Comunidad Valenciana

El declive del comercio clásico cambia la fisonomía del centro de Alicante

Cierra otro comercio de referencia en Alicante, Heladería Espí, ubicada en la Avenida de Alfonso X el Sabio, al lado del Mercado Central

La heladería Espí, mítica en Alicante, situada en la Avenida Alfonso X El Sabio, ha cerrado definitivamente sus puertas
La heladería Espí, mítica en Alicante, situada en la Avenida Alfonso X El Sabio, ha cerrado definitivamente sus puertas FOTO: Google Maps La Razón

Año 1958, Eliseo Espí abre en el número 4 de la Avenida de Alfonso X el Sabio de Alicante una tienda dedicada a la venta de turrón de Jijona. El lugar, privilegiado, al lado del Mercado Central, un icono de la ciudad y a su vez epicentro de la actividad comercial. Una tienda de apenas 35 metros cuadrados que, con el paso de los años, amplió su actividad para convertirse en heladería con terraza incluida.

Año 2023, nada más comenzar el año, es decir, este mismo mes de enero, la Heladería Espí echa el cierre. Es otro negocio histórico, de los que forma parte de la memoria colectiva de los alicantinos, que desaparece para siempre; el cierre se debe a la jubilación de su último gerente así como a las dos crisis, la económica de 2008 y la sanitaria provocada por el Covid.

Una cafetería de aire italiano, Café Sospeso, reemplazará a Heladería Espí, cuyo producto estrella eran los helados de Jijona. El nombre hace referencia a una costumbre de Nápoles de dejar pagado un café para clientes que carecen de recursos económicos.

Así, la ciudad está perdiendo de manera progresiva los comercios de toda la vida del centro tradicional, una referencia para generaciones y generaciones de alicantinos de la provincia e incluso para turistas fieles a la capital de la Costa Blanca. Algo que, a su vez, ha propiciado un giro de 360 grados en la fisonomía del centro tradicional de la ciudad.

Para Vicen Benimeli, vecina de Alfonso X el Sabio, el cierre “es una pena, soy una persona a la que le gustan las tiendas y las cafeterías clásicas, las de siempre; ahora es Heladería Espí, y antes El Jumillano, otra seña de identidad de la ciudad, un local con solera, que reflejaba nuestra historia, y que para mí forma parte de mis recuerdos de infancia porque me crié en la calle César Elguezabal, enfrente del restaurante”. “Me pregunto qué imagen damos a los turistas que busquen bares y tiendas con historia y personalidad, y no cortados por el mismo patrón como ocurre con las franquicias de hostelería”, añade.

Establecimientos como la Confitería Seguí, muy conocida por la crema pastelera de sus milhojas, que estaba en la calle Castaños, o la perfumería Ciudad de Roma y la tienda de moda Las Filipinas, ubicadas en la Rambla Méndez Nuñez, también han desparecido del mapa del comercio local. Conocida por los alicantinos como La Rambla a secas, la calle era antaño la principal artería comercial de la ciudad, al igual que la calle Mayor, ambas ubicadas muy cerca del paseo de la Explanada, todo un símbolo de la ciudad.

Comercio clónico, ciudades clónicas

En opinión de Vicente Armengol, presidente de la Asociación Corazón de Alicante, que aglutina a un centenar de comercios del centro, el origen del declive y cierre de parte de las tiendas y restaurantes “clásicos” está en la crisis económica de 2008. “Uno de los grandes damnificados de la primera crisis -en referencia a ese año- ha sido el comercio tradicional; después llegaron la pandemia del Covid y la invasión de Ucrania, con su impacto negativo sobre la economía local. A todo ello se suma la competencia de las grandes superficies y la revolución digital, es decir, el boom de la compra por Internet, y muchos establecimientos históricos de Alicante han echado el cierre, traspasando sus locales”.

Para Armengol la pérdida es por partida doble. “Nuestro comercio es el motor de la economía local y provincial, pero es también nuestra enseña, un reflejo de lo que somos y lo que no somos. Ahora se habla de comercio clónico y de ciudades clónicas, es decir, de calles con bares, tiendas y restaurantes con una oferta, estética y decoración muy parecidos con independencia de la ciudad en la que estés, y un trato al cliente muy diferente al tú a tú, al trato cercano y personalizado”, añade.

Con la decadencia del comercio tradicional, Alicante pierde también esos puntos clave de encuentro entre amigos, los que dan sentido a frases como, por ejemplo, “quedamos en la puerta del Mercado Central”; por suerte, la plaza de abastos sobrevive.