Lecturas del verano

Vehículos este sábado a su paso por la A-2 a la altura de Medinaceli, durante la operación salida de vacaciones.
Vehículos este sábado a su paso por la A-2 a la altura de Medinaceli, durante la operación salida de vacaciones.Víctor LerenaEFE

Salen en los periódicos por estas fechas listas y recomendaciones de libros para el verano, que parece siempre, antes de que llegue, la estación más propicia para la lectura, por imaginarse uno que va disponer de mucho tiempo, horas y horas ociosas, largas tardes enteras sin nada que hacer, y qué mejor ocupación entonces que la de leer, tan desatendida durante todo el año, y con ese fin se llevan en la maleta un par de libros por lo menos, se da por supuesto que entretenidos, y a ser posible voluminosos para que duren toda la temporada.

Y lo mismo que se hace –o se hacía, que ya nada es sólido– con las canciones, podría confeccionarse luego una lista con los libros del verano, que, en el caso del pasado y aciago 2020, estaría a buen seguro encabezada por El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

También seguramente uno de los candidatos a figurar en la de este verano de 2021 es la última novela de Javier Marías, Tomás Nevinson, y es este uno de los libros que un servidor se ha traído en la maleta y se atreve a recomendar a los pacientes lectores de esta columna.

Los otros tres, igualmente recomendables, difícilmente entrarían, por no ser de reciente publicación, en la supuesta lista: Historia del silencio, de Alain Corbin, que, como antídoto frente a estos tiempos de bullicio, reivindica, en un original recorrido por la obra de los escritores y filósofos que se han ocupado del tema, el recogimiento y la calma; La vida de las abejas, de Maurice Maeterlinck, el mejor libro, al decir de muchos, que se ha escrito nunca sobre el asombroso mundo social de las abejas, también ellas en serio peligro hoy; Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, un autor que nunca defrauda, y que en esta novela histórica ambientada en la época de la Revolución francesa recrea la vida ordenada y tranquila de Londres en contraste con la de París, agitada y convulsa.