
Opinión
Invitación al recogimiento
Si la recuperación de esa memoria del pasado se hace de forma sesgada y partidista, nada habremos ganado

Se avecina el invierno, y la naturaleza, que se ha ido ya despojando de sus galas, invita a recogerse y a aguardar, con calma y sosiego, el retorno del buen tiempo.
También el mundo invita a recogerse, aunque por motivos bien distintos. “Salgo de casa y veo un mundo desolado”, declaró recientemente en una entrevista el escritor Luis Mateo Díez, premio Cervantes en 2023. Pero no hace falta salir de casa para sentir eso mismo, basta con asomarse a él desde la ventana de la televisión y las páginas de los periódicos. Y cómo va uno a recogerse con tranquilidad, que es requisito indispensable para poder hacerlo, si lo que ve y lo que oye y lo que lee es todo o casi todo motivo de preocupación y desasosiego.
La ligereza, por ejemplo, con que aquellos que tienen la obligación de atender al bien común y velar por los intereses generales derrochan el dinero público: el Gobierno gasta un millón de euros en habilitar dos pisos para Óscar Puente y Ana Redondo; el Govern y ERC pactan la creación de una oficina de promoción de las selecciones catalanas, para la que se propone un fondo inicial de 100 000 euros, son dos noticias de esta última semana. O la desmedida afición a desperdiciar recursos y sufragar iniciativas con miras a un rédito electoral, iniciativas que a la mayor parte de la ciudadanía ni le va ni le viene, como la campaña para la conmemoración de los 50 años de democracia: cerca de 500 actos de aquí a final de año, todos ellos asesorados por los correspondientes comités de expertos, cuantos más mejor.
Bien está hacer memoria del pasado. Pero si la recuperación de esa memoria del pasado se hace de forma sesgada y partidista, nada habremos ganado. Por eso habría que explicar serenamente y opinar sin apasionamiento y contar con objetividad en lugar de adoctrinar y aleccionar y predicar, que es lo que en la mayoría de esos actos y tribunas se hace. Y estaría bien también escuchar a los que vivieron aquel tiempo, que son muchos todavía, aunque no tengan voz. Porque los que no tienen voz tienen muchas veces más juicio y opinión que los que tienen altavoz. Y si ese juicio y opinión tienen como base y fundamento la experiencia y hablan por consiguiente con conocimiento de causa, como antes se decía, más motivos hay para escucharles: a lo mejor hasta nos llevábamos alguna sorpresa.
Tanto empeño en pintar tan sombríos aquellos años, tanta insistencia en erradicar todo vestigio y borrar toda huella de aquel tiempo hace sospechar de la intencionalidad con que se ha promovido esta campaña. Como sospechosa es también la escasísima atención prestada a la Transición, acaso porque fue una época en la que, al revés de lo que sucede ahora, la reconciliación prevaleció sobre el resentimiento, el pacto y el consenso sobre la confrontación y el enfrentamiento
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