Copa del Rey

Espacio
El espacio está repleto de bestias de fuerza desmesurada, como los agujeros negros. Objetos astronómicos tan masivos que pueden doblar incluso a la propia luz, atándola en las tinieblas más allá de su horizonte de sucesos, donde se extienden las sobras. Y, de tales poderes, es esperable que emerjan eventos igual de descomunales: concretamente, chorros de materia con la longitud de varias galaxias que el agujero expulsa a toda velocidad. Sin embargo, los astrofísicos nunca habían detectado un chorro como el que acaban de publicar en la revista Nature. Su nombre es Porfirión y rompe todos los récords (con bastante diferencia).
Un grupo de investigadores de varias universidades estaban empleando el radiotelescopio LOFAR para estudiar la llamada telaraña cósmica, o, en otras palabras: la estructura de nuestro universo a gran escala, cuando nos alejamos mucho y podemos ver que la materia no se reparte de forma homogénea, sino que se agrupa a lo largo de “camino”, como si fueran los filamentos de una red. Fue así, sin buscarlo, como se dieron de bruces con Porfirión un sistema de chorros con la energía de billones de soles y tan largo como 140 galaxias como la nuestra puesta una detrás de otra. Y puede que no tengamos en mente el tamaño de nuestra Vía Láctea, pero 140 de ellas medirían 23 millones de años luz o, en una medida más del día a día: 200.000.000.000.000.000.000 kilómetros, un dos seguido de veinte ceros…
Empecemos aclarando qué es un agujero negro. Podemos definirlo como una región del espacio tiempo donde la gravedad es tan elevada que ni siquiera la luz puede escapar de ella. Normalmente, se producen por el colapso de estrellas moribundas, cuyo combustible nuclear se agota, reduciendo la fuerza de expansión que ejerce desde el centro de la estrella, de tal modo que la gravedad acaba venciendo el pulso entre ella y la radiación de su interior, reduciendo al astro a un pequeño radio extremadamente denso. Ahora bien, los agujeros negros pueden estar inactivos o activos (“tragando” materia). En este segundo caso atraen una gran cantidad de materia que se arremolina a su alrededor, calentándose a medida que gira y, por lo tanto, emitiendo energía en forma de radiación o de chorros.
En realidad, los investigadores ya se habían dado de bruces con un buen número de chorros y, aunque eran mucho más pequeños, les había sorprendido su frecuencia. Sabían que existían, pero asumían que eran menos. Esto, de hecho, ha derivado en otra investigación que será publicada en Astronomy & Astrophysics Journal, y en la que se informa de la detección de más de 8000 pares de chorros procedentes de agujeros negros. No obstante, entre tantos como ya conocían, Porfirión llamó su atención y es que era un 40% más largo que cualquier chorro conocido. El anterior récord lo ostentaba Alción, un chorro con una longitud equivalente a 100 Vías Lacteas.
Así pues, los investigadores se dispusieron a rastrear el origen de tales chorros y dieron con una sorpresa todavía mayor. Aquellas erupciones conducían a un agujero situado a 7.500 millones de años luz de aquí. Teniendo en cuenta que un año luz es la distancia que viaja la luz en un año y que, por lo tanto, la luz que nos llega de un agujero a 7.500 millones de años partió hace, precisamente, 6.300 millones de años, estamos hablando que esos chorros ya existían por aquel entonces. Dado que nuestro universo tiene 13.800 millones de años, eso significa que Porfirión estaba ahí cuando el universo tenía algo menos de la mitad de su edad actual. Por aquel entonces, lo más frecuente por aquel entonces es que los agujeros negros emitieran materia y energía en modo radiativo y no como chorros, de hecho, los investigadores confirmaron que Porfirión surgió de un agujero negro radiativo. Esa fue la verdadera sorpresa, porque hasta ahora se suponía que un agujero negro radiativo no podía producir chorros tan grandes.
"Podríamos estar viendo solo la punta del iceberg", dice Martijn Oei, becario postdoctoral de Caltech y autor principal de un nuevo artículo. "Nuestro estudio con LOFAR cubrió solo el 15% del cielo. Y la mayoría de estos gigantes probablemente son difíciles de detectar, por lo que creemos que hay muchos más de estos colosos allá afuera".
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