Alcohol

Los simios se “emborrachan” girando sobre sí mismos

Un estudio ha analizado la conducta de giro de algunos grandes simios para comprender mejor nuestra búsqueda de la embriaguez

Chimpancé en una fotografía de stock
Chimpancé en una fotografía de stock DaFranzos Pixabay

El alcohol es una parte central de nuestra cultura. Mal que nos pese, está presente en nuestras interacciones sociales y en los ritos. Está tan arraigado que nos cuesta verlo como lo que es: una sustancia tóxica a la que podemos volvernos adictos. O, dicho de forma más cruda y polémica: una droga. Nos autoconvencemos de que “no es tan mala” o incluso de que “en pequeñas cantidades el vino es bueno”, pero no es cierto. Hay estudios que encuentran beneficios muy concretos para algunas estructuras y procesos de nuestro cuerpo si consumimos determinadas sustancias presentes en estos alcoholes. El problema es que estas sustancias están en cantidades ridículamente bajas y, junto a ellas, hay muchas otras más tóxicas. Podríamos decir que, visto de forma global, teniendo en cuenta todo el cuerpo y todas las sustancias presentes en las bebidas alcohólicas, son más perjudiciales que beneficiosas. Ahora bien, ¿por qué las consumimos?

El alcohol es uno de los casos más conocidos y extendidos, sin duda. De hecho, sabemos incluso de la existencia de monos, elefantes y otros mamíferos que consumen fruta podrida que, al fermentar, ha producido cierta cantidad de alcohol. ¿Pero por qué lo consumimos? ¿Qué es lo que nos atrae de él? Estas preguntas no son sencillas de responder, pero a veces podemos orientar más o menos las respuestas si observamos a nuestros parientes vivos más cercanos, los grandes simios. Como hemos dicho, sabemos que otros animales consumen alcohol cuando está disponible, pero eso no aclara mucho las motivaciones. ¿Es porque nos gusta el sabor? ¿Por qué apaga nuestros sentidos? ¿A qué se debe esta conducta tan nociva? Para saberlo hay que encontrar situaciones donde los grandes simios busquen alguna consecuencia similar a las de beber alcohol, pero sin tomarlo realmente.

Un giro de los acontecimientos

Un grupo de investigadores ha decidido explorar esta duda y, para ello, han analizado vídeos de grandes simios girando sobre sí mismos. Puede parecer extraño, pero todo empezó cuando se toparon con un primer ejemplo de esta conducta: el vídeo de un gorila girando en una piscina. A partir de ahí empezaron a buscarlos de forma deliberada y encontraron más de 40 vídeos similares. ¿Era simplemente un juego o buscaban algo más? ¿Se mareaban como nosotros? Había que cuantificar las vueltas y así lo hicieron. Contando los giros de los vídeos llegaron a la conclusión de que la mayoría de los grandes simios de su estudio giraban 5 veces y media seguidas antes de parar y que repetían esta acción unas 3 veces. Habiendo calculado la velocidad, que era de 1 vuelta y media por segundo, los investigadores solo tenían que hacer una cosa: probarlo en carne propia.

Así es como comprobaron que, al menos en humanos, esos giros son capaces de marearnos. De hecho, a los investigadores les costó realizar la tercera serie de giros por el mareo acumulado de las dos anteriores. Si el caso de otros grandes simios es similar (y no hay motivos evidentes para pensar lo contrario), podemos sospechar que han de buscar deliberadamente el mareo en sus juegos. Girar en sí mismo puede ser un ejercicio divertido y un buen motivo para hacerlo, pero si quisieran evitar el mareo podrían lograrlo fácilmente espaciando las series de giros.

Estados alterados

¿Es posible entonces que esta conducta de giro tenga motivaciones similares al consumo de drogas? Estos giros, en cierto modo, propician estados de conciencia alterados cuando son extremos. Sin ir más lejos, los Derviches son miembros de una fraternidad religiosa del islam y, entre ellos, existe una orden conocida como “Derviches giradores”. Estos buscan exactamente lo mismo: alcanzar estados de conciencia alterados a través de estos giros. Así consiguen el un trance que ellos consideran místico.

Si estas conclusiones del estudio son acertadas podemos suponer que la búsqueda de estados de conciencia alterados es bastante previa a nuestra especie, algo que hemos heredado de nuestros antepasados no Homo sapiens y que ha perdurado como un rasgo casi universal de nuestra especie. Algo que compartimos incluso con otros descendientes de nuestros antepasados, otros animales que no necesitan divorcios, hipotecas y despidos para querer perder la noción de la realidad durante un tiempo.

¿Significa esto que el consumo de sustancias es sano por ser natural? Nada más lejos de la realidad. La naturalidad de una conducta no nos dice prácticamente nada sobre si es beneficiosa o perjudicial para nosotros. Sin embargo, sí nos ayuda a comprender desde cuándo nos comportamos así, qué buscábamos e, incluso, cómo podemos enfrentar el problema.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • No importa quién te diga lo contrario, los estudios que realmente miden el impacto global de las bebidas alcohólicas en nuestro organismo coinciden en que cualquier beneficio es despreciable frente a los perjuicios que generan.
  • Cabe la posibilidad de que esta conducta de los grandes simios tenga algo que ver con encontrarse en cautividad, para buscar estimularse en un entorno demasiado pobre. No obstante, parece que también se da en grandes simios en libertad, por lo que habrá que seguir estudiando esta actividad.

REFERENCIAS (MLA):

  • Great apes reach momentary altered mental states by spinning. Primates[[LINK:EXTERNO|||http://dx.doi.org/10.1007/s10329-023-01056-x" target="_blank">]]