Los odontólogos lamentan que no se les ha tenido en cuenta como personal de alto riesgo

Denuncian que no cuentan con ninguna protección y que los pacientes y ellos están asumiendo un riesgo

Los hermanos Diego y Marta Peydro, ambos odontólogos, lamentan que durante esta crisis sanitaria no se les haya tenido “en ningún momento” en cuenta como “personal de riesgo”, a pesar de que trabajan a “escasos centímetros” de la boca del paciente y sin disponer de material de protección adecuado para hacerlo. “Sentimos un desamparo y un desprotección absoluta” afirma a EFE Marta Peydro, quien lamenta que por parte del Gobierno ni de la Conselleria de Sanidad todavía no se haya decretado el cierre temporal de las clínicas dentales, a pesar de la petición de los Colegios Oficiales de que así sea, y tampoco se les haya proporcionado un protocolo de actuación ante esta pandemia.

Durante el periodo de confinamiento Clínica Peydró solo permanece abierta en Valencia un día a la semana para atender las urgencias dentales de sus pacientes, aunque algunos de ellos han sido multados cuando se dirigían al centro ya que una urgencia dental no está contemplada como una posibilidad para poder salir del domicilio.

“Trabajamos a pocos centímetros del paciente, directamente con saliva y fluidos orales que nos salpican y quedan en suspensión en el ambiente del gabinete, y no disponemos del material sanitario de protección adecuado para protegernos nosotros, a nuestro personal y al paciente”, asegura.

Según Marta Peydró, “la mayoría de las clínicas dentales somos pequeños empresarios que nos dedicamos a los tratamientos de salud bucodental de la población y nos hemos encontrado en una situación de desprotección” y, en ningún momento, la administración se ha puesto en contacto con los profesionales sanitarios.

“La administración no se ha tomado la molestia de, punto por punto, determinar cuáles son las profesiones que deben cerrar, y lo que supone para los profesionales y los pacientes”, ha indicado Peydro, quien ha puesto como ejemplo las peluquerías, que al principio iban a quedar abiertas y posteriormente se decidió su cierre.

También ha indicado que los pacientes también tienen cierto riesgo, porque una vez sale uno del gabinete la desinfección “no tiene nada que ver con la que se hace normalmente. El paciente está asumiendo un riesgo”. Aconsejados por los Colegios Oficiales de Odontólogos, las clínicas han ido cerrando de manera voluntaria, aunque al no ser uno de los negocios en los que la administración ha determinado que tienen que cerrar a la hora de seleccionar un ERTE existe la posibilidad de que se niegue a hacerlo.

Según explica, la mayoría de clínicas tiene entre dos y tres empleados, y las mas grandes pueden llegar a los diez, pero cerraron el pasado 13 de marzo y “llevamos casi tres semanas cerrados y no vamos a volver a abrir del todo hasta que no nos lo digan los colegios oficiales”.

Mientras tanto se mantendrán abiertos los miércoles para las “urgencias reales” como dolor o infecciones, basándose en una lista facilitada por la entidad colegial, aunque a la consulta solo acuden Marta y su hermano Diego y han planteado un ERTE para sus siete trabajadores. Ha destacado que los pacientes que acuden a su consulta lo hacen de uno a uno, no coinciden dos en la sala de espera y se usan distintos gabinetes para atenderlos. “Si no vienen a las consultas, dónde van los pacientes, a los hospitales que están saturados por el COVID--19”, se pregunta la odontóloga, que añade que ayudan a que “no se saturen los sistemas de urgencias, los estamos descongestionando”.