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“Adiós”: cuando Spielberg se topó con las Tres Mil Viviendas

Paco Cabezas regresa a su Sevilla natal tras años dirigiendo exitosas series en EE UU con este “thriller” con un Mario Casas inmerso en una venganza gitana

Una imagen de "Adiós", de Paco Cabezas
Una imagen de "Adiós", de Paco CabezasJulioVergne.

Paco Cabezas quería ser Scorsese. «Recuerdo ver ‘‘Taxi Driver’’ y pensar en hacer eso», rememora. Un sueño que podía sonar hiperbólico en un niño de Los Pajaritos, un humilde barrio sevillano no muy lejos de las Tres Mil Viviendas. «Con el tiempo me he dado cuenta de que no puedo serlo», señala. Lo cual no quita para que, apuntando muy alto, haya logrado sobrepasar con creces las expectativas de un joven del distrito más pobre de Sevilla.

A sus 41 años, Paco Cabezas no ha rodado «Taxi Driver», pero, ojo, ha alcanzado tal estatus en Hollywood, donde ha dirigido numerosos episodios de series tan conocidas como «The Walking Dead», «El alienista» y «Penny Dreadful», que puede permitirse el lujo de decirle «no» a Steven Spielberg para volver a casa, a Sevilla, para rodar. «Estaba a punto de trabajar en ‘‘Halo’’, con Spielberg de productor. La serie está basada en un videojuego de Microsoft, con extraterrestres, ambientada en el año 5.500, soldados galácticos y todo eso... Cuando estaba tomando la decisión me llega el guión de ‘’Adiós”. Fue una llamada de la tierra, es la película más cercana a mi alma y a mi corazón, a quien soy yo», añade.

Spielberg podía esperar. Por lo pronto, urgía contactar con José Rodríguez, el joven sevillano detrás del guión que le había llegado a Cabezas en un momento crucial de la vida. «Él estaba de repartidor de pasteles en mi ciudad. Le llamé y me colgó porque pensó que era una broma. Le dije: tienes talento, vente para Madrid», recuerda. Ahora, gracias a la ayuda de Cabezas, es un guionista reconocido. Eso de atrapar el talento en bruto, opina, lo ha aprendido de los «yanquis»: «Saben verlo; no miran la procedencia de nadie. Yo soy un chaval de barrio y no creo en castas, enchufes ni contactos».

Así logró instalarse en Los Ángeles desde 2013. Y ahora, con «Adiós», no solo regresa a España físicamente sino que rueda por primera vez en nuestro país. Mario Casas ha sido su gran aliado en este aventura. Al intérprete lo conoce desde «Carne de neón» (2011), que rodaron juntos en Argentina. Muchos no veían al madrileño en el pellejo y en el acento de un gitano de las Tres Mil que, por mor de turbias luchas de clanes, acaba metido en gresca para vengar la muerte de su hija. «Hice un casting muy extenso y claro que hay actores sevillanos buenos, pero hablé con Mario y me di cuenta de que no necesitaba un actor con acento sevillano sino uno que se dejase las entrañas. Tenía la seguridad de que lo iba a dar todo».

«Adiós» requiere esa intensidad. Fatalista como una tragedia griega con coro flamenco, oscura como un verso de Lorca en una noche de reyerta a la luz de las candelas, el drama de unos padres (Casas y Natalia de Molina) incapaces de huir de su sino en un barrio tan señalado, es una cinta con la que Cabezas echa el resto. «No quería tener, eso sí, ninguna referencia en la mente, pero luego me di cuenta de que esto era Morente, Camarón, Lorca, tragedia griega y todo eso. Como una soleá, una bulería, un quejío flamenco. Por eso el filme está dividido en tres partes, como los estribillos que se repiten de una soleá».

Cabezas sabe que, a su vuelta, Hollywood seguirá allí, e incluso Spielberg. «Aunque no sé si me llamará», afirma, prudente. Lo que tiene más claro que el agua es que «no quiero que ésta sea mi última película en España». Tarde o temprano, volverá.

Llegar con cámaras y todo tipo de aparataje de cine a las Tres Mil Viviendas, donde los servicios municipales se niegan a entrar, no suena a tarea fácil. «El respeto es la clave –señala Cabezas–. Cuando lo das, te lo devuelven». El equipo se ganó la confianza de los habitantes del barrio y los patriarcas, «gente que vive cosas como las que contamos en la película». Cabezas rememora una grabación especialmente intensa tras la cual el numeroso público de este barrio aplaudió y «un patriarca vino a abrazarme emocionado».