El independentismo agita la Diada más dividida a las puertas del diálogo

La ANC exige la DUI mientras el Govern de Aragonès prepara su sanedrín y JxCat organiza un cónclave en Bruselas con Puigdemont

Manifestación en Barcelona con motivo de la Diada en 2019, antes de la pandemia
Manifestación en Barcelona con motivo de la Diada en 2019, antes de la pandemia

El independentismo afronta su Diada más difícil por las diferencias estratégicas entre partidos y entidades, las señales de desfallecimiento que ha dado el movimiento en las últimas citas y el abismo que separa a las bases del Palau de la Generalitat. Y lo hace agitando el 11-S desde distintos flancos, en una semana de alta actividad política y justo antes de la reanudación del diálogo entre el Ejecutivo de Pere Aragonès y el Gobierno de Pedro Sánchez.

La Assemblea Nacional Catalana (ANC), la organizadora de la manifestación central en Barcelona la tarde del sábado, quiere recuperar el pulso de la calle, calienta la jornada y exige volver a la vía unilateral en contraposición con la estrategia negociadora y pactista de Esquerra. Ayer mismo en una entrevista a «El Punt Avui», su presidenta Elisenda Paluzie calificó de «poco realista» acudir a la mesa de diálogo con la intención de pactar un referéndum de autodeterminación como pretende Aragonès e instó al Ejecutivo a preparar una DUI que «debería ser posible» esta legislatura. Una proclama que la ANC defiende para movilizar de nuevo al independentismo –el lema de este año es «luchemos y ganemos la independencia»– y presionar a Aragonès justo antes de la cita con el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos, prevista para la semana que viene.

JxCat, por su parte, también se repliega y cierra filas con Carles Puigdemont en un cónclave en Bruselas que se alargará tres días, desde mañana martes y hasta el jueves, y que llega después de las informaciones surgidas sobre los contactos del entorno del expresident con Rusia. El objetivo no es otro que preparar el inicio del curso político y contará con la presencia de los principales pesos pesados del partido al margen de Puigdemont: estarán Laura Borràs, el vicepresidente del Govern Jordi Puigneró y el secretario general de la formación, Jordi Sànchez.

Y es que los posconvergentes han pasado a la ofensiva en este inicio de curso político de la mano de Laura Borràs, quien propuso y anunció como presidenta del Parlamen que la cámara otorga este año su máxima distinción, la Medalla de Oro, a todas las personas «víctimas de la represión y de la causa general contra el independentismo» a raíz del referéndum ilegal del 1-O, así como a los colectivos jurídicos que las defienden.

Es más, Borràs ha programado la ceremonia de entrega en el Parlament el viernes 10, en vísperas de la Diada. Un acto que ha recibido un alud de críticas por parte de toda la oposición en bloque, que no acudirá en señal de protesta y desacuerdo.

Mientras tanto, el Govern de Pere Aragonès –quien se reunirá el miércoles con Ximo Puig– prepara el Acuerdo Nacional para la Amnistía y la Autodeterminación, una suerte de sanedrín pactado en los acuerdos de ERC con la CUP y JxCat para tratar de consensuar el rumbo del «procés». Así, está previsto que el Ejecutivo anuncie su composición y organización a mitad de semana, aunque estos últimos días ya ha trascendido uno de sus nombres de más peso: se trata de David Fernàndez, exlíder de la CUP en el Parlament y uno de los dirigentes que más consenso genera en el universo independentista.

Con este movimiento, Aragonès trata de acercar posturas con los antisistema, muy alejados de la estrategia negociadora de Esquerra y el Govern para esta legislatura. De hecho, la CUP liderará el sábado su propia manifestación de la Diada junto a varias organizaciones de la izquierda independentista radical bajo el lema «La lucha es el único camino, ni pactos ni renuncias». Y es que la formación pone en el punto de mira al president y ya ha anunciado más protestas contra la mesa de diálogo.