A la espera de la mesa de negociación

La invasión de Ucrania y los efectos económicos derivados de la guerra y la pandemia dejan poco margen para devolver el foco al “procés”

Sánchez y Aragonès en el Palau de la Generalitat en septiembre
Sánchez y Aragonès en el Palau de la Generalitat en septiembre FOTO: ADRIAN QUIROGA SHOOTING

La mesa de diálogo está muy lejos de reactivarse. Así lo dejan entrever a lado y lado: tanto fuentes de la Generalitat como del Gobierno de Pedro Sánchez aseguran que ahora mismo “no hay nada” y dan a entender que el aplazamiento “sine die” va para largo. Y es que la invasión de Ucrania y todos los efectos económicos derivados tanto de la guerra como de la pandemia rigen la actualidad y dejan muy poco margen para devolver el foco al “procés2.

Menos aun cuando el “procés” está cada vez más desinflamado: el Gobierno cumplió excarcelando a los dirigentes independentistas, en un gesto atrevido, pero efectivo, porque ha desactivado a todo el separatismo. Tan solo queda Carles Puigdemont como factor desestabilizador para el Gobierno y podría convertirse en una amenaza si los tribunales europeos le dan la razón en primavera, aunque su figura se puede ir debilitando a medida que van saliendo más informaciones de sus vínculos y los de su entorno con Rusia.

En cualquier caso, en la Generalitat hay voces que reconocen que ahora lo importante es centrarse en el tema de la guerra y los efectos económicos, muy tangibles desde el primer minuto. Ahí están los precios de los hidrocarburos, disparados. Todavía más notables teniendo en cuenta que Cataluña, con una economía con un peso industrial muy importante, es la autonomía que más gas consume y más expuesta está, por tanto, a las fluctuaciones de los precios del mismo.

A esta cuestión se suma que en Esquerra se esconde cada vez menos que la intención del partido y Aragonès pasa por la estabilidad para afianzarse en el poder de la Generalitat: en este sentido, la intención es centrarse en la gestión tras años de desgobierno por el “procés” y cuantas menos aventuras y desafíos, mejor. Un ejemplo, en este sentido, ilustra el camino que trata de marcar el presidente de la Generalitat, Pere Aragonès: estos días ha estado en Alemania y ha viajado acompañado del consejero de Empresa, Roger Torrent, para mantener contactos de carácter empresariales y conseguir inversiones, muy alejadas del carácter político e independentista que intentaba imprimir Quim Torra a cada desplazamiento.

A la vista está el balance del viaje: por un lado, anunció que la empresa tecnológica alemana Freudenberg va a invertir 10 millones de euros en Cataluña tras reunirse con sus directivos en la sede de la compañía en Alemania; y, por otro lado, hizo campaña a favor del gasoducto Midcat para transportar gas e hidrógeno verde desde Cataluña al norte de Europa en una reunión con el presidente del Estado federado alemán de Baden-Wuerttemberg, Winfried Kretschmann.

Sin resultados

No obstante, esa reorientación del foco tampoco se está traduciendo en resultados: dos de las consejerías controladas por Esquerra están sufriendo mucho desgaste. Por un lado, el departamento de Interior ha sufrido una sacudida por los cambios hechos en la cúpula, acumulando muchas críticas. Por otro lado, el departamento de Educación, que está estos días afrontando una huelga de profesores que está teniendo mucho eco.

Pero Aragonès, pese a estos escollos, no quiere desviarse del foco. Es consciente de que Esquerra Republicana de Cataluña ya ha amortizado todas las críticas del independentismo duro y tampoco parece que se puede sentir ahora excesivamente presionado por JxCat y por la evolución de la mesa de diálogo. El foro de negociación ha encallado y está sin horizonte. De hecho, en Esquerra Republicana de Cataluña han aparcado ya la presión sobre la fecha: han pasado de apretar con que la mesa de diálogo se convocara en enero a pasar a dejar correr el tiempo, una forma también de evitar nuevos reveses.

“Avances” en silencio

En las filas republicanas se limitan a reivindicar que hay avances y dan por bueno que haya silencio: vienen a decir que, cuando no hay ruido, es positivo y hay avances. No obstante, otras fuentes gubernamentales son mucho menos optimistas y aseguran que tampoco “hay nada”. Sea como fuere, lo cierto es que la Comisión Bilateral, el otro foro entre el Gobierno y la Generalitat catalana, tampoco ha arrojado importantes resultados.

La última cita se saldó con acuerdos prácticamente anecdóticos y quedaron fuera otros temas importantes y simbólicos, como son el traspaso de las becas, las competencias en Renfe o el edificio de la Policía Nacional en Vía Layetana.

En cualquier caso, a pesar de que la apuesta de la dirección pasa irremisiblemente por la mesa de diálogo, las bases también lanzaron un aviso y pidieron rendición de cuentas. Reclamaron un calendario acordado de reuniones y transparencia sobre los resultados.

No obstante, las propias bases también dieron su aval a una independencia a 20 años vista: hasta 2040 y más.