Cataluña

Muere el arquitecto Ricard Bofill a los 82 años

El arquitecto catalán estaba considerado una de las principales figuras internacionales de su campo, con edificios repartidos por todo el mundo

A los 82 años, y según ha confirmado su entorno familiar en un comunicado de prensa, Ricard Bofill fallecía esta mañana. Nacido en Barcelona en 1939, además de uno de los mejores y más reconocidos arquitectos del mundo, se le consideraba un pionero del diseño y era muy respetado por su profesión, que en 1985 le eligió miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos. Bofill era además Doctor Honoris Causa por la Universidad de Metz, Francia (1995), y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, del Ministerio de Cultura de Francia (1988). A ello se suma la la Cruz de San Jordi que otorga la Generalitat de Cataluña, y que le fue concedida en 1973.

En 1963, fundó un grupo formado por arquitectos, ingenieros, sociólogos y filósofos, sentando las bases para lo que hoy se conoce como el Ricardo Bofill Taller de Arquitectura, un equipo internacional con más de 40 años de experiencia en diseño urbano, arquitectura, diseños de parques y jardines, y diseño de interiores. Con este equipo Bofill abordó proyectos de diversa naturaleza en diferentes partes del mundo, adaptándolos a las realidades culturales de cada lugar. En 1978 abrió un segundo despacho en París.

Entre su legado, casi siempre ligado al diseño urbano pero célebre en la silueta del hotel W de su Barcelona natal o en la Muralla Roja de Calpe, cabe destacar la ampliación de Nueva Castellana en Madrid, el primer proyecto del Puerto de Triana en Sevilla o la Place de L’Europe, en Luxemburgo. También diseñó la ampliación del Aeropuerto de El Prat, en concreto con la construcción del Terminal 2, así como el Palacio de Congresos de Madrid o la sede del Teatro Nacional de Cataluña en Barcelona.

Tras más de seis décadas dedicadas a la difusión de una arquitectura disruptora, a veces desarrollista y a veces magna, Bofill concebía los espacios públicos como grandes superficies en extensión que, no pocas veces, chocaron de frente con los planes urbanísticos o los deseos de los núcleos de población. Para la historia quedará su Walden 7, en San Justo Desvern, uno de los edificios más míticos de la historia arquitectónica española y joya definitiva del brutalismo en nuestro país.