«Temps de esmorzaret»

De costumbre a hábito de gran militancia. Por mucho que haya y vengan modas hosteleras hay cosas que se mantienen, como el almuerzo valenciano

El periodista Paco Alonso, gastrónomo mercurial, didáctico y amante omnipresente del «esmorzaret»
El periodista Paco Alonso, gastrónomo mercurial, didáctico y amante omnipresente del «esmorzaret» FOTO: La Razón La Razón

Dicen que rendir homenaje es una prueba de gratitud, por eso la frase del título nos aproxima a la realidad y nos comisiona para vivir el presente. El reconocimiento al «esmorzaret» valenciano representado en el monumento de la comisión San Vicente-Periodista Azzati por el artista Xavier Herrero nos sirve de coartada para escrutarlo desde diferentes perspectivas. La revalorización del almuerzo, como seña de identidad contemporánea de la restauración valenciana es un dato objetivo en el subconsciente gastrónomo.

Bajo la lluvia aspiramos a convertirnos en evangelistas de la causa del «esmorzaret» al observar la falla. Los mapas gastronómicos son más que inteligibles gracias al trabajo de periodistas como Paco Alonso, gastrónomo mercurial, didáctico y amante omnipresente del «esmorzaret» que protagoniza uno de los ninots del monumento. El almuerzo valenciano es un bálsamo matutino indudable, compañero incuestionable de encuentros populares con credenciales gourmet cotidianas y relevantes. Hay más que motivo, como nos describe con su fraternidad erudita en sus artículos. Sin duda, esta falla nos acerca a la filiación eterna hacia el «esmorzaret».

¿Dónde está el mejor almuerzo de Valencia? He aquí una pregunta tan sencilla como difícil de responder. Determinados bares y restaurantes obtendrían por razones históricas y objetivas un puesto privilegiado. Pero hoy no es esa la cuestión. En un ejercicio de imaginación, el cliente dibuja su almuerzo ideal. Con la vista puesta en el clásico «esmorzaret» y la costumbre diaria como guía, observa la plancha ensoñadora donde se producen auténticas obras maestras en forma de bocadillos con nombre propio, donde lo sagrado y lo profano se dan cita. Pero de una cosa está seguro más que consumidor o cliente terminará siendo dependiente.

Cita ineludible con identidad propia que consigue la empatía de todos los paladares
Cita ineludible con identidad propia que consigue la empatía de todos los paladares FOTO: La Razón La Razón

Mientras las agujas del reloj marcan el epílogo de la semana fallera nos entregamos a un interminable almuerzo. Buscamos el refugio del icónico «esmorzaret» para arropar la escapada gastrónoma al bar de cabecera donde se exprimen los tiempos gourmet en busca de bocadillos singulares y distinguidos que desembocan en hábitos reconocidos. Es un clamor su presencia cada vez más extendida en la hostelería valenciana.

Todo empieza durante las mañanas mientras apatrullamos la ciudad como la más prosaica de las normalidades en busca del inaplazable almuerzo. Los incondicionales que no saben de fechas y nunca fallan abrazan cualquier oportunidad. Cuando uno inicia este viaje matutino inexcusable, de duración limitada, sabe que le conduce a un único destino, la satisfacción.

Máxima solemnidad y expectación ante la llegada de los bocadillos que confirman las predicciones. Controlamos los ímpetus gustativos mientras se inicia el culto a una deliciosa coreografía de entrepans con nombre propio que son una cumbre culinaria, una cordillera de sabores, cada una tan alta como la anterior.

Una hora da para mucho mientras nos venimos arriba al probar el penúltimo «cremaet» doblemente añejado. Ortega y Gasset decía que la felicidad es la vida dedicada a ocupaciones para las cuales cada hombre tiene una singular vocación. Pues eso es esta maravillosa y ejemplar cotidianidad que nos traslada hacia el venerado «esmorzaret» a mesa puesta.

Los ninots de las Fallas, abriendo el apetito
Los ninots de las Fallas, abriendo el apetito FOTO: La Razón La Razón

Nacido para ser más que una tradición, el «esmorzaret» representa el noble linaje de la comida popular donde su presencia es concluyente. Abran los paladares y gestionen las querencias. Nos quedamos con una certeza indiscutible, si nuestro protagonista encabeza su lista de pasiones no tienen excusas. Hasta los paladares con nulo donaire se restablecen. Lo que el pan y la tradición ha unido que no lo separe nadie. Por mucho que haya y vengan modas hosteleras hay cosas que se mantienen y perduran.

A tenor de las conversaciones vividas a pie de la falla San Vicente - Periodista Azzatti nos atrevemos a vaticinar por dónde irán las tendencias durante las próximas semanas, en abril almuerzos mil…continuará.