El Beaujolais siempre vuelve

Este vino joven francés crea vínculos temporales al probarlo y cimenta una efímera empatía que destila querencia para todos los públicos. El maridaje acompasado con embutidos y quesos es irrenunciable.

Hay reencuentros vinícolas que nacen con la fecha escrita
Hay reencuentros vinícolas que nacen con la fecha escritaEduardo Aznar

Hay reencuentros vinícolas que nacen con la fecha escrita. No es necesario buscarse coartadas para jerarquizar el consumo del conocido Beaujolais Nouveau que nos acompañará durante el epílogo de noviembre. El maridaje acompasado no está comprometido. No es ningún secreto, movidos por un impulso dependiente que no sabemos descifrar, somos capaces de ponernos de acuerdo en su consumo. La reciente vendimia se vuelve presente.

En algunos establecimientos encumbran este vino con embutidos, quesos, conservas, salazones y pates, como aliados incondicionales, para crear una jornada irrenunciable de gastronomía infatigable y paladar fácil. Se amontonan las razones para programar una serie de paradas, con incuestionable éxito, durante un circuito improvisado: Bodega Albarizas (Antonio Suarez, 29); Ultramarinos Agustín Rico (Gran Vía Germanías, 17) y Saxo (Doctor Sumsi, 26), donde tiene sus efímeros dominios el Beaujolais las dos próximas semanas. Si nunca han oído hablar de nuestro protagonista, aquí tienen un mapa de oportunidades para familiarizarse.

Un acontecimiento inaplazable dictado por la cercanía temporal de la vendimia. Una experiencia, incluidos todos los sentidos establecidos por la curiosidad, a la que hay que entregarse sin trabas. Aunque todos los gastrónomos tienen un ángel vinícola y un demonio sumiller en su interior, no es este el caso, nos decantamos, por el beaujolais más hacia uno u otro lado, en parte por la experiencia vivida pero también por las circunstancias hosteleras favorables donde surge una experiencia que debe ser contada.

«Le Beaujolais Nouveau est arrivé…»
«Le Beaujolais Nouveau est arrivé…»Eduardo Aznar

Un corto eslalón vinícola se precipita ante nosotros mientras los contrabajos enólogos percuten en la sincronía de nuestro consumo habitual. Aventura oportuna con maridaje festivo. Un vino al que ya conocemos, mientras pensamos en volver a probarlo cada vez con más motivo. No es necesario tener una resuelta sabiduría sumiller, más bien una desacomplejada intrepidez vinícola para saborear este joven caldo francés que crea vínculos al probarlo y cimenta una efímera empatía. Célebre y (des)conocido en nuestro país, su consumo empieza a ser más demandado, mientras en Lyon, la capital espiritual de la denominación de origen, se festeja por excelencia.

Hay cuestiones secundarias que pueden hacer variar la percepción final de este sencillo vino, sin relativizar el poder escénico de ciertas costumbres desarrolladas por el influyente marketing del sector vinícola francés a mediados del siglo pasado.

En 1951 un poeta de Lyon, Louis Orizet, amigo del patriarca del Beaujolais, Georges Duboeuf, acuño una frase que cambio la vida de tantos viticultores: «Le Beaujolais Nouveau est arrivé…» «ha llegado el nuevo vino». Su carta de presentación es sencilla: Vino fácil de beber, con persistencia en boca, que destila querencia de manera natural para todos los públicos. Su huella ligera y afrutada es evidente sin plantear grandes cuestiones que trascienden a un vino suave que tiene la particularidad de ser lanzado a la venta el mismo año de su cosecha. Los vinos beaujolais nouveau son elaborados con uvas gamay, cepa tinta que se cultiva en la región vitivinícola francesa de Beaujolais, al sur de Borgoña. Aunque minoritario también hay una variedad de beaujolais blanco. Anclados en las necesarias servidumbres de ciertas costumbres importadas de Francia. La cercanía sumiller se concilia para generar una tertulia final que se transforma en tributo. A pesar de la pregonada neutralidad, dejémonos mimar por el buen ambiente que genera este vino y aprovechemos su corto recorrido que activa nuestro metabolismo. Las primeras copas se convierten en una evidencia incandescente que ejerce de timonel durante la cata. Intenten sustraerse a los vaivenes de críticas e innecesarias comparaciones de purismos acelerados. Ya se sabe que contrariar ciertos gustos no es conveniente para los paladares.

Solo hay una razón amarga para finalizar esta cata. El poder efímero de este joven vino que obedece a imponderables del tiempo como reflejo de un pronóstico mil veces reiterado: la fermentación exprés y la maceración por el método llamado carbónico, en solo cuatro días, que provoca la levedad de los taninos. Aunque ya se sabe que hay barras en las que los protagonistas deciden no tomar ninguna iniciativa, donde sus preferencias se mantienen invariables y renuncian a no alterar el status de su vino favorito. Ustedes tienen la última palabra: concédanle a este joven vino el beneficio de la duda en forma de prueba. No se resistan a aceptar la evidencia, su paladar lo agradecerá puntualmente. Aquí acaba este pequeño recorrido de sumiller sobrevenido. Agradecido por la oportunidad tan inesperada. Queda tan solo algo pendiente… brindar. No es una fábula; está ocurriendo. El beaujolais se agota, pero siempre vuelve.