Cataluña

Barcelona estrena un nuevo mirador al mar

El proyecto, diseñado por el arquitecto Carmelo Zapulla, ha tenido un coste de 1,5 millones de euros

Imagen del nuevo mirador de Barcelona
Imagen del nuevo mirador de Barcelona FOTO: La Razón (Custom Credit)

El Puerto de Barcelona ha estrenado hoy un acceso directo entre la playa de San Sebastián y la plaza Rosa dels Vents, así como un mirador privilegiado para disfrutar del litoral de Barcelona y el Mar Mediterráneo. Las Escaleras y el Mirador Vela, que combinan la arquitectura de vanguardia con la ingeniería civil, conectan los dos espacios habilitando para los peatones la zona del rompeolas ubicada entre el hotel W Barcelona y el mar.

El espacio ha sido diseñado por el arquitecto Carmelo Zapulla, del estudio barcelonés External Reference, y ha costado 1,5 millones de euros. La obra ha supuesto construir una gran escalera que conecta la plaza de la Rosa dels Vents y el nuevo paseo del Rompeolas con la playa de San Sebastián, espacios situados en el ámbito de la nueva bocana.

Las escaleras y el mirador se alzan sobre una estructura de hormigón oculta cubierta con cemento sobre el rompeolas, que sirve de base para una segunda estructura metálica sobre la que se asienta la estructura a la vista de paneles de hormigón. Siguiendo un espectacular modelo tridimensional, estos integran estéticamente el conjunto en el entorno a la vez que garantizan la máxima resistencia de las estructuras en condiciones climáticas extremas, como las que se dan en un rompeolas. El presidente del Puerto de Barcelona, Damià Calvet, ha asegurado que esta reforma ayuda a fortalecer la relación entre el Puerto y la ciudad y para seguir acercando esta parte del litoral a la ciudadanía.

El concejal de Ciutat Vella, Jordi Rabassa, en representación del gobierno de Ada Colau, ha celebrado que abra un espacio que suponga garantizar la continuidad del paseo Marítimo y que la conexión “tiene todo el sentido del mundo”. Ahora bien, Rabassa ha reclamado que en próximas fases el proyecto incluya elementos que “hagan más agradable” la estancia para los vecinos de la ciudad como, por ejemplo, bancos para sentarse. Cree que hay que esperar a ver si “la ciudadanía se hace suyo el espacio” y que, si no es así, el Port debería replantear el proyecto.