Memoria fotográfica

Cuando Marilyn y Elvis eran humanos

Una exposición en la sala Fotonostrum recoge las imágenes que André de Dienes y Alfred Wertheimer tomaron de dos iconos culturales del siglo pasado

Una joven llamada Norma Jeane por André de Dienes
Una joven llamada Norma Jeane por André de DienesAndré de Dienes/MUUS Collection

Mucho antes de que Marilyn Monroe y Elvis Presley fueran mundialmente famosos, ellos fueron fieramente humanos. Ella fue Norma Jeane Mortenson y él fue Elvis Aaron Presley. No eran conocidos, pero ambos tenían como denominador común unas grandes ganas de comerse el mundo y salir del mísero ambiente en el que nacieron. Está claro que lo lograron y que hoy no hace falta que los citemos por su nombre y apellido para recordarlos. Tienen una dimensión que traspasa los límites de lo terrenal, haciendo de ellos una suerte de divinidades que aún viven y perviven gracias a papel fotográfico, además del celuloide y los vinilos.

Pero, ¿cómo eran antes de ser iconos? ¿Cómo eran antes de ser la actriz a la que muchas han querido imitar y el rockero al que muchos han querido copiar? Esas dudas pueden tener como respuesta una exposición que acaba de abrir sus puertas en la sala Foto Nostrum de Barcelona a partir de una serie de imágenes procedentes de la colección MUUS. Las fotografías, muchas de ellas en venta en este espacio, fueron realizadas por André de Dienes y Alfred Wertheimer.

Empecemos por André de Dienes, el responsable de alguna de las imágenes más conocidas de una jovencísima Norma Jeane cuando ella trataba de ganarse la vida como modelo. De origen húngaro, Dienes dio vueltas por Europa tratando de ganarse la vida después de que su madre muriera cuando él tenía quince años. El fruto de su trabajo tras la cámara empezó a aparecer en publicaciones como «L’Humanité», pero fue en 1938 cuando logró dar el salto al otro lado del charco gracias a Arnold Gingrich, editor de la revista «Esquire». De esta manera empezaba una nueva etapa en su trayectoria profesional y humana que le permitió viajar a lo largo y ancho de todo el país.

Marilyn posando en la playa
Marilyn posando en la playaAndré de Dienes/MUUS Collection

En 1945 conoció a una joven que trabajaba para la Blue Book Model Agency, una agencia de modelos. Se llamaba Norma Jeane Mortenson y estaba casada con un joven que se había al frente. Ella no quería ser la tradicional ama de casa de la sociedad conservadora estadounidense sino que tenía unas aspiraciones con las que no simpatizaba mucho su marido. Es en ese momento cuando aparece André de Dienes en la vida de quien sería después bautizada como Marilyn Monroe.

El fotógrafo, como se puede ver en la exposición, supo del potencial de Norma Jeane ante su objetivo. Ya fuera paseando por la orilla en un bañador blanco o con un jersey rojo, André de Dienes capturó toda la alegría de la modelo, pero también ese aire triste que la acompañó desgraciadamente toda su vida. Él mismo explicaría en sus memorias que aquel encuentro fue como «un milagro», llamándola «ángel terrenal y de aspecto sexy». Fue uno de los primeros en saber que ella era «una adorable criatura», como diría Capote. Con el tiempo, cuando ella ya no estaba aquí para contradecirle, explicó al mundo que habían sido también amantes. Sea cierto o no, lo que sí es seguro es que las cenizas de André de Dienes están enterradas en Westwood Memorial, en Los Ángeles, a muy pocos metros de donde reposa Marilyn Monroe. Hasta el final vivió obsesionado por ella.

El famoso beso de Elvis por Alfred Wertheimer
El famoso beso de Elvis por Alfred WertheimerAlfred Wertheimer/MUUS Collection

Muy diferente es la historia de Alfred Wertheimer, un alemán que huyendo del nazismo pudo llegar a Estados Unidos donde pasó de ser un fotógrafo independiente a fotógrafo oficial del Ejército en 1952. Pero cuatro años más tarde recibió una llamada que le cambió la vida porque le pidieron si podía seguir con su cámara a un joven de Tupelo que parecía ser el inicio de un verdadero fenómeno de masas musical. Se llamaba Elvis Presley y muy poco antes, en 1954, había grabado una canción dedicada a su madre en un modesto sello de Memphis llamado Sun Records.

Poco a poco Elvis había comenzado a hacer mucho ruido y había llamado la atención de un personaje oscuro llamado Tom Parker, el conocido como Coronel, quien pasó a ser su mánager. Fue precisamente Parker el encargado de rescindir el contrato de su protegido en Sun Records para ser fichado por todo lo alto por RCA Victor Records. Y fue en ese momento cuando sonó el teléfono en el estudio de Wertheimer porque la discográfica quería un reportaje gráfico siguiendo las andanzas del primer Elvis durante aquellas giras.

«Estaba empezando a tener una idea de su propio estrellato», comentaría muchos años después el fotógrafo cuando reunió aquellas imágenes en un título mítico en la bibliografía de la estrella del rock titulado «Elvis 56».

Elvis leyendo la correspondencia de sus fans
Elvis leyendo la correspondencia de sus fansAlfred Wertheimer/MUUS Collection

Ante la cámara de Wertheimer, Presley aparece actuando ante una masa fascinada por aquella voz y aquellos movimientos. Elvis se entrega a sus seguidores dando lo mejor de su talento, pero también firmando autógrafos y dejándose querer por sus admiradoras. Todo eso aparece ante el objetivo del fotógrafo.

Pero además de la parte, digamos, profesional, también se nos muestra a Elvis descansando entre concierto y concierto. Es un Elvis divertido, que se sienta en el autobús de la gira junto a un oso de peluche o que deja que un objetivo discreto lo capte afeitándose. Pero él sabe lo que está ocurriendo a su alrededor, se está dando cuenta de que su vida está cambiando a pasos agigantados. Tal vez por eso, para recordarle que sigue siendo humano, encontramos en algunas de estas imágenes a Elvis acompañado de su madre Gladys.

En este extensísimo reportaje nos encontramos una fotografía que ha pasado a ser la más conocida de cuantas logró Alfred Wertheimer. Es el momento exacto en el que Elvis intenta lengua con lengua dar un beso a su novia de ese día, una chica que respondía al nombre de Barbara Gray. Aquello sucedió el 30 de junio de 1956 entre bastidores, antes de pisar el escenario del Mosque Theater en Richmond donde lo esperaban 3.000 personas. Muchos años después, cansada de ser identificada solamente como la chica, Barbara Gray explicó al mundo que ella era aquella mujer y que no sabía en ese momento quién era Elvis.