
Opinión
Apuntes de verano
Todos, igual que hacen los colegios, deberíamos tener asignado un día de puertas abiertas

1 Pensando en los incendios que han asolado media España, esta frase de Plinio el Viejo: “El hombre ha nacido para cuidar de la tierra”.
2 La ilusión con que esperábamos la llegada del verano… Aunque está uno ya en esa edad en que no puede hacerse ilusiones de volver a tener ilusiones.
3 En vista de que no hay ya la más mínima posibilidad, si es que alguna vez la hubo, de cambiar el mundo, y de que todo en este tiempo nuestro va a peor (el nivel intelectual y moral de la clase política; el funcionamiento de los partidos, un coto privado para el medro de la militancia más cerril; el estado de la educación; el deterioro de la naturaleza…), no nos queda más remedio que aprender, como los salmones, a nadar contra corriente.
4 La bravuconería, la jactancia, la prepotencia, que son la cara –la jeta– con que se comportan hoy en sociedad no pocos individuos de la especie dominante en el planeta Tierra, que es la de los bípedos implumes: lo de “caña pensante” que dijo Pascal como definición del hombre empieza a ser demasiado generoso y halagüeño.
5 La inmensidad del cielo nocturno nos recuerda que en la escala del universo no somos más que simples criaturas de vida efímera encerradas en un grano de polvo de estrellas.
6 Todos los que estábamos sentados a la sombra de los árboles levantamos agradecidos los ojos para ver si entre las hojas descubríamos al pájaro que con sus trinos vino de repente a llenar de música la tarde.
7 El césped, verde y recién cortado, huele como olía la hierba de los prados de mi infancia, cuando no sabía que vivía en la edad de oro de la inocencia y el candor y tenía la absoluta confianza de que el futuro iba a ser por lo menos tan bueno como el presente.
8 Todos, igual que hacen los colegios, deberíamos tener asignado un día de puertas abiertas, y que los que quisieran pudieran venir a visitarnos y conocernos por dentro. Pero no valdría preparar nada de antemano, ni limpiar y adecentar las dependencias, ni lucir las mejores galas, y estaríamos obligados a enseñarlo todo, hasta los últimos rincones, sin esconder ningún secreto.
9 ¿Qué es el amor platónico?, preguntó el profesor. Y enseguida se levantó una mano: Yo lo sé: el amor de un señor que se enamoró de su burro que se llamaba Platón y luego escribió un libro que se titulaba Platón y yo.
10 Tardes de verano para andar los caminos del campo y perderse en las veredas de la memoria escuchando las conversaciones de los pájaros y el himno de algún arroyo.
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