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Comunidad Valenciana

Rompe el guion de la Navidad

La psicóloga especializada en trastornos alimentarios aconseja comer “con los cinco sentidos”

Cada año en Navidad, nos vemos arrastrados por una especie de guion preestablecido que nos marca cómo debemos sentirnos (felices y «buenrollistas») y cómo debemos comer (hasta que no podamos más). La mayoría lo seguimos a pies juntillas, sin cuestionarnos nada más, es así porque «toca». Pero… ¿tiene que ser así?

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¿Es la Navidad una época en la que todos deberíamos sentirnos bien? Pues depende. Quizá habrá años en los que tengas muchas cosas que celebrar, años en los que juntarte con los tuyos sea motivo de gran alegría y años en los que no sientas que haya nada que celebrar porque han sido difíciles o en los que una silla vacía pese tanto que os cueste hasta respirar.

Si eres de los primeros, disfruta y graba a fuego las sensaciones bonitas, esos recuerdos serán un refugio al que podrás volver siempre que lo necesites.

Y si eres de los segundos, está bien. Que nadie te diga cómo deberías sentirte, tampoco en Navidad. En esta línea, en la de personas para quienes la Navidad es un momento muy complicado, están las personas que tienen problemas en su relación con la comida y sus familias.

¿Es la Navidad una época de excesos alimentarios? Pues no tiene por qué. Es cierto que en las comidas y cenas navideñas tratamos de preparar platos o consumir alimentos que no tomamos con frecuencia durante el año, y que las cantidades tienden a ser mayores. Pero si quieres mantener unos hábitos saludables también en estas fechas es posible, tengas o no un problema con la comida.

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Aquí van algunas ideas generales, aunque si ya tienes un diagnóstico y te encuentras en tratamiento, nada de lo que puedas leer aquí modifica o sustituye las recomendaciones personalizadas que te hayan dado.

Sírvete en el plato en lugar de comer del centro, intentando mantener la estructura de tus comidas habituales. Si no te sientes seguro de las cantidades, utiliza las referencias que te hayan dado tus terapeutas o pide a alguien de confianza que te sirva.

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Come conscientemente, con los cinco sentidos; fíjate en los colores de la comida, los aromas; detente a notar las sensaciones y el sabor, la textura; escucha el sonido del alimento al comerlo…

Come tranquilo, despacio, tratando de mantenerte implicado en la conversación. Ten preparada una lista de temas alternativos por si alguna conversación toca temas delicados para ti o pide ayuda.

Si puedes, disfruta de esa comida especial. Si todavía no puedes, al menos no dejes que la culpa te cuente la película a su manera. No has hecho nada malo, no hay nada malo en comer, no hay nada malo en disfrutar de la comida, no hay nada malo en salirse de la pauta alimentaria habitual de vez en cuando, no hay nada de malo en tomar alimentos navideños como turrón o mazapanes. De verdad, no hay nada de malo…

Escucha a tus sensaciones corporales a la hora de decidir comer más o no. Si te cuesta controlar el seguir comiendo a pesar de no tener hambre, habla con antelación con alguien que te ayude y retire los platos del centro de la mesa una vez que todos se hayan servido.

El resto de días fuera de las fechas más señaladas, recupera tus hábitos de vida con la mayor normalidad posible. Ojo con compensar: la compensación abre la puerta a la siguiente descompensación y además mantiene la idea de que has hecho algo malo. Y recuerda que no es así, una alimentación saludable es la que te permite tener una relación saludable con la alimentación y eso pasa, si o si por la flexibilidad.

Quizá también pueda ayudarte preparar actividades para antes y después de las comidas, por ejemplo: preparar centros de mesa de Navidad, escribir una nota a cada comensal y dejarla en el sitio donde va a sentarse, inventar un villancico familiar, jugar a algún juego de mesa después de comer o ir a dar un paseo tranquilo…

Si eres familiar de alguien que pasa por esto, recuerda acompañarle desde la calidez, la empatía y la firmeza. Trata de ver más allá de los comportamientos visibles, conecta con lo que esconden y sintoniza con él o con ella desde ahí: detrás de un «no quiero comer» hay un miedo atroz a no ser suficiente; detrás de un descontrol con la comida hay una enorme ansiedad y una vergüenza incapacitante. Acompaña a tus seres queridos a atravesar esas emociones tan difíciles, estate disponible para ellos y ayúdales a tomar las mejores decisiones.

Estas quizás sean unas navidades complicadas, pero os prometo que os esperan muchas otras de todos los colores. La vida está al otro lado del trastorno alimentario.