Tasca de Ricardo, pleamar de sabores

Poseen la virtud de recordarnos el poder descomunal que ejerce la excelencia del binomio mariscos y pescados en la restauración

El dietario de la actualidad amanece en la provincia de Castellón con una fantástica coartada. Como pescadores «cerqueros» de experiencias gustativas que vivimos abrazados al presente nos dirigimos hacia la Tasca de Ricardo (Avda Mediterráneo, 28) en Burriana.

Aunque este establecimiento sea una referencia más que reconocida y el particular menú, con nombre propio, tenga a favor la voz autorizada de nuestro entrañable anfitrión, Juan Torca, hoy tenemos que hablar de su deseada carta donde se maneja con sobresaliente habilidad y se mueve el centro de gravedad del gusto con la hondura exacta: Almeja fina de Carril y ostras Amélie como entrantes que transitan por la senda gourmet de manera ortodoxa, gamba roja del litoral de Castellón cocida, sin necesidad de balizas culinarias tras una larga travesía como marisco de alto cabotaje y el distinguido atún rojo donde se mezcla el mar y los saberes mientras los paladares son tomados como rehenes. Sin olvidar destacar sus notables arroces y fideuas de profunda huella.

El vibrante estribillo inicial de mariscos y pescado llega a convertirse en un auténtico bálsamo. Sabemos que se avecina una tormenta cargada de ecos gustativos procedentes de Galicia y Francia donde el goce y la satisfacción siempre asoman. Las sensaciones del paladar no envejecen con su llegada mientras los paladares laten desbocados sin área de descanso.

El asombro se multiplica al probar el atún rojo. Sabor singular e intransferible donde se antoja un continuo destello de verdad gustativa. La deliciosa coreografía de variedades culinarias túnidas centra todas las miradas. Controlamos los ímpetus mientras se inicia el culto. Existen platos que irradian sentimientos de forma innata como: el sashimi, el tartar de descargamento, el morillo o el chuletón de atún a la plancha. Realidades conforme al ideal gastronómico nipón y local, sin martingalas. El atún no entiende de fronteras. Textura acorazada y grasa colindante que permite todo tipo de licencias. Los mares culinarios unen y los puertos gourmet no separan. 

El atún rojo como un cerdo ibérico marino es un universo de diferentes carnes que ha aprendido a desafiar su propia condición de monumento gastronómico. En este restaurante donde combinan sabores y ensamblan querencias, con suma facilidad, hacen de la versatilidad de texturas y grasas del atún su «leiv motiv». El menú probado es un gesto indiscutible de máxima confianza al conciliar con precisión la despensa del mar y la maestra cercanía del cocinero y dueño Ricardo Soler Valle.

Nos aproximamos al final donde los golosos quedan más que amparados ante un conjunto de postres donde flota la dulce satisfacción. Después de una corta meditación improvisada, el epílogo de la sobremesa encierra un obstinado deseo de probar la torrija al estilo Tasca.

Dirán ustedes a que todo este universo de sabores, solo le falta una cosa…el vino, cava y champán que lo acelere, pues no, en su selecta bodega gestionada por la profesional y didácticamente cercana jefa de sala, Vanesa Villanova Pérez, esconden más referencias (des)conocidas que cubren las demandas más exigentes.

El discurso alambicado nos proporciona la conversación para recordar al patriarca y pionero Ricardo Soler Gabara que dirigió su barco tierra adentro para comenzar a navegar en el complicado océano de la restauración al pie del paseo marítimo.

Confirmada la futura querencia nos dejamos llevar por el optimismo. Visto lo visto, por fortuna, parece imposible que esta crisis socave y revoque el buen gusto por estos establecimientos. Poetizando lo vivido se puede considerar esta experiencia como una renovación de votos gastrónomos marineros.

Solo se puede expresar una confianza ciega que volveremos antes de que finalice el otoño. Hay muchas razones para visitarlo. Su infinita versatilidad, infrecuente en la cotidianidad restauradora actual, está presente en todas sus creaciones.

En el memorando gustativo final, cuanto más sinceras y espontáneas son las palabras, las huellas de algunas sobremesas no tienen fecha de vencimiento. Y pasado cierto tiempo es mejor repetirlas.

Frente a los títulos de crédito brindamos por la certidumbre de un futuro mejor sin la maldita pandemia. Mientras esto ocurre nos esperan, con reserva previa, en la Tasca de Ricardo con una pleamar gustativa de sabores.