Jordi Amat: «Sin Josep Pla no hubiera habido Alfons Quintà»

El autor publica «El hijo del chófer», un retrato del periodista y de la cara oculta del poder de la Cataluña de su tiempo

El escritor Jordi Amat, autor de "El hijo de chófer"Toni AlbirEFE

Probablemente sea Alfons Quintà quien mejor representa lo que no debe ser un periodista. Él fue la personificación de un ego desmedido, de un periodismo sin escrúpulos y la representación de un horror que acabó con el asesinato de su esposa para después suicidarse. Ese relato es el que encontramos en «El hijo del chófer» (Tusquets Editores/Edicions 62), escrito por Jordi Amat, un libro duro y espléndido, en el que, junto a Quintà, aparecen secundarios de lujo como Josep Pla o Jordi Pujol. Es también un relato del poder y de las cloacas catalanas. Antes de empezar esta entrevista, Amat reconoce que soñó con su biografiado mientras trabajaba en el libro.

–Soñé un día con él. Me lo encontraba en un vagón de metro y se sacaba una pistola del bolsillo.

–En un primer momento, cuando empecé a leer su libro, pensaba que era una biografía de Quintà, pero también lo es sobre una determinada política y corrupción en Cataluña. ¿Puede verse también de esta manera su libro?

–En el mejor de los mundos posibles, el libro es una reflexión sobre el funcionamiento oscuro del poder. Pocos personajes lo permitían tanto como Alfons Quintà. Como el mundo que he estudiado es el de la construcción de cultural y política de la Cataluña de la segunda mitad de siglo XX, me interesaba porque es nuestro mundo, pero también porque nos permite ver cómo funciona realmente nuestro mundo. Es probable que el hecho de ser alguien poseído por el poder lo convirtiera en un amoral. Este es el caso.

–¿Cómo llega a Alfons Quintà?

–Había leído «Una vida entre burgesos», las memorias de Manuel Ortínez, es un libro importante para generarme interés por el personaje empezando por su padre, por Josep Quintà. Fíjese lo que son las cosas. En su autobiografía, Ortínez dice que el burgués más importante de su tiempo fue Domingo Valls i Taberner, alguien que ni tiene entrada en Wikipedia. Es curioso como para el mundo del poder económico su relación con la comunicación es no aparecer. No estamos acostumbrados a analizar el mundo del dinero y que tiene una dinámica que es la de no hacer ruido.

–Quintà tiene acceso a ese mundo.

–Sí. La metáfora del libro es que cuando ocurre un suceso muy bestia, nos quedamos viendo el charco de sangre. Pero lo interesante es ver cómo se filtra la sangre en la tierra. Explorar todo eso nos permite adentrarnos en ese fango. Me preguntaba antes si podía ser visto el libro como una contracrónica. No formaba parte de mi objetivo.

–¿Todavía da miedo hablar de Quintà?

–Sí. Hay gente que no quiere hablar, pero no solamente por miedo. Hubo una persona que me comentó que me hablar de él le producía cáncer de garganta. También ha habido quien me ha contado cosas, pero no ha querido que apareciera ventajas. Es una ventaja que él esté muerto y mueriera de esa manera. El problema es que nadie quiere hablar bien de él.

–Ha escogido un personaje que era imposible salvar.

–Cuando Albert Vicens me enseñó las fotografías de Quintà niño con su padre pensaba que eso podría haber ido bien si las cosas hubieran cambiado, pero no fue así. Un periodista me comentaba estos días sus dos encuentros con Quintà. En el primero, para entrar en «El Observador», el diario que dirigió Quintà, éste le preguntó qué tal era su inglés. «¿Podría echar un polvo en inglés? ¿Y en francés?» Se quedó de piedra con esas preguntas.

–Quintà se fue quedando solo. Todos le dieron la espalda.

–Sí, al final.

–Hablaríamos de Pujol, Pla...

–Con Pla no lo sabemos, pero con Pujol o Tarradellas las cosas no fueron bien. Igual pasa con Prenafeta. No he conocido a nadie de su generación que me pudiera hablar bien de él.

–¿La gran obsesión de Quintà era matar a su padre metafóricamente hablando?

–Jaume Miravitlles escribe un artículo sobre él en el que es extraordinariamente preciso. Primero empieza diciendo que es el mejor periodista catalán y de España, alguien que tiene exclusivas muy importantes, como la primera entrevista con Tarradellas, las primeras informaciones sobre los contactos entre Tarradellas y Suárez antes de reunirse en Madrid, además de todo lo relacionado con Banca Catalana. Pero Miravitlles también señala en ese artículo que es un parricida.

–¿Qué importancia tuvo Josep Pla en su trayectoria?

–Sin Josep Pla no hubiera habido Alfons Quintà. El hecho de que la familia Quintà estuviera en la red Pla les dio unas oportunidades que de otra manera no habrían tenido. Una de las fuentes principales del periodista es Ortínez y eso es gracias al escritor. Es a través de Trias Fargas y Sentís, que forman parte del grupo ampurdanés, que entra en «El País». Es decir, aquella era una red muy potente.

–Uno de los mitos que han perseguido a Alfons Quintà es que empleaba dosieres con los que chantajear al poder. ¿Los ha encontrado? ¿Dónde se guardan?

–Creo que nunca existieron. Lo que sí es cierto es que Quintà tenía una memoria prodigiosa y se servía de eso, pero nada más. No le hizo ningún chantaje a Jordi Pujol, como se ha dicho, aunque Quintà se encargó de cultivar esa leyenda.