La subida del salario mínimo, más sombras que luces

Desmotivación entre los trabajadores con categorías más altas, despidos o desincentivación de la contratación, son solo algunas de las posibles consecuencias de esta nueva subida de la renta

El sector agrario valenciano ha dicho ya que no puede asumir una subida del SMI, puesto que ni siquiera en este momento llegan a la media salarial
El sector agrario valenciano ha dicho ya que no puede asumir una subida del SMI, puesto que ni siquiera en este momento llegan a la media salarialCarlos BarbaEFE

La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a 950 euros -en realidad son 1.050 euros más el 32 por ciento de cuota de la Seguridad Social- prevista para este año presenta, en vista de los datos, más sombras que luces.

Aunque aparentemente signifique un incremento del poder adquisitivo de los trabajadores, esconde consecuencias mucho menos beneficiosas. Una de ellas es la desmotivación y frustración de los trabajadores de categorías más altas que ven cómo sus subordinados se acercan o igualan su nómina; otra, los despidos anticipados en las empresas que, presas de la inseguridad y la incertidumbre, prefieren desprenderse de un coste laboral demasiado elevado.

Así lo explica la abogada Meritxell Hernández, especialista en derecho laboral del despacho valenciano Celink. «Si el aumento del SMI no se traduce en un incremento de todos los salarios, la desmotivación está servida», asegura. Indica que «no es el momento» para una nueva subida del salario mínimo puesto que ya se aumentó en 2019 y supone un esfuerzo excesivo para la mayoría de las empresas.

«Hay que tener en cuenta que la mayoría de las empresas de la Comunitat Valenciana son pyme familiares, para las que supone un gran esfuerzo tener que hacer frente a una nueva subida salarial en un momento además en el que las previsiones económica no son precisamente buenas».

Explica que multitud de empresas acuden al despacho preocupadas ante la incertidumbre de qué va a pasar, y cuáles son sus opciones. «Provoca miedo y desincentiva la contratación».

Hernández señala que no hay datos que demuestren que la subida del SMI en 2019 perjudicara la creación de empleo, pero tampoco demuestran lo contrario. Lo que sí está claro, dice, es que se mantienen o se incrementan los contratos a tiempo parcial.

En muchos casos estos contratos esconden sueldos en B, para ahorrase parte de una cotización a la Seguridad Social que supone un coste adicional a la subida del salario, sobre todo después de que en 2012 se eliminaran las bonificaciones.

Ya lo advirtió hace unas semanas el presidente de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV), Salvador Navarro, el incremento de los sueldos solo un año después de la última subida, va a provocar un aumento de la economía sumergida.

Hay sectores valencianos, como el agrario, que han dicho ya alto y claro que no pueden asumir la subida del SMI, es más, en este momento los trabajadores del campo no llegan al umbral mínimo de renta, por lo que sería imposible que subieran los sueldos, al menos con lo actuales precios que se pagan en el campo.

Desde La Unió de Llauradors califican de llamativo que la patronal y los sindicatos acuerden con el Gobierno la nueva subida del nivel del SMI profesional, y que sus filiales en el campo, Asaja (CEOE) y UPA (UGT), se muestren críticas con las consecuencias de su aplicación hasta el punto de calificarlo de inasumible, ya que no se puede promover una cosa y estar en contra de sus consecuencias a la vez.