Fiscalía considera probado que el entrenador de Betxí abusó de menores

La defensa del acusado dice que las chicas mienten

Ciudad de la Justicia de CastellónLa RazónLa Razón

El juicio contra el entrenador de Betxí acusado de abusos sexuales a menores que se sigue en la Audiencia de Castellón ha quedado visto para sentencia después de los informes de las partes en los que el Ministerio Fiscal ha afirmado que ha quedado probado que estos actos delictivos los cometía el procesado desde hace 30 años.

En sus conclusiones, el ministerio público indica también que desde instancias deportivas superiores no se actuó al conocer la denuncia porque “lo que pasa en la gimnasia, se queda en la gimnasia”.

El Ministerio Fiscal ha indicado que en el presente caso la única prueba es el testimonio de las víctimas, pero ha asegurado que su testimonio es “válido” y forma “parte de un todo”, de unos masajes de contenido sexual que el acusado, habría cometido “desde 1987”, a la vista de las testigos que han declarado en este proceso.

Para la fiscal, el acusado se valía de su superioridad como entrenador y de su forma de actuar que convertía el ambiente en “un infierno” y ha sostenido que todo lo hacía valiéndose de la vulnerabilidad de las menores, todas con pasión por la gimnasia y que llegaron a relatar que “los masajes era el precio que tenían que pagar por ser gimnastas”.

Asimismo, la Fiscalía ha sostenido que existe responsabilidad civil subsidiaria del Ayuntamiento de Betxí, del Club de Gimnasia de Betxí y de la Federación Valenciana de Gimnasia Artística, porque debían “ser garantes” de la legalidad, ya que los hechos se habrían cometido en instalaciones municipales y la federación “conocía los hechos” y “no se actúo en consecuencia de su propio protocolo de prevención de las agresiones sexuales”. Para la fiscal, esta inacción constata que “lo que sucede en la gimnasia, se queda en la gimnasia”.

La acusación particular ha indicado que la verdad “se ha desplegado” en el acto del juicio y que “no eran masajes, sino actos de carácter sexual” en los que los que el acusado “plantaba el pie de las menores en su pene para conseguir satisfacción sexual”, y que conformaban un “modus operandi” que “se repitió durante 30 años”.

El procesado, según la acusación particular, “tenía carácter de deidad”, se creía “no sujeto a condicionamientos” y tenía “conocimiento y contactos en el mundo de la gimnasia”.

Asimismo ha relatado que la “disciplina” que impartía no era tal, sino que eran “insultos degradantes y maltrato con menoscabo de la integridad física y emocional” de sus alumnas, por lo que también se le acusa del delito de vejaciones.

También otras de las acusaciones ha sostenido que esta dinámica “se ha repetido en el tiempo” y ha tildado de “lástima” el hecho de que las otras niñas “no tuvieran el valor o la fuerza de denunciar estos hechos, que ya han prescrito”.

La defensa del acusado ha asegurado que se ha “hiperdimensionado deliberadamente” los hechos y ha indicado que los masajes se realizaron en presencia de otras menores o de los padres desde las gradas y que resulta extraño que “nadie notara nada”.

Ha añadido que las menores, al prestar testimonio, “fueron ilustradas y presionadas” y no fue hasta declarar ante la Guardia Civil “cuando se dan cuenta del contenido sexual de los masajes y se meten en una rueda de la que ya no pueden salir”.

Según la defensa del acusado, lo que sucedió es que la primera menor que denunció “no quería ir” a la selección nacional de gimnasia tras haber sufrido una lesión y “por no enfrentarse a su madre -que tenía esa ilusión, igual que su entrenador- presentó esa denuncia y contaminó al resto”.

La Federación Valenciana de Gimnasia ha argumentado que no existe “ninguna razón” para exigir esta responsabilidad porque se actuó “correctamente”, mientras que para los representantes del Ayuntamiento de Betxí, los hechos juzgados se enmarcan en la actividad de entrenador" del acusado, y no como conserje municipal.