Las grandes mentiras del independentismo catalán (I): el máximo héroe era españolista

Rafael Casanova nunca fue partidario de la “república de Cataluña”, sino que era un fiel seguidor del modelo de los Austrias para España

Retrato de Rafael Casanova
Retrato de Rafael Casanova FOTO: Google

No hay ninguna duda de que el independentismo tiene a Rafael Casanova como a uno de sus máximos héroes, sino el que más. De hecho, es el gran protagonista de la Diada del 11 de septiembre, con todas las ofrendas florales en su monumento en Barcelona. El separatismo ha encumbrado la figura histórica de Casanova como un luchador que estuvo al frente de la defensa de Barcelona. Un héroe nacional al que en todas las Diadas se homenajea con ofrendas florales como defensor de la “república” catalana -concepto inexistente esos días- , pero que en realidad era un patriota español.

La historia “oficial” recuerda que Casanova arengó a las tropas que defendían Barcelona a hacerlo, textualmente, para «salvar la libertad del Principado y de toda España, evitar la esclavitud que espera a los catalanes y al resto de los españoles bajo el dominio francés, derramar la sangre por el rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España». Así quedó escrito en el documento del bando de los “Tres Comunes de Barcelona”. Fue herido levemente en el asedio a Barcelona y consiguió escapar del cerco haciéndose el muerto.

Abogado de formación, su fijación por no rendirse ante Felipe V le convirtió en conseller en cap de Barcelona en 1713, en plena guerra de Sucesión española, causada tras la muerte sin descendencia de Carlos II. Casanova fue el primero de los gobernantes de la ciudad durante el asedio de las tropas borbónicas.

Barcelona, bastión de la dinastía de los Austrias, resistió hasta el célebre 11 de septiembre de 1714, fiesta nacional de Cataluña desde 1980, “conmemoración de una derrota en la que se perdieron las libertades seculares”, según la información oficial de la Generalitat. La figura de Casanova ya había sido elevada a los altares patrióticos por el primer nacionalismo catalán de finales del siglo XIX.

Herido en la pierna durante el asedio, ha sido aceptado como una especie de héroe “separatista” que en realidad nunca fue, teniendo en cuenta sobre todo la mentalidad de la época con estos conceptos, muy diferentes a la actual. Más bien fue fiel al modelo austracista para España y de reconocimiento de la singularidad política catalana.

En un artículo en la revista L’Avenç de 2004, el historiador Josep Fontana resumía las palabras del comandante de las tropas austracistas catalanas, Antoni de Villarroel, cuando Barcelona estaba a punto de caer en manos del duque de Berwick: “Por nosotros y por toda la nación española peleamos. Hoy es el día de morir o vencer”. El objetivo de personajes como Villarroel o Casanova, decía Fontana, “era un proyecto de España que se avanzaba en más de un siglo al que propondrían los liberales del siglo XIX”.

Explica el hispanista Henry Kamen que el conseller en cap mantuvo una reunión con el Duque de Berwick (al frente de las tropas de Felipe V) antes del ataque final sobre Barcelona. En la misma, le ofreció rendirse para evitar la muerte de los defensores de la Ciudad Condal (una buena parte, ciudadanos). Lejos de aceptar que sus escasas fuerzas no podrían resistir el asedio del ejército enemigo, el militar y político se negó a claudicar para asombro de varios de sus superiores.

Su propia descendiente, Pilar Paloma Casanova, incidió en que su antepasado no luchó jamás por el independentismo catalán, sino que lo hizo de forma exclusiva por el archiduque. Por si fuera poco, la mujer señaló entonces que el catalán llevaba a «España en el corazón» y que se limitó a combatir contra el linaje francés. «Era un patriota español, toda mi familia ha defendido siempre la unidad de España», explicó.

Para apoyar esta idea, la descendiente se basa en documentos como el llamamiento que se repartió en Barcelona el mismo 11 de septiembre de 1714. Un documento que reproduce Jesús Laínz en su libro « España contra Cataluña: historia de un fraude» y en el que instaba a las gentes de la Ciudad Condal a empuñar las armas en favor del rey, la patria española y el honor. Esta curiosa proclama fue entregada, en palabras del mencionado autor, «a las tres de la tarde de tan trágico e histórico día» y no deja lugar a equívoco:

«Explican, declaran y protestan los presentes, y dan testimonio a las generaciones venideras, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, quejándose de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y extermine todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francés; pero así y todo se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España».