España

El mensaje oculto de los disturbios de Cataluña

Los extremistas aprovecharon el encarcelamiento de Hasél para empezar a “enfocar” al futuro Gobierno de la Generalitat hacia la independencia

Un momento de los incidentes habidos en Cataluña DPA Europa Press
Un momento de los incidentes habidos en Cataluña DPA Europa PressDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

La virulencia de los incidentes que se produjeron anoche en algunas localidades de Cataluña, aunque convocadas para protestar por el encarcelamiento del rapero Hasél, llevaban un mensaje implícito para los responsables de formar el nuevo Gobierno de la Generalitat.

Según han informado a LA RAZÓN expertos en la materia, los organizadores de los disturbios, al subir la intensidad de los ataques, en especial con el realizado contra la comisaría de los Mossos D’Esquadra de Vic, trataban de presionar para que el nuevo Ejecutivo se fije como objetivo prioritario una nueva declaración de independencia y la proclamación de una república.

Para estos sectores extremistas del separatismo catalán resulta impensable la formación de un Gobierno distinto del que consideran “legítimo”, al haber alcanzado los secesionistas un 50% de los votos. Pese a ello, tal y como adelantó este periódico el lunes, están dispuestos ejercer la violencia callejera que sea necesaria.

La firma del documento contra un posible pacto con los socialistas catalanes es un compromiso que los radicales pretenden que se cumpla a toda costa y, como no las tienen todas consigo, hacer una demostración de lo que son capaces, como ocurrió ayer, es la presentación de su “tarjeta de visita”.

Los citados expertos insisten en que la violencia desplegada era absolutamente desproporcionada al objeto de la protesta, el encarcelamiento del rapero, y que el ataque a la comisaría de Vic, con incidentes de extrema gravedad, es una demostración de ello.

Todo parece indicar que el “mensaje” fue recibido y la citada comisaría fue visitada, ante la gravedad de lo que pudo ocurrir, por el major Josep Lluis Trapero, los comisarios Ferran López y Joan Carles Molinero y el conseller d’Interior, Miquel Samper, con el fin de mostrar su apoyo tras el ataque sufrido.

Una forma de contestar a los extremistas que la Consejería de Interior y los responsables de los Mossos no están dispuestos a permitir este tipo de alteraciones del orden público.

Pero la imagen no deja de traslucir la preocupación que, con toda seguridad, existe entre esos responsables ante la deriva que puedan tener los acontecimientos en las próximas semanas.

El balance oficial de la policía autonómica indicaba que se habían producido dos detenidos en Barcelona, cuatro en Vic, ocho en Lleida. Un total de 33 personas fueron atendidas por el Sistema de Emergencias Médicas (SEM), entre ellas 17 Mossos.

Lo ocurrido en los últimos tiempos en Cataluña con la violencia callejera demuestra que sus organizadores tienen la capacidad de modular su intensidad, según les convenga. Recientemente, cuando interiorizaron que los ataques a Vox podían estar beneficiando al partido de Santiago Abascal limitaron la intensidad de los ataques.

El anuncio formulado en su día por el Gobierno de Sánchez de abrir una mesa de negociación hizo que la presencia de los extremistas se convirtiera en simbólica.

Ahora, ante la inminencia de la formación de un nuevo Gobierno para la Generalitat, están preparados para ejercer la presión que sea necesaria con el fin de que ese Ejecutivo se marque el objetivo de la independencia.