunicaciones están amenazadas». Un día más tarde, el diligente cónsul daba instrucciones para que fueran transmitidas al capitán del barco.

El 23 de agosto, Franklin finalmente logró transmitir cuál era la situación en Barcelona tras el primer mes de contienda: «Realmente no creo que este sea un lugar seguro para los estadounidenses. La amenaza a la seguridad de sus vidas no está activa ahora, pero puede que lo sea en cualquier momento. Todo indica que la situación local se volverá más peligrosa. Esta creencia se basa en una estrecha observación y contacto con los grupos en el poder. Por supuesto, el peligro puede prevenirse o retrasarse. Si el desorden y la falta de autoridad se hicieran más evidentes, sería demasiado tarde para brindar seguridad y proteger la vida de todos los estadounidenses». Pese a los inconvenientes, el diplomático tenía claro cuál era su sitio: «Me quedo, por supuesto, mientras pueda ser útil».

A medida que el conflicto fue siguiendo su sangrienta senda, el rigor del cónsul en sus mensajes se fue consolidando. Muchos de ellos son una buena crónica de la contienda. Es lo que pasa tras los llamados Sucesos de Mayo: «Las autoridades del gobierno local parecen tener el control de la mayor parte de la ciudad, pero se informa que el gobierno central de Valencia está asumiendo el control del orden público en Cataluña. Hasta ahora no se ha estimado el número total de víctimas, pero probablemente unos 200 muertos y muchos más heridos hasta la fecha. El nuevo gobierno del presidente Companys se formó ayer y consta de cuatro miembros que representan a anarquistas, socialistas, campesinos y republicanos de izquierda. Nuevo miembro socialista asesinado poco después del nombramiento y reemplazado».

El embajador de Estados Unidos también estaba en contacto con el cónsul. De esta manera pudo hablar sobre Companys a Washington tras los Sucesos de Mayo de 1937: «La fuerza de los sindicalistas extremos y los anarquistas en Barcelona ha hecho más precaria la posición del Gobierno de Companys durante meses. Una cosa me convence de que debe haber un cambio radical en ese trimestre. Conozco a Companys, sé que es un político tímido y elegante, sin mucho valor de ningún tipo; y cuando de repente toma el toro por los cuernos y sale abiertamente a reclamar la unificación de todas las fuerzas bajo la autoridad del Gobierno, sé que debe haber habido un cambio en la opinión pública. No es un hombre que se aventuraría mucho».