Nacen en el Bioparc once ejemplares de boa Duméril

Su hábitat original son los bosques secos de Madagascar

Tras el babyboom de diferentes especies que ha vivido Bioparc Valencia este año, ahora le ha llegado el turno a una especie endémica de Madagascar, la Boa de Duméril. Ha sido una gran noticia para todo el equipo del parque, pues es la primera vez que se reproduce. La primera vez aproximadamente ocho meses los técnicos observaron la cópula entre el macho y la hembra y aghora han nacido once ejemplares. Las crías tienen un tamaño de 50 centímetros aproximadamente y el peso oscila entre los 50 gramos de las más pequeñas hasta los 100 gramos de las más desarrolladas al nacer.

Por el momento van a permanecer en cuarentena donde se está realizando un seguimiento de su crecimiento, especialmente de su correcta alimentación. Una vez se confirme que evolución es completamente positiva y normal, serán trasladadas a unos nuevos terrarios, creados especialmente para ellas y ubicados en el espectacular tronco caído que sirve de nexo entre la zona que recrea Madagascar con la entrada a los bosques de África ecuatorial.

La Boa de Duméril (Acrantophis dumerili) en España únicamente puede contemplarse en el parque valenciano, en el zoo de Barcelona y en el parque del desierto de Tabernas. Su hábitat original son los bosques secos de Madagascar desde el nivel del mar hasta los 1.300 metros de altitud. Como la mayoría de los miembros de la familia Boidae, es una serpiente robusta que puede alcanzar los 1,5 metros de longitud. Posee bandas grises y marrones con marcas negras que recorren todo su cuerpo. Es una serpiente terrestre, solitaria y, al igual que la mayoría de las boas, es ovovivípara por lo que los huevos eclosionan en el interior del cuerpo de la madre y nacen siendo crías completamente independientes. Al existir poca presencia de grandes depredadores en la isla de Madagascar, las

Boas de Duméril tienen camadas más pequeñas que otras boas constrictoras, permitiendo que las crías sean más grandes al nacer. Caza por la noche, ya que aprovecha el descenso de las temperaturas para detectar el calor que emiten sus presas a través de unos hoyados sensibles al calor que tiene alrededor de la boca.