Junts debate si rompe el Govern tras el cese fulminante del vicepresidente Puigneró

Los consejeros posconvergentes en la Generalitat han puesto su cargo a disposición del partido después de que Aragonès destituyera a su hombre fuerte

Pere Aragonès cesó anoche y de forma fulminante al vicepresidente Jordi Puigneró, hombre fuerte de Junts en el Ejecutivo catalán. Así lo certificó el president tras una jornada maratoniana de más de seis horas de reuniones con los posconvergentes en el Palau de la Generalitat, una maniobra que aboca a Junts a decidir si rompe o no y arrastra al Govern al filo del abismo.

Hombre del círculo de Carles Puigdemont, Puigneró era también consejero de Territorio. La maniobra, anunciada por Aragonès desde la Galería Gótica del Palau, llegó después de un cara a cara entre el president y el secretario general de Junts, Jordi Turull, y de un ultimátum del republicano a sus socios de coalición por la cuestión de confianza que le reclaman en el Parlament.

Ahora está por ver qué consecuencias acarrea el cese de Puigneró y si lleva o no a su partido a salir del Govern. Este jueves a primera hora, los posconvergentes reúnen a su ejecutiva en la sede de Barcelona y debatirán si rompen con ERC después de que ya hayan tildado de “error histórico” la destitución del ex vicepresidente. El secretario general de Junts, Jordi Turull, ha asegurado que los consejeros de la Generalitat de su partido han puesto su cargo a disposición de la Ejecutiva de la formación.

El día, en plena víspera del quinto aniversario del referéndum ilegal del 1 de Octubre, pronto se convirtió en un auténtico sainete independentista, un movimiento que colecciona fracasos en la calle y en las instituciones, con el Govern y el Parlament en el centro de sus batallas.

El president movió ficha apenas unas horas después del nuevo desafío verbalizado por Junts en el Parlament con la cuestión de confianza y mantuvo a lo largo de la mañana diversas reuniones en el Palau de la Generalitat con su círculo más cercano y la cúpula del partido republicano. También suspendió su agenda la consejera de Presidència y «número dos», Laura Vilagrà, además de Jordi Puigneró.

Desde el partido de Borràs y Turull, por su parte, cerraron filas y siguieron con sus exigencias: constituir el «Estado mayor del procés», frente común entre ERC y Junts en el Congreso y apuesta decidida por la autodeterminación en la mesa de diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez, o bien la mencionada cuestión de confianza de la discordia.

A Pere Aragonès y a la plana mayor de ERC no sentaron nada bien ni las formas ni el contenido del discurso de Junts. Plantear una cuestión de confianza al president supone «retirar la confianza al Govern y al president», interpretaron desde el Govern. Además, molestó en las filas republicanas desconocer el contenido del discurso del líder del grupo parlamentario posconvergente Albert Batet –con la cuestión de confianza como amenaza, que sí sabía Puigneró y no comunicó al republicano, motivo del cese– cuando Aragonès había trasladado a Puigneró y al grueso de Junts su propuesta a favor del Acuerdo de Claridad a primera hora de la mañana y antes de hacerlo público desde el atril de la Cámara.

Es por ello que el president Aragonès lanzó un ultimátum a sus socios de Junts y en la reunión extraordinaria de Govern de las 17:00 horas preguntó uno por uno a los consejeros posconvergentes si secundaban la cuestión de confianza y si conocían las intenciones de su partido. Un órdago en toda regla que demuestra la guerra abierta en el seno de la Generalitat. Fuentes de Presidencia explicaron que las respuestas de los consejeros de Junts no fueron «unánimes», al contrario, fueron «irregulares», por lo que el resultado de la cumbre no fue del todo satisfactorio para Aragonès antes del cara a cara maratoniano entre el president y Jordi Turull, secretario general de Junts.

Cabe recordar que pese a la fuerte presión interna, el republicano rechazó desde el primer momento presentar la mencionada cuestión de confianza –el reglamento estipula que tendría que impulsarla él, sí o sí– para evaluar si sigue contando con una mayoría de apoyos en el Parlament. Una negativa que ya verbalizó en el pleno, cuando el propio president avisó que no iba a entrar «en ningún juego» que genere inestabilidad en las instituciones.

De hecho, el cruce de mensajes y versiones entre Esquerra y Junts evidencia el abismo existente entre ambos en esta crisis: mientras los posconvergentes insisten en que Aragonès no cumple con el pacto de investidura y no avanza hacia un nuevo desafío independentista, los republicanos achacan a los problemas internos del partido de Borràs sus sucesivos órdagos y ultimátums.

Por otro lado, también es sintomático que ERC y Junts no hayan sido capaces de acordar ninguna propuesta de resolución conjunta en el Cámara sobre el proceso independentista y todas las iniciativas que han planteado en el Debate de Política General son sectoriales, de gestión del día a día para hacer frente a la crisis. Así se recoge de las propuestas de resolución que han registrado en el Parlament y que se votarán mañana en la última sesión del pleno a mediodía. Una jornada de alto voltaje político, una auténtica prueba de estrés para ERC y Junts, con la oposición en bloque exigiendo al Govern dejarse de batallas internas y centrarse en la gestión de la crisis o bien emprender una salida definitiva.

La crisis entre republicanos y posconvergentes, agudizada a partir de la Diada más convulsa de los últimos diez años, parece haber estallado definitivamente coincidiendo con el debate de política general del Parlament. Una sesión que acostumbra a servir para fijar las líneas maestras del curso político y que se ha convertido en un auténtico bumerán para el independentismo y que ha arrastrado al Govern al límite.