Rentabilidad, riesgo y turismo: por qué el negocio de la marihuana se dispara en Cataluña

El tráfico de drogas crece en la autonomía en el último lustro: se han prácticamente doblado los delitos

Una agente de la Guardia Civil tras una operación contra una plantación ‘indoor’ de marihuana con 150 plantas en Pobladura de Pelayo García (León)
Una agente de la Guardia Civil tras una operación contra una plantación ‘indoor’ de marihuana con 150 plantas en Pobladura de Pelayo García (León) FOTO: Guardia Civil

El último balance estadístico del Ministerio del Interior fue bastante elocuente en Cataluña: el conjunto de las infracciones penales creció un 5% entre enero y septiembre de 2021 con respecto al mismo periodo de 2020 (marcado por el gran confinamiento de la pandemia), pero el foco se puso sobre los delitos por tráfico de droga, que se dispararon y se registraron un 36% más. ¿Qué ha ocurrido para que este tipo de delincuencia repunte de manera tan drástica?

De entrada, cabe hacer un dibujo de la situación con datos: durante los primeros nueve meses del año en 2016, se contabilizaron 1.667 hechos delictivos relacionados con el tráfico de drogas, mientras que en 2021 se alcanzaron los 2.951. Es decir, en cinco años se han prácticamente doblado. Lo cierto es que desde hace un lustro, las actividades relacionadas con la marihuana han ido creciendo y creciendo y alimentando la preocupación de las autoridades: de hecho, los Mossos d’Esquadra elaboraron un informe (El mercado de la marihuana en Cataluña) a mediados de 2020 que entregaron a la Fiscalía y mostraba cómo el número de plantaciones decomisadas se habían prácticamente triplicado entre 2015 (132) y 2019 (368). Como consecuencia de este aumento, también se habían quintuplicado los detenidos (pasando de 487 a 2.769) y se habían doblado las redes criminales desarticuladas (pasando de 16 a 34).

El jefe del Equipo de Delincuencia Organizada de la VII Zona de la Guardia Civil apunta tres motivos principales: la situación geográfica de Cataluña, con paso fronterizo a Francia para ir al resto de Europa y entrada y salida por mar, lo que permite una mayor facilidad para la exportación teniendo en cuenta que la autonomía es el mayor productor de Europa; el volumen de población y el alto grado de turismo, lo que permite una mayor discreción y pasar más desapercibidos a los líderes de las organizaciones criminales; y, el gran número de clubes cannábicos. «Suele coincidir que donde más plantaciones hay, es donde más clubes cannábicos hay», asegura el responsable de la Benemérita, que también puntualiza que el problema del negocio de la marihuana no se ciñe solo a Cataluña, sino que se extiende por todo el Levante.

Y, ¿por qué preocupa tanto a las autoridades? Por diversos factores, según explica el propio responsable de la Guardia Civil: el primero de todos es que el cultivo de marihuana destinado a la venta es ilícito, aunque las penas previstas sean bajas (de 1 a 3 años de prisión) y eso incentive a las mafias a asumir ciertos riesgos porque el beneficio económico es alto; el segundo y, más importante y que genera «alarma», son los delitos asociados, que pueden ir desde los «vuelcos» (narcoasaltos entre organizaciones criminales) a los ajustes de cuentas que terminen con asesinatos, además del incremento de la presencia de armas, lo que se traduce en una mayor inquietud e inseguridad entre la ciudadanía; y, el tercero, la mala calidad del cannabis ya que, actualmente, los productores, al tener que cultivar en espacios interiores y a mayor escala, trabajan con semillas híbridas, mucho más productivas, pero que contienen un THC (principio activo) superior y es peor para la salud de los consumidores.

Además de estos tres factores, hay un cuarto que también empieza a generar cierta preocupación, aunque en la Guardia Civil lo minimizan, de momento: es la corrupción de las autoridades. Uno de los riesgos es que las organizaciones que se dedican al cultivo de marihuana empiezan a tratar de agasajar y seducir a poderes públicos, como policías, para tratar de operar sin problemas y ya se han dado casos (como el reciente de policías locales de Llinars del Vallès). «El riesgo cero no existe con el tema de la corrupción, pero creemos que son casos aislados. No es una preocupación, aunque hay que tenerlo en cuenta», señala.

Este responsable de la Benemérita ensalza el trabajo coordinado con el resto de fuerzas de seguridad del Estado (Mossos d’Esquadra, especialmente) y con las policías de los países balcánicos, que suelen ser lugar de origen de muchas de las mafias que actúan en España. «A estos países les interesa colaborar y atajar estos problemas por su propia seguridad, pero también por cuestiones reputacionales», explica. Otras fuentes policiales consultadas por este diario ponen como ejemplo Marruecos: aunque el país vecino esté aquejado por la producción y exportación de hachís, las autoridades persiguen con dureza este tipo de actividades porque es un Estado que vive mucho del turismo y le conviene «proteger su identidad». Los líderes de las organizaciones criminales suelen encontrar en España un buen destino para instalarse por dos causas: porque prefieren estar cerca de donde está la producción y porque el alto grado de turismo que hay en nuestro país les permite pasar más desapercibidos.

En cualquier caso, en Cataluña, en concreto, el principal problema es la marihuana: el resto de drogas duras, como cocaína o heroína, tienen una menor incidencia. También es cierto que sus lugares de producción se encuentran fuera de nuestras fronteras y eso influye mucho. Además, hay otra explicación económica: la marihuana permite una rentabilidad superior y un riesgo mucho menor (por las penas) para las organizaciones criminales. «Con el auge de la marihuana, baja la cocaína», explica el responsable de la Guardia Civil, estableciendo una relación causa-efecto entre el crecimiento de la actividad que genera unas drogas y el descenso de otras.

Para el jefe del Equipo de Delincuencia Organizada de la VII Zona de la Guardia Civil, la llegada de Internet supuso un punto de inflexión para la marihuana: según explica, 20 años atrás, el cultivo de la marihuana no estaba tan extendido y era exterior; en cambio, con Internet y el acceso a información y manuales permitió acceder a mucha más gente y desató un «boom».