Verano

Las cinco playas casi secretas de la Costa Brava

Recorrido de norte a sur por algunos de los enclaves más bonitos del Mediterráneo

La playa del Castell, en Palamós, es una de las más conocidas de la Costa Brava (Girona).
La playa del Castell, en Palamós Jorge Franganillo

Este fin de semana empieza oficialmente la temporada álgida del verano, la doble quincena mágica -la última de julio y la primera de agosto- marcada en rojo en el calendario por el sector turístico, que cruza los dedos tras la pandemia. El “sol y playa” es una de las fórmulas preferidas por los turistas que acuden a Cataluña en busca de aires mediterráneos. Y aquí la Costa Brava emerge como destino infalible, una zona especialmente atractiva por su orografía con grandes acantilados, pequeñas calas recónditas y bosques de pinos que llegan prácticamente a la arena.

Su gran extensión permite emprender varias rutas, desde los clásicos -Tossa de Mar, Palamós, L’Escala, Cadaqués, Portbou- a lugares más recónditos y apartados, lejos de las hordas de turistas que invaden puntos calientes como Lloret de Mar o Platja d’Aro. Tierra de Dalí y de Pla, estas cinco opciones garantizan un chapuzón tranquilo en uno de los epicentros turísticos del Mediterráneo.

Cala Jugadora: Quizás una de las más recónditas de Costa Brava, enmarcada en un entorno de privilegio como el Cap de Creus. Pertenece al municipio de Cadaqués y está pocos kilómetros Faro, el punto más oriental de la península ibérica. Además, se encuentra muy cerca de Cala Fredosa, otra de las posibilidades de la zona.

Aiguablava: Enmarcada dentro del municipio de Begur, unos kilómetros al sur del Cap de Creus, aparece una cala de postal, con aguas turquesas y bosques que rodean los acantilados. También destaca la vecina Sa Tuna en una exclusiva zona con varios restaurantes, chiringuitos y hoteles de primer nivel.

Cala Estreta + Cala de S’alguer: La zona de Palamós y sus alrededores es una de las mejores opciones de la Costa Brava pese a no tener la pompa de Cadaqués ni la mística del Cap de Creus. En este conjunto destacan dos playas: a la primera se llega por el sendero que une la playa del Castell -también muy recomendable, mucho más amplia y a pocos metros del poblado ibérico que le da nombre- con Calella de Palafrugell; y la segunda también se puede acceder desde el mismo Castell o bien desde la Fosca, con parada obligada en la Pineda d’en Gori.

Cala Futadera: La última opción de norte a sur en este recorrido es Tossa de Mar y sus inmediaciones, con varias calas como la citada Futadera o Cala Bona. Todas son de pequeño tamaño y permiten gozar de la propia ciudad de Tossa, un municipio costero que presume de gastronomía local y paisajes al Mediterráneo.