Esquerra y JxCat estiman la investidura de Pere Aragonès para mediados de abril

Los republicanos y los posconvergentes se dan más tiempo para alcanzar un acuerdo, aunque la CUP advierte que no asumirá ningún cambio en su pacto

La consellera de la Presidencia y portavoz del Govern de la Generalitat, Meritxell Budó; el conseller de Territorio y Sostenibilidad, Damià Calvet; y el vicepresidente de la Generalitat en funciones y candidato de ERC a la Presidencia, Pere Aragonès.
La consellera de la Presidencia y portavoz del Govern de la Generalitat, Meritxell Budó; el conseller de Territorio y Sostenibilidad, Damià Calvet; y el vicepresidente de la Generalitat en funciones y candidato de ERC a la Presidencia, Pere Aragonès.David Zorrakino

La política catalana se ha convertido en un terreno lleno de incertidumbre y poco propicio para hacer pronósticos. No obstante, entre los negociadores de Esquerra y JxCat se estima que para mediados de abril podría alcanzarse un acuerdo para la investidura de Pere Aragonès. Los plenos del viernes y del martes han hecho evidentes las deterioradas relaciones entre los principales partidos independentistas, pero también es cierto que en los últimos días se han producido algunos avances y, por ahora, nada hace indicar que pueda haber una ruptura entre ambas formaciones que impida un pacto y alumbre un gobierno de coalición.

Los republicanos han presionado para tratar de cerrar una entente lo antes posible, pero se han dado de bruces con las exigencias de JxCat. Los posconvergentes reclaman más tiempo para cerrar un «buen acuerdo», aunque detrás de esta petición aparecen las propias divisiones internas del partido de Carles Puigdemont (hay facciones que defienden entrar en el Govern y otras que apuestan por la oposición) y la voluntad de desgastar al máximo al presidenciable de Esquerra, evitar que pueda consolidar su liderazgo al frente de la Generalitat.

Las desconfianzas entre los dos partidos también abonan el terreno para dificultar el acuerdo. En este sentido, JxCat exige un pacto que dure toda la legislatura y que permita entrar al detalle de multitud de asuntos: ya no solo en la dirección del «procés» y el papel de Carles Puigdemont y su Consell per la República, sino también con la posición a adoptar por el independentismo en Madrid. En este punto, Esquerra se ha convertido en un socio del Gobierno de Pedro Sánchez, mientras que JxCat se ha mantenido en la oposición y en el «no a todo» durante la legislatura. Los posconvergentes quieren acabar con esta diversidad de pareceres y unificar el sentido del voto.

Pero más allá de estas cuestiones más propias del «procés», también aparecen diferencias en aspectos sectoriales y competenciales. A nivel sectorial, las divergencias corren el riesgo de dinamitar el acuerdo de Esquerra con la CUP ya que JxCat ha mostrado ya su rechazo a determinadas medidas, como la puesta en marcha de una renta básica universal o acabar con la colaboración público-privada en sanidad y educación. Los anticapitalistas ya han advertido de que es «inasumible» revisar su acuerdo con ERC porque consideran que ya es un entendimiento de «mínimos». A nivel competencial, las divergencias también son notables y se centran sobre todo en Salud y Economía: los posconvergentes quieren continuar gestionando la pandemia y administrar los fondos europeos, pero Esquerra se resiste a ceder esas funciones. JxCat quiere cerrar la estructura y plan de gobierno antes de la investidura.

Aragonès cuenta ahora con 33 apoyos de Esquerra y nueve de la CUP, pero para la investidura necesitará 68: es decir, los 32 de JxCat se vuelven imprescindibles. El acuerdo final a tres y las diferencias que hay hacen difícil, en todo caso, hacer previsiones muy precisas. Como ocurre, en general, con todo en la política catalana, envuelta por la incertidumbre desde que arrancó el proceso independentista.