Gastronomía

Oktoberfest, querencia cervecera

La tradicional fiesta maneja la tradición del consumo de esta bebida con sabio oportunismo

La Oktoberfest es la celebración más popular del mundo por el número de participantes
La Oktoberfest es la celebración más popular del mundo por el número de participantesLa RazónJorge Daniel Soto

La ocasión no puede ser más propicia para hablar de la cerveza tras disfrutar de varios «Oktoberfest» locales. Amantes, fieles, cofrades, seguidores y curiosos de la cerveza alemana protagonizan un febril despliegue en la mayoría de los encuentros que se celebran estas semanas.

La Oktoberfest retrata con una clarividencia inusual el triunfo de la cerveza. Un compañero de fatigas cerveceras nos dice que ha retomado su consumo. El entorno de Carlos Manuel, apodado el «Emperador» en homenaje a nuestro emperador Carlos V, (quién viajaba siempre acompañado de un barril de cerveza) y su barriga cervecera, nos invita al Oktoberfest de Moraira (Alicante) en busca de la cerveza casi perfecta. Nuestro amigo, sin perder el humor, se desempeña ante la mítica jarra de litro con la misma profesionalidad que con la caña. Ha tardado 365 días, en saborear de nuevo el aroma de la malta. El último recuerdo que tenía del lúpulo vital. Ya es libre tras superar una enfermedad, pero con tantas cicatrices gustativas que no sabe si podrá rehacer su adición cervecera.

El inevitable destino donde el guion es claro, la tradición lo impregna todo: salchichas, codillo y pollos a la parrilla y brindando, sin ruido, ni brusquedades «Prost» con la gran protagonista, la célebre jarra de cristal de litro como una naturaleza litúrgica y ceremonial que nos remite a un ámbito necesario para mantener su calidad y sabor que no necesita maquillar sus privilegios, las mismas preferencias siguen funcionando pese al paso de los años y de los siglos.

La Oktoberfest, considerada la celebración más popular del mundo por el número de participantes, tiene su origen en una carrera de caballos con la que en 1810 se celebró la boda del príncipe heredero, Luis de Baviera, con la princesa Teresa de Sajonia- Hilburghausen, de ahí el nombre del parque de Munich donde se celebra la Oktoberfest original, «Theresienwiese», el prado de Teresa.

La cerveza alemana al conocerla socava la inicial resistencia de los potenciales consumidores. Su influencia original se planifica con el mayor detalle. Hay plena sintonía y queda clara la determinación de intensificar las relaciones.

La realidad se alinea a su favor, al boyante consumo se une la efervescencia de las cifras record confirmadas. Con el otoño en fase de hiperventilación, el consumo de la rubia alemana se vuelve a poner al galope tendido, sin excusas.

Las nuevas tendencias están haciendo que la paleta de cervezas con la que se pinta el cuadro de sabores, hasta ahora limitada por algunos consumidores, se enriquezca con una amplia gama de gustos que hacen mucho más interesante las sobremesas. Y en esa animada transformación los Octoberfest locales que se celebran anualmente emergen como un símbolo.

No solo es una llamada de atención que los tiempos están cambiando. Esta es una realidad subyacente en forma de moda, camino de costumbre habitual. Aunque algunos prefieran ignorarlo el consumo cotidiano de cervezas alemanas, alternado con las cervezas patrias se consolida.

Diversidad notoria es la característica esencial del universo cervecero. La plural militancia por estas cervezas alemanas, cada vez más cercanas, crece. El consumo de cerveza es un fenómeno estructural en el que están profundamente arraigadas prácticas básicas y fundamentales como el maridaje. Por más que el refrán insista en lo contrario, sobre gustos hay mucho escrito.

La última concordia hostelera está clara. Un paseo por las barras y mesas de la carpa nos permite comprobar como los clientes proponen su investidura universal. La cerveza vuelve a alcanzar cumbres insólitas de consumo. Los rostros de los clientes son un reflejo de la expresión de la espuma y no al revés. Nada de la cerveza nos es ajeno por lo que confesamos que también tenemos un gusto «offshore», que para eso el mundo de la cerveza nos ha dotado de paraísos cerveceros.

La cerveza alemana es capaz de hacer hablar a paladares que siempre han estado callados. Permanezcan en alerta y disponibles para cualquier ocasión que pueda presentarse en los próximos días, los «Oktoberfest» son un himno a la sensibilidad cervecera. Como un concierto de música de cámara todos los participantes escenifican sus gustos al unísono. Una cerveza, por favor. Ya están en marcha. Oktoberfest, querencia cervecera, sin condiciones.