Cataluña

Pánico en el PP en la recta final ante el sorpasso de Vox

El PSOE se juega la estabilidad en el Congreso. El PP, su estabilidad interna. El desastre no costará la cabeza a Casado, pero engordará la exigencia interna de cambios en su equipo.

Pablo Casado, ayer en Barcelona durante el cierre de campaña
Pablo Casado, ayer en Barcelona durante el cierre de campañaAlejandro GarcíaEFE

De las elecciones catalanas de este domingo vuelve a decirse que condicionarán la política nacional. El antes y el después dependerá del resultado de las urnas, pero los sondeos sí apuntan en una doble dirección. A la estabilidad de Pedro Sánchez en el Congreso, en función del resultado de ERC y de si vuelve a formarse un Gobierno de mayoría independentista, que quede controlado por el partido de Carles Puigdemont. Y a la estabilidad interna del Partido Popular.

El principal partido de la oposición se enfrenta a las elecciones de este domingo en estado de pánico. Han llegado a manejar pronósticos que les dan entre 0 y 3 escaños. El temor a contagiarse en los colegios electorales de la covid es un agravante más para un clima general de desmovilización del votante popular. La demoscopia pronostica que sólo irán a votar los muy motivados, y esto favorece al independentismo y, dentro de la derecha, a Vox, por lo que tiene de voto de contestación. Con estas malas expectativas, y después de una campaña controvertida y con serios tropezones, en círculos políticos y mediáticos ha empezado a circular la pregunta de si caerá Casado.

Y la contestación de quienes siguen teniendo control de aparato orgánico, más allá de las fronteras de Génova, es que será peor que eso. «Decaerá el PP».

El líder popular, Pablo Casado, no tiene en peligro la Presidencia del partido, pese a que se confirmase el desastre electoral este domingo, porque no hay nadie con fuerzas o con ganas de ponerse en su sitio. El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, no tiene prisa en dar el salto a Madrid, ni decisión tomada, y para el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, su prioridad es ganar unas elecciones autonómicas andaluzas. El poder territorial no extenderá la revuelta al asalto al liderazgo, pero las urnas sí pueden dar munición a la revuelta que ya existe dentro de la organización popular contra la gestión del «núcleo duro» de Génova. A la exigencia de cambios y más «madurez».

A pesar de la complicada situación política, económica y social que cerca al Gobierno de coalición, el estado de ánimo del PP puede resumirse en la idea de que sienten que con estas elecciones «empiezan una cuesta abajo», dentro de un proceso en el que «lo peor es la solución que van a ofrecer en la dirección nacional».

Puede anticiparse que buscarán escudo en echar la culpa del resultado electoral al ex tesorero Luis Bárcenas, que ha vuelto a la primera línea de la actualidad por el juicio a la caja B del partido; continuarán con la teoría del viejo PP, lo que les convierte, dicen desde las territoriales, «en Inés Arrimadas»; se recrudecerán las crisis internas; y seguirán «sin entender nada». Nadie le discute a Casado que la herencia que recibió fue mala, pero también hay bastante unanimidad en los motivos de la crítica a la gestión de la cúpula. De hecho, la estrategia de esta última semana de campaña resume los puntos negros en los que en el PP sitúan la razón de su incapacidad para coger fuerza hacia arriba, pese a que, en teoría, el escenario no podría ser más favorable para el principal partido de la oposición.

El líder popular tiene muy difícil encontrar el punto medio para hacerse cargo de lo bueno de la herencia de los Gobiernos de Aznar y de Rajoy y renegar, al mismo tiempo, de Aznar y, sobre todo, de Rajoy, por su relación con el ex tesorero Luis Bárcenas y la administración de los casos de corrupción y de la financiación del partido.

La desautorización del 1-0 por parte de Casado en esta campaña la han interpretado en su organización como una rectificación oportunista, que no le suma ni internamente ni tampoco en las urnas. Ministros de aquel Gobierno y dirigentes de entonces reconocían en aquellos días del referéndum ilegal la mala gestión del Ejecutivo de Rajoy, así como el error de haber permitido que se instalaran las urnas y de otras decisiones políticas. Pero salvando siempre la actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado, con el razonamiento de que fueron los errores políticos los que las colocaron «entre la espada y la pared».

Al margen de los debates sobre el pasado, la realidad es que PP y PSOE son los dos partidos que más se juegan en estas elecciones autonómicas. El batacazo de Ciudadanos (Cs) que anuncian las encuestas es también muy significativo, pero hasta en la dirección naranja lo dan en cierta forma por amortizado, de tanto como se viene anunciando. Aun así, tendrá consecuencias para Inés Arrimadas en un mapa político en el que se lo tiene que seguir jugando todo a la baza de ofrecerse como alternativa para sostener al Gobierno de Sánchez, pero sin tener los escaños necesarios como para ser fuerza determinante. Su futuro es complicado.

Vox sólo puede ganar en estas elecciones, igual que le ocurrió en el País Vasco. Y el contexto, además, les sigue favoreciendo.