Un paseo por Montjuïc, la ciudad de los muertos

Artistas y escritores descansan en un cementerio convertido en un museo al aire libre

Cementerio de Montjuïc
Cementerio de Montjuïc FOTO: Cementiris de Barcelona

Cuando Barcelona se preparó para celebrar los Juegos Olímpicos de 1992, era evidente que la montaña de Montjuïc se convertiría en el centro de las actividades deportivas gracias al estadio. Sin embargo, había un problema y es que se veía como fondo el gran cementerio. El Ayuntamiento decidió colocar una serie de mamparas con las que ocultar el conjunto, como si Barcelona sintiera vergüenza de su ciudad de los muertos, su gran ciudad.

Guste o no, como si esta fuera una manera de ocultar el hecho de que alguna vez dejaremos de estar aquí, el cementerio de Montjuïc forma parte de la historia de la capital catalana. En él está enterrado una parte de nuestro pasado, con sus luces y sus sombras, con sus alegrías y sus tristezas. Desde 2004, una ruta permite conocer las tumbas más destacadas de un recinto que ha ido creciendo con el paso del tiempo, desde que el alcalde Rius i Taulet lo inaugurara en 1883, una manera de solucionar el problema de espacio en el cementerio de Poblenou, otro espacio histórico de la ciudad. En aquel momento se contaban con 6.000 hipogeos, además de 70 panteones. En la actualidad la cifra de tumbas se sitúa en 152.327, tal y como indica Cementiris de Barcelona. A ello se le suman algunos equipamientos tan singulares como un museo dedicado a los carruajes fúnebres y donde se encuentra, por ejemplo, el empleado en el muy masivo funeral de Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid.

El libro de registros del cementerio de Montjuïc demuestra que la primera persona que fue inhumada en este lugar se llamaba José Fonrodona Riva, un indiano que logró ser alcalde de la localidad cubana de Matanzas. La tumba costó veinte pesetas de la época.

El de Montjuïc puede considerarse como una suerte de museo al aire libre como lo avala que escultores, diseñadores o arquitectos hayan puesto su talento al servicio de estas últimas moradas. Es el caso, por ejemplo, de la del político Francesc Cambó y que firma Josep Maria Subirachs. Enric Clarasó firma, por ejemplo, la escultura que forma parte del conjunto funerario en memoria del indiano Antonio Leal Da Rosa. Probablemente sea Josep Llimona el artista que mejor partido sacó del arte funerario en el recinto de Montjuïc, como lo demostró por ejemplo, con el panteón para Mercedes Casas de Vilanova o el de la familia Llopart. Se tienen documentados once conjuntos escultóricos de Llimona en Montjuïc, pero es probable que exista alguno más.

Ya que hablamos de artistas, en este cementerio reposan algunos de los nombres más importantes del arte catalán de todos los tiempos. Probablemente sea Joan Miró el que destaca por encima de otros gracias a su internacionalidad. Su tumba está en el panteón familiar ubicado en la Arc Cova número 33, en la vía de Sant Francesc, agrupación 9 A.

Algo descuidado es el nicho en el que reposa uno de los pintores que mejor supo retratar a las clases humildes, Isidre Nonell, fallecido prematuramente a los 38 años. Sus restos están en el columbario B, número 2.846, sexto piso, en la vía de Sant Francesc, agrupación 9 A.

Dos de los grandes referentes del modernismo, además de buenos amigos, también están en Montjuïc. Por un lado, los restos de Santiago Rusiñol están en el panteón número 16 de Santa Eulàlia, agrupación 3 A mientras que los de Ramon Casas se localizan en una tumba menor A número 322, también la vía de Santa Eulàlia.

Respecto a los escritores, una de las tumbas más buscadas en estos días es la de Carlos Ruiz Zafón, cuyas cenizas llegaron recientemente a Montjuïc, aunque otra parte quedó en el Hollywood Forever de Los Ángeles.

Hay más autores imprescindibles en este cementerio barcelonés. Es el caso del poeta Josep Carner, en cuyo epitafio se puede leer “Príncep dels poetes catalans” y que está en una tumba menor A, número 363, de la vía de Santa Eulàlia. Más sencillo es el nicho que alberga a Joan Salvat-Papasseit, en el columbario B, número 563, piso segundo de Sant Jordi, y que se encuentra justo encima del panteón del músico Francesc Viñas. Por su parte, Montserrat Roig, la gran narradora y nombre de referencia del feminismo, está en el nicho del columbario B, número 12.520 del tercer piso, en la vía de Sant Francesc.

Por cierto, las mamparas de metal fueron finalmente retiradas en 2007 después de que hubieran causado grietas en algunas lápidas.