¿Nuevas elecciones en Cataluña? Las claves del laberinto político a 15 días de la fecha límite

Las formaciones independentistas tienen hasta el 26 de mayo para lograr una investidura

El vicepresidente del Govern en funciones, Pere Aragonès.
El vicepresidente del Govern en funciones, Pere Aragonès.GOVERN GOVERN

Hasta los propios partidos protagonistas del bloqueo político en Cataluña (Esquerra y JxCat) reconocen que la ciudadanía se ha perdido en todo el enredo de las negociaciones. Las conversaciones han ido dando tumbos hasta estallar por los aires el pasado sábado. Los partidos tienen ahora 15 días hasta el 26 de mayo para lograr una investidura: si no, se convocarán elecciones de forma automática para celebrarse el 20 de julio -día labora (martes)-.

Las relaciones entre Esquerra y el espacio convergente (ahora dividido entre JxCat y PDeCat) han estado marcadas históricamente por los recelos y, con el inicio del “procés”, contrajeron un matrimonio de conveniencia -que se ya se alarga desde 2012-. Si bien, el punto de partida de todo el desaguisado de ahora cabría buscarlo casi cuatro años atrás: octubre de 2017. Pese a que el independentismo presente aquel mes como una victoria frente al Estado por la celebración del referéndum ilegal del 1-O y la declaración unilateral de independencia del 27-O, lo cierto es que se registraron días de auténtica tensión en las filas separatistas que han desembocado en una ruptura entre Carles Puigdemont y Oriol Junqueras que determinó la legislatura pasada -plaga de choques- e impide dar comienza a esta.

Resultados electorales:

Esquerra (33 diputados) venció a JxCat (32) por 30.000 votos en las elecciones del 14 de febrero y tomó la iniciativa para investir a Aragonès. La CUP obtuvo nueve escaños y el bloque independentista revalidó su mayoría en el Parlament (74 parlamentarios de 135) y reivindica que, sumando los votos del PDeCat, alcanzaron el 52% de los sufragios -nunca habían rebasado la barrera del 50%-. Estos resultados reforzaron al independentismo -aunque también hay que tener en cuenta que la participación se desplomó 25 puntos y tanto Esquerra como JxCat y la CUP perdieron votos con respecto a 2017- tan solo a nivel simbólico porque a nivel interno se ha convertido en un arma de autodesgaste más: JxCat interpreta estos resultados como legítimos para materializar la independencia, mientras ERC considera que tampoco es fuerza suficiente y hay que contemporizar y ampliar aún más la base.

Parlament:

Tras las elecciones del 14 de febrero, se pusieron de acuerdo Esquerra y JxCat en cómo repartirse Generalitat y Parlament: Aragonès lideraría el Govern y Laura Borràs la cámara catalana. Ahora, esta distribución también se puede volver contra los republicanos porque no tienen garantizado la investidura de Aragonès y un intento de someterse a una votación en el Parlament, como pretende forzar, tiene que recibir el beneplácito de Borràs, que es quien convoca las rondas de consultas y los plenos. Y, en este sentido, Borràs tendría que proponer a Aragonès o podría tener la tentación de escoger a Salvador Illa si ninguno de los dos tiene los votos asegurados.

Acuerdo Esquerra y CUP:

Los republicanos quisieron atar un acuerdo primero con la CUP para presionar después a los posconvergentes y ese paso se ha convertido en contraproducente porque ha envenenado las negociaciones. JxCat lo ha usado como una traba para lograr su acuerdo con ERC -asegurando que ese pacto no les interpela-. Los posconvergentes critican de ese pacto que se dé de plazo dos años a la mesa de diálogo entre Generalitat y Gobierno y medidas socioeconómicas, como la Renta Básica Universal o la internalización de determinados servicios públicos -como el 061 o el transporte sanitario-.

Investidura fallida:

Tras ese pacto con la CUP, Aragonès decidió someterse a dos intentos de investidura -ya que la Ley indica que deben celebrarse los plenos 10 días después de la constitución del Parlament- y perdió las votaciones porque JxCat se abstuvo.

Diferencias entre ERC y JxCat:

Las negociaciones entre Esquerra y JxCat albergan múltiples carpetas: tanto la vertiente institucional como la vertiente del “procés”. Así, el apartado más institucional ha avanzado con más facilidad: el plan de gobierno está próximo al acuerdo y la estructura de gobierno (distribución de conselleries) también avanza bastante pese a que hay diferencias sobre el reparto de competencias -la conselleria de Salud y los fondos europeos son las dos principales áreas deseadas-. Las divergencias más sensibles se hallan sobre tres puntos que afectan a la hoja de ruta independentista: el espacio de coordinación del “procés” (JxCat quiere imponer el Consell per la República que preside Puigdemont y Esquerra y la CUP quieren crear otro órgano más transversal); la mesa de diálogo con el Gobierno y qué hacer si falla en dos años (JxCat quiere regresar a la confrontación y la CUP quiere celebrar un referéndum antes de 2025); y, el rumbo a tomar en el Congreso de los Diputados (JxCat quiere unificar voto entre diputados independentistas y Esquerra defiende mantener criterio propio).

Esquerra:

Esquerra se hartó de las negociaciones la semana pasada y el sábado, tras 83 días de conversaciones con JxCat, dio un golpe encima de la mesa y cerró la puerta a un gobierno de coalición para defender una investidura inmediata de Aragonès e iniciar la legislatura con un ejecutivo en minoría. Los republicanos reprochan los tumbos de JxCat y explican que el sábado 1 de mayo hubo una reunión en el centro de penitenciario de Lledoners en la que parecía que el acuerdo estaba casi cerrado y, de hecho, se dieron 48 horas a los posconvergentes para que dieran su visto bueno. Pero ese visto bueno no llegó y Esquerra estalló y dio un vuelco a la situación el sábado.

JxCat:

JxCat ha ignorado el órdago de Esquerra e insiste en volver a las negociaciones para formar un gobierno de coalición. Lo cierto es que aquí hay dos puntos a destacar: por un lado, que JxCat amagó hace unas semanas con apoyar a ERC e irse a la oposición para evitar elecciones y ahora matiza ese posicionamiento asegurando que en ningún regalarán los votos a Aragonès y hay sectores del partido que flirtean con volver a las urnas; por otro lado, que la militancia de JxCat será la encargada de validar qué tiene que hacer su partido tanto si hay acuerdo como si hay desacuerdo y pueden votar contra Esquerra.

Podemos:

Podemos ha irrumpido ahora en las negociaciones: ha iniciado conversaciones con Esquerra para estudiar una alternativa, aunque tiene tan solo ocho escaños y no podría salvar una investidura sin el concurso de JxCat o el PSC. Los socialistas catalanes han descartado del todo facilitar un gobierno independentista, tal y como se comprometieron en campaña y más aún después del ninguneo que han sufrido.