¿Por qué Puigdemont no optará a la presidencia de la Generalitat? Los efectos de su decisión

Su rechazo a ser candidato el 14-F abre la puerta a la batalla entre Borràs y Calvet, dos modelos opuestos. Él puede liderar alguna lista

El lunes empieza el trámite del suplicatorio pidiendo levantar la inmunidad de Carles Puigdemont, que se puede alargar cuatro mesesFrancisco SecoAP

La noticia política de la semana y probablemente una de las claves que marcarán el devenir de las próximas elecciones autonómicas es la renuncia de Carles Puigdemont a ser el candidato de Junts per Catalunya a la presidencia de la Generalitat. Una decisión que despeja algunas incógnitas y abre nuevos interrogantes en la lucha intestina que libran postconvergentes y republicanos por retener el mando del independentismo, del «procés» y del poder en el seno del Govern.

«La represión española me impide ser el candidato a la investidura, no lo seré. Pero no renuncio a liderar el proyecto, estaré en la candidatura, trabajaré a fondo para poder avanzar de una forma más decidida hacia el objetivo del referéndum del 1-O». Con estas palabras Puigdemont confirmó que no daba el paso y dio algunas pistas de su papel futuro: renuncia a recuperar el relato que él mismo lanzó en 2017 –la promesa incumplida de que volvería para ser investido como gancho electoral–; evita de nuevo que Esquerra le frene el paso y se niegue a un hipotético nombramiento a distancia –como ya hiciera Roger Torrent en 2018, episodio ineludible para entender el divorcio posterior entre JxCat y ERC– ; y deja claro que su papel será activo y participará de la contienda.

Además, se asegura la inmunidad como eurodiputado pese a que mañana empieza el suplicatorio por parte de la comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo para levantársela, un trámite que puede alargarse cuatro meses. Los abogados de los eurodiputados de Junts-Lliures per Europa, Carles Puigdemont, Toni Comín y Clara Ponsatí alegarán que hay “pruebas sólidas de persecución política, que en la mayoría de países de la UE el delito de sedición no existe y la incompetencia del Tribunal Supremo” en el procedimiento para responder a los suplicatorios cursados por el Alto Tribunal para levantarles la inmunidad parlamentaria, según han informado fuentes de JxCat-Lliures a Europa Press.

Al margen de esta cuestión, Puigdemont pide foco ante el 14-F y abre otra nueva incógnita: ¿Cuál será su rol? El expresident no dio detalles en su anuncio sobre qué puesto de la lista podría ocupar, pero fuentes del partido consultadas por Efe esta semana lo sitúan con toda probabilidad como posible cabeza de lista «simbólico» por Barcelona, dejando a otro líder ser «candidato efectivo». Otra de las opciones pasaría por volver a la candidatura por Girona, en la que concurrió en 2015 como «número tres» y antes de que Artur Mas hiciera saltar la banca nombrándole por sorpresa candidato a la investidura tras el veto de la CUP.

Sea cual sea su papel, lo cierto es que Puigdemont ya dejó claras las líneas maestras de JxCat en su discurso del miércoles: «Cataluña necesita retomar el hilo del 1-O, debemos acabar el trabajo. Pero sólo lo podremos hacer si el independentismo es capaz de articular un Gobierno fuerte». Es decir: una apuesta nítida por la independencia abrazando postulados unilaterales y por reivindicar la gestión postconvergente al frente de la Generalitat, además de subrayar y denunciar la «represión del Estado», otra de las patas de su discurso.

En clave interna, la decisión de Puigdemont da espacio a la batalla entre Laura Borràs y Damià Calvet para ocupar el puesto de presidenciable de JxCat el 14-F. Una pugna en las primarias que destapa a priori dos modelos antagónicos de hacer política. Borràs, exconsejera de Cultura y líder de la formación en el Congreso, encarna la nueva tradición de fichar y promover a a independientes dentro del nuevo universo postconvergente. Sin carné de partido antes de su adhesión a JxCat, se trata de una candidata de la confianza del expresident Quim Torra –quien le ha manifestado abiertamente su apoyo–, tiene un importante apoyo entre las bases y es una de las voces más beligerantes contra el Estado.

En cambio, el perfil de Calvet es mucho más técnico y está emparentado con la tradición de gestión convergente, partido al que se afilió cuando no era ni mayor de edad. Además, cuenta con el apoyo del exconsejero condenado por el 1-O, Josep Rull, otro peso pesado de la formación.

En dos domingos -el 29 de noviembre- se conocerá el candidato definitivo de JxCat, que aspirará a batirse en duelo con Pere Aragonès y los buenos augurios que pronostican los sondeos para Esquerra.