La luz del Modernismo resurge en una exposición

El Museu del Modernisme de Barcelona vuelve a abrir sus puertas con una selección de vidrieras de algunos de los principales maestros de este periodo artístico

Vitral de la muestra 'Elogi al color' del Museu del Modernisme de Barcelona MUSEU DEL MODERNISME 13/11/2020Servicio Ilustrado (Automático) MUSEU DEL MODERNISME

Nos has explicado el Modernismo catalán de muchas maneras, pero lo más habitual es centrarse en la pintura y en la arquitectura, en ese camino que nos lleva de Ramon Casas a Antoni Gaudí. Pero hay más maneras de adentrarse en ese mundo y eso es lo que propone desde esta semana el Museu del Modernisme de Barcelona en una singular exposición en la que podemos adentrarnos en todo el esplendor de los vitrales modernistas. Es un tema prácticamente inédito en cuanto a su exhibición por la fragilidad de estas piezas únicas y de gran fuerza lumínica.

Lo que encontrará el visitante de la muestra es el resultado de cuatro décadas dedicadas al coleccionismo de estas obras por parte de la familia Pinós Guirao. La mayoría de estos trabajos proceden de casas que ya no existen y que estuvieron en pie en alguna de las calles del Eixample barcelonés, antes de que la especulación hiciera que algunos de esos tesoros pasaran a ser escombros. Se trata de una verdadera labor de salvación de un patrimonio que de otra manera habría acabado en un contenedor o decorando el palacete de algún millonario tejano. Afortunadamente están en Barcelona y hoy pueden disfrutarse en este museo de la calle Balmes de la capital catalana.

Según explica Gabriel Pinós, responsable de la exposición, se ha querido «que el museo quede en la penumbra para que sea el color quien va guiando». Y esa es la guía de un camino que nos lleva de mediados del siglo XIX a principios del XX, de la mano de un material que sirvió de inspiración a algunos de los mejores maestros que ha tenido este arte, especialmente en Barcelona. Todo ello sin olvidar las técnicas empleadas, desde el vitral plomado hasta el llamado «cloisonné».

Según Pinós, la exposición es una reivindicación de los talleres más importantes que convivieron en la capital catalana, como fue el de los Canaló, posteriormente llamado Sucesores de Caneló; el de Antoni Rigalt & Cia o el de Frederic Vidal. A este último se le debe la introducción del «cloisonné» en la capital catalana en 1899 después de haber pasado por Londres como aprendiz de la compañía The Cloisonné Glass Co. Fue ese un momento fundamental al hacer de las dos ciudades europeas las únicas en el mundo donde se empleaba esa técnica.

En cuanto a las temáticas, las vidrieras se inspiran en la naturaleza, con un especial énfasis en la ornamentación floral. Igualmente interesante resulta el empleo de la figura femenina en muchas de estas composiciones, al igual que el uso que se le da en obras de corte religiosa, muchas de ellas centradas en Sant Jordi o en la Virgen de Montserrat.

Entre las joyas en el Museu del Modernisme brilla con especial fuerza «Vita», un encargo que en 1911 realizó el taller Antoni Rigalt & Cia al pintor Joaquim Mir. Es una de las obras maestras de esta técnica. Esta vidriera debía exhibirse en 1911, año de su realización, en la Exposición de Arte Decorativo de Madrid, pero nunca llegó a viajar. Sorprendentemente se pasó no pocos años en la entrada del taller de Rigalt como un reclamo de bienvenida a los clientes de aquel artista. «Vita» es, por otro lado, un buen ejemplo de la comunión entre dos genios: Rigalt y Mir, una combinación de resultado extraordinario.

«Primavera» es el título de otro de los trabajos más brillantes en la exposición. En este caso es fruto del buen hacer del taller de Maumejean Hermanos, una firma clave en los siglos XIX y XX. Con un origen francés, cuando el vidriero Jules Pierre Mauméjean abrió en Pau un taller, en 1860, sus hijos siguieron su estela, pero acabando trasladándose a España, pasando por Madrid, San Sebastián y, finalmente, Barcelona. Fue en la capital catalana, en el taller instalado en número 120 de Rambla Catalunya, donde surgieron trabajos como esta «Primavera» que toma a las figuras femeninas que la protagonizan de dos carteles de Alfons Maria Mucha. Es la misma modelo que también encontramos en el cartel destinado a la publicidad en 1901 de la casa de chocolates Amatller.

Todo ello es, en definitiva, un paseo por la luz modernista y que se ofrece en visitas concertadas con el museo. Una manera de ver de otra manera este arte.