Lo que nos enseña el covid-19

Que lo cotidiano es lo importante; que todos cumplimos un servicio; que podemos permanecer unidos. Es momento del autocuidado y de hacer “detox” de las redes sociales

No recuerdo el último abrazo que di a mis amigas, ni el último aperitivo que tomé al sol en una terraza, ni el último paseo con mi hija. No los recuerdo porque no les di importancia. No les di importancia porque son cosas que daba por hechas. Y quizá esa sea una de las grandes lecciones que podemos aprender de una crisis como esta, darnos cuenta del extraordinario valor que tiene todo aquello que era nuestra normalidad.

El giro de 180 grados en nuestras vidas que supuso de un día para otro el covid-19 nos enseña muchas cosas. Nos enseña que lo pequeño, lo cotidiano es lo más importante. Aquello a lo que no prestamos atención ayer es lo que más echamos de menos hoy. Nos enseña que la sanidad pública es un tesoro que tenemos que cuidar. No cuidamos suficientemente bien a quienes nos cuidan, y en momentos de crisis como estos, ellos son quienes nos sacan adelante. Espero, de corazón, que no se nos olvide cuando pase la tormenta. Nos enseña que toda la gente que cumple servicios básicos son el esqueleto de la sociedad, sin ellos no nos mantenemos en pie. Gracias. Nos enseña conciencia social; nos mostró de frente y sin escapatoria que todos los seres humanos estamos en el mismo barco y nos necesitamos. Esta pandemia sólo se puede parar pensando los unos en los otros, no hay lugar para el individualismo: este virus sólo lo vencemos todos juntos. También nos enseña que no podemos abrazarnos, pero sí permanecer unidos.

Ansiedad y autoexigencias

En los últimos días se nos está llenando la agenda con mil y una propuestas culturales, de ocio, de actividad física… y puede ser positivo tener una abanico amplio de posibilidades, pero también puede despertar exigencias sobre lo que deberíamos o no deberíamos hacer en los días de cuarentena y abrir la puerta a la ansiedad y a las comparaciones que tanto daño hacen.

Está bien que te apetezca realizar actividades diversas y está bien que no te apetezca, puede que necesites tiempo para procesar el tsunami de emociones que implica esta situación y que para ello tengas que parar. Y está bien. Está bien que hables de ello, que lo saques fuera, que lo escribas, que lo pintes, que lo llores… no te quedes con las emociones dentro, se acumularán y terminarás sintiendo un nudo complicado de deshacer que no será más que el cúmulo de todo lo no expresado. Cualquier cosa que sientas estos días tiene un sentido y está bien, dale su espacio y permítete sentir.

Esta situación es nueva para todos y cada uno la vivimos como podemos con los recursos con los que contamos y en la situación que nos ha tocado vivir. No existe una forma correcta de sentirse ni de actuar en una circunstancia como esta, así que lo mejor que podemos hacer es escucharnos para poder atender lo que necesitamos en cada momento.

Dejar salir las emociones sin embargo, no quiere decir que nos dejemos secuestrar por ellas y vivamos aferrados al miedo, que es una de las que más presente está estos días. Quizá sea una buena idea que limites el tiempo de exposición a noticias, y que busques fuentes fiables de información; los bulos y noticias falsas pueden hacer que pasemos de un miedo adaptativo (el miedo nos ayuda a mantenernos alerta) a un pánico patológico. Esta puede ser una oportunidad para hacer un “detox” de redes sociales o de cuentas a las que sigas que descubras que no te hacen bien, por el motivo que sea.

Tener una cierta estructura en el día puede ayudar, pero sin obsesiones. Mejor tener una lista de ideas que un horario rígido. Intenta que esas actividades incluyan además del tiempo para teletrabajar, ratitos de autocuidado y aseo personal, espacios de comunicación con los tuyos (presencial y/o virtual con quienes estén lejos), tiempo de ocio y de descanso.

En estos días de convivencia intensiva, pueden surgir más roces o discusiones en las interacciones diarias. Es normal que en una situación de estrés podamos desregularnos y que esto de lugar a alguna respuesta fuera de tono, por lo que es muy importante que tratemos de mantener la asertividad a la hora de comunicarnos.

Nos puede ayudar recordar que detrás de una queja siempre hay una necesidad no cubierta, y que es mejor expresar esta última. Por ejemplo, podemos tener ganas de decirle a alguien: “déjame en paz” de forma brusca y dar un portazo después para para encerrarnos en el cuarto. Pues bien, detrás de eso está la necesidad de estar solo que podemos expresar justo de esa forma: “Voy a mi cuarto, necesito estar solo o sola durante un rato, que no entre nadie por favor”. Cuidando estas interacciones cotidianas podemos prevenir heridas de relación. Y si no hemos sido capaces de comunicarnos de forma calmada, recordemos la importancia de reparar y pedir perdón.

Ojalá encontréis la forma y los momentos para cuidaros y cuidar de los vuestros estos días. Estamos juntos en esto. Y por favor, quédate en casa.