Paco Brines, un Cervantes muy taurino

Seguidor de Antonio Ordóñez, admirador de Rafael de Paula y muy amigo de Luis Francisco Esplá, es un gran aficionado a los toros, aunque por su estado de salud y condiciones físicas ya hace un tiempo que no puede acudir a la plaza

El poeta valenciano Francisco Brines celebra en su casa familiar en Oliva (Valencia) la concesión del Premio Cervantes 2020Natxo FrancésEFE

El poeta valenciano Francisco Brines, natural y vecino de la ciudad de Oliva, ha sido distinguido con el Premio Cervantes 2020, uno de los galardones literarios más importantes que se conceden en el mundo, dicen que el equivalente al Nobel de Literatura en lengua castellana, lo que prestigia aun más a la tauromaquia, de la que es un ferviente partidario y defensor, aunque en su obra sólo toca de refilón el tema taurino, siendo uno de sus proyectos no llevados a cabo un tríptico sobre el torero, el toro y el público.

Seguidor de Antonio Ordóñez, admirador de Rafael de Paula y muy amigo de Luis Francisco Esplá, es un gran aficionado a los toros, aunque por su estado de salud y condiciones físicas ya hace un tiempo que no puede acudir a la plaza.

Ganador del Premio Nacional de Poesía, el Adonais o el de las Letras Valencianas -siendo, además, miembro de la Real Academia Española-, ha pertenecido durante años al jurado taurino de la Diputación de Valencia. También colaboró con la revista Quites que edita la corporación provincial valenciana, participó en los actos programados en el llamado Año Ponce para celebrar el vigésimo aniversario de la alternativa del diestro de Chiva y se sumó incondicionalmente a la exposición «Los Toros son Cultura ¡Claro! que sí», para cuyo catálogo escribió que «la fiesta de los toros es el espectáculo más razonado y emocionante que se ha originado y logrado en España. Es la lucha a muerte entre un animal racional (el diestro: que debería aunar valentía, conocimiento y, en los mejores de ellos, arte plástico singularizado) y un animal irracional (el toro: belleza, pujanza constante acometividad) con un resultado siempre de muerte, en un breve y contado transcurso temporal. En el desafío también puede actuar el azar, como ocurre en la vida a menudo. Un espectáculo solo comparable a sí mismo».

También él es comparable sólo a sí mismo. ¡Enhorabuena, maestro!